El poder de la Masculinidad Hegemónica
y la construcción de la masculinidad a partir del
sometimiento sexual a otros hombres 1

Manuel Antonio Velandia Mora 2

 

En sus largas peregrinaciones eróticas por todo el globo
siempre había querido templarse a otro bugarrón, él, el superbugarrón.
Pero cuál no sería su sorpresa al descubrir que todos aquellos bugarrones eran maricones,
pues se dejaban encular por otros bugarrones, bugarrones que no eran tales,
pues a la vez se dejaban encular por otros bugarrones y así ad infinitum.
De manera que el viejo bugarrón, descubrió, con pavor,
que en el mundo había solamente maricones.

Reinaldo Arenas, El color del verano, 1999

Resumen

La masculinidad se construye con referentes hegemónicos, se vivencia de una manera particular en cada espacio-temporalidad y persona, pero tiene referentes comunes en diferentes países e incluso continentes. Las formas de denominar las prácticas tienen raíces comunes tanto en sus denominaciones como en la sanción sociocultural que de ellas se hace. En América Latina, en especial es países del Caribe, algunos hombres construyen la masculinidad a partir del sometimiento sexual-genital a otros hombres, a su práctica se le denomina con el nombre popular de un insecto estercolero o con un derivado de la palabra hereje, con la que también se nominaba a homosexuales u hombres con relaciones genitales penetrativas con otros hombres que no se asumen a sí mismos como homosexuales. Estas prácticas son reconocidas socialmente e incluso aceptadas por las mujeres quienes son sus parejas sexuales y afectivas. El presente estudio se basa en el análisis de fragmentos literarios, mensajes de hombres que buscan parejas sexuales a través de la Web, en estudios socioantropológicos realizados en universidades latinoamericanas y se alimenta con diccionarios sobre el lenguaje popular en América Latina. Propone una definición sobre las homosexualidades que se caracteriza por ser más incluyente de las diversidades masculinas.

Palabras clave: masculinidad hegemonía, homosexualidad, América Latina, construcción de la masculinidad.

 

Introducción

Las masculinidades tienen una relación directa con los roles que los hombres experimentan, sus explicaciones están influenciadas por la cultura y la sociedad de la que forman parte quienes las vivencian y las investigan; pero la masculinidad no es un objeto aislado, es tan sólo un aspecto de una estructura mayor. De ahí la importancia de análisis que incluyan espacio temporalidades en que las geografías sean no sólo las propias de un país sino también continentales e incluso espacios virtuales u otras producciones culturales como las páginas de ligue sexual. Por otra parte, la literatura y la búsqueda de la pareja se alimentan de la cotidianidad como también de la forma en cómo cada persona vivencia, explica y se ve afectada emocionalmente por las masculinidades y por el peso que tiene la masculinidad hegemónica, siendo esta última el punto en común en el cual se imbrican las diversas expresiones.

Los estudios demuestran que cada vez es más evidente que, primero, no hay ninguna descripción sin un punto de vista; segundo, el procedimiento positivista descansa en las propias tipificaciones que supuestamente están en investigación en la indagación sobre el género; y, tercero, definir la masculinidad como lo que-los-hombres-empíricamente-son, es tener en mente el uso por el cual llamamos a algunas mujeres masculinas y a algunos hombres femeninos, o a algunas acciones o actitudes masculinas o femeninas, sin considerar a quienes las realizan (Connel, 1995: 3).

La teoría de roles sexuales trata la masculinidad precisamente como una norma social para la conducta de los hombres. Las definiciones normativas reconocen un modelo de la masculinidad, de lo que los hombres debieran ser. El género es una práctica social que constantemente se refiere a los cuerpos y a lo que los cuerpos hacen, pero no es una práctica social reducida al cuerpo; el género se organiza en prácticas simbólicas que pueden permanecer por más tiempo que la vida individual (Connel: 4).

Explicar la masculinidad implica esclarecer las relaciones de poder, las relaciones de producción y las prácticas que dan forma y actualizan el deseo ; en consecuencia, se llega a reconocer la existencia de múltiples masculinidades. Ello no niega la existencia de una masculinidad hegemónica, dado que ésta no es un tipo de carácter fijo, el mismo siempre y en todas partes. Es, más bien, la masculinidad que ocupa la posición hegemónica en un modelo dado de relaciones de género, una posición siempre disputable (Connel: 8-9).

Dos tipos de relación –hegemonía, dominación/subordinación y complicidad, por un lado, y marginación/autorización, por otro lado– entregan un marco en el cual se pueden analizar masculinidades específicas. Pero, al analizarlas cabe recordar que, desde el punto de vista de la masculinidad hegemónica, la homosexualidad se asimila fácilmente a la femineidad y que el orden patriarcal prohíbe ciertas formas de emoción, afecto y placer que la propia sociedad patriarcal produce (Connel: 16) .

El poder de la masculinidad hegemónica y su concepción de la homosexualidad determinan las vivencias, las explicaciones y las emociones que las sociedades, los directamente afectados y, en muchos casos, los mismos estudiosos dan a las/sus sexualidades. Una forma específica de relación sexual genital entre hombres cuya vivencia es común en diferentes países latinoamericanos se evidencia en diferentes campos que pueden ser objeto de análisis.

 

Metodología

El presente análisis se fundamenta en resultados de investigaciones socioantropológicas, en los anuncios que hombres homosexuales ponen en las páginas Web que se ofertan para el intercambio sexual y en algunos fragmentos literarios. Utiliza el estudio de las semánticas específicas a través del tiempo y propone una nueva definición de la orientación sexual homosexual.

 

Desarrollo

Ya sea en la literatura cubana, en las investigaciones de estudiosos mexicanos, en los anuncios de Internet de hombres que buscan parejas sexuales en Estados Unidos o en la vida cotidiana en Barranquilla –Colombia– y sus alrededores, aparecen referencias a las vivencias de la masculinidad de hombres cuyas identidades de orientación sexual no es de homosexuales, pero que sí sostienen relaciones genitales penetrativas con otros hombres.

Estos hombres, con relación a su práctica homogenital, reciben diferentes nombres: en Colombia se les denomina cigarrones, en Puerto Rico y Cuba se les llama bugarrones, en México se les conoce como mayates o, más popularmente, mayatón. En Uruguay se les dice bufarrón.

El origen de la denominación y sus variantes tiene varios siglos. La palabra bujarrón tiene su origen en un país de Europa del Este, concretamente Bulgaria, en la edad media. El término búlgaro, en el sentido de homosexual, por el proceso semántico propio del lenguaje español pasó a bujarro, de donde se derivan los términos bujarra y bujarrón. Informa el diccionario etimológico virtual Etimologias.dechile.net que en el Imperio Bizantino, en Bulgaria, se exterminaba a todo disidente religioso; la pena era la hoguera, que se aplicaba sistemáticamente tanto a herejes como a sodomitas; para los herejes o bogumiles la única salvación era el exilio. Los búlgaros, al otro lado de la frontera, les daban refugio. Según la citada página Web:

La identificación entre ‘sodomita’ y ‘herético’ no tiene nada de extraño, pues en la propaganda clerical los herejes que se apartaban de la disciplina ideológica de la Iglesia, se hacían acreedores de todos los pecados, cuanto más horribles mejor, y para la mentalidad de aquellos clérigos célibes nada había más horrendo que la homosexualidad, que tenía para ellos el máximo grado de atracción-repulsión […] La identificación entre herejía y sodomía se había hecho general en el bajo latín y se introdujo en los romances, lo testimonia el siguiente texto en francés antiguo (ss. XIII-XIV), son unos versitos recogidos por Anatole Montaiglon y Raynaud Gaston, Recueli général et comptet des fabtiaux des XIII et XIV siecles, Paris 1872, tomo 1, pág. 225:

Je n irai mie à cel erite

qui en tele oevre se delite:

miex valdroie estre en croiz tenduz

que je fusse d’omme foutouz.

(“No me iría yo con este hereje

que en tal acción se deleita;

más valdría estar crucificado

que fuese yo de hombre follado”).

El Diccionario de la Real Academia Española de la lengua da como etimología de bujarrón el latín medieval bugerum, pero es evidente que se aproxima más a la forma italiana. En italiano buggerone (variantes bizzarone o buggiarone) fue muy frecuente, pero desde el s. XIX ha caído en desuso, hasta el punto que no aparece en los diccionarios actuales.

Las variantes españolas actuales son más cercanas a bugarrón tal y como es utilizado en Cuba y emplea Reinaldo Arenas en Antes que anochezca, El color del verano o Nuevo Jardín de las Delicias. En España, en la Andalucía Occidental, se ha dado una etimología popular que parte de buharrón, pronunciado buarrón, que ha llegado a convertirse en guarrón considerada aumentativo de guarro, indecente, sucio, pero que se aplica exclusivamente al hombre de la tercera edad que busca chavales.

En Colombia se usa la palabra bugarrón, pero en Barranquilla se usa más cigarrón. Bugarrón es definida en www.asihablamos.com como un “homosexual” activo, sea por dinero o por puro gusto. Tanto en Cuba como en Puerto Rico y Colombia (en la Costa Atlántica) se llama bugarrón a los heterosexuales que no se consideran a sí mismos como homosexuales, pero tienen relaciones genitales penetrativas con homosexuales, ya sea por dinero o por gusto.

El tipo clásico de homoerotismo oportunista en Puerto Rico es el bugarrón. Los bugarrones son hombres que participan de las actividades sociales del ambiente y tienen relaciones sexuales con otros hombres que ellos llaman locas. En la apariencia física, voz, vestimenta, gestos y representaciones, los bugarrones exageran los rasgos que se consideran distintivos del macho puertorriqueño y son una representación caricaturesca del hombre hegemónico (Ramírez y García Toro, 2002).

La palabra cigarrón es el nombre popular que se da en Colombia, Cuba, República Dominicana y Puerto Rico al escarabajo3 al que también se denomina bujarrón, que es uno de los nombres coloquiales que se les da a los hombres homosexuales. El coleóptero también se conoce como mayate4 , cucarrón5 o pelotero6.

Mayate proviene del náhuatl mayatl y significa “el que empuja la mierda” y designa a un escarabajo estercolero de color verde. Ignoramos si esta designación era usada en el México prehispánico; sabemos de los teculontiani, que podrían ser sus parientes en tanto ese era el nombre indicado a quienes desempeñaban ese mismo papel en la relación sexual. El cuerpo de éstos tiene que ser socialmente masculino, de ahí que la identidad no la formulen en relación a las categorías emanadas de la SMS presentes de la época, sino a las nociones dominantes de la masculinidad (Palma Patricio, 2007).

César “Paragüita” Morales, con relación a los personajes populares barranquilleros, publica el texto Recuerdos de mi Barrio Abajo, en el que aparece un escrito al que denomina “Ruqui rucana cantaba la rana”. En él se lee:

El Ruso era un gran conocedor de óperas, y cantándolas era un show. Claro, uno tenía que tirarle su botella de Ron “17” para que presentara su concierto. Hablando con él sobre su afición al bello canto me contó que trabajó de “todero” en el teatro Apolo, allá actuaban algunas de las compañías que llegaban a la ciudad y él, apuesto, de buena estatura y con un excelente timbre en la voz, era contratado como extra. Tenía fama de cigarrón. —“Viejo man”, –me decía–, yo era un tipo pintoso, todo un “bollo” y la mayoría de esos manes eran “filtros” y se iban en damier conmigo. Y yo, ni corto ni perezoso, los enyardaba y coronaba mi billete” (Morales, 2002, sin paginar).

Es el texto de Morales aparece la palabra cigarrón unida de damier, enyardar y coronar. Todas ellas son de uso popular en Barranquilla. Recordemos que los insectos llamados cigarrones son coprófagos y que d amier en la jerga barranquillera significa excremento, mierda (www.tubabel.com, sin fecha). Enyardar es sinónimo de enterrar, que se usa para hacer referencia a penetrar, según informa el Diccionario costeño (varielandia.wikispaces.com, sin fecha). En este mismo diccionario se define Cigarrón como “maricón que hace las veces del hombre en la relación entre vironchas”; Vironcha se define como: “mariconazo, pirobo, cacorro”. En (tubabel.com, sin fecha), vironcha se define también como “marica, nefandario y se dice que es un típico vocablo usado por personas mayores de 50 años, en sentido soez, peyorativo y burlesco”; Pirobo como “maricón”. De manera circular Cacorro como “marica, pirobo, vironcha”. Es decir que todas las palabras son sinónimas.

Según Velandia (2006) la vinculación entre los cigarrones y los hombres homosexuales ocurre básicamente de dos maneras diferentes: la primera, que parece ser la más frecuente, es que los cigarrones abordan a los homosexuales en lugares públicos tales como hoteles, baños de universidades, centros comerciales, restaurantes, bares o salas de cine; la segunda se da en lugares comerciales que no ofertan sus servicios para homosexuales, pero que son bastante permisivos a su presencia; en estos lugares hay, además de los cigarrones, la presencia de hombres y mujeres heterosexuales. En algunos casos, para la mujer con la que el cigarrón estaba, era evidente la situación sexual de su pareja e incluso la aceptaba.

Los cigarrones prefieren estar sexualmente con los homosexuales en lugares que estos facilitan, que tener relaciones sexuales en espacios comerciales destinados al comercio sexual. Las residencias (o moteles) les molestan porque “en esos lugares no entienden que ellos no son homosexuales”. Les llama más la atención estar en un hotel y en muchos casos prefieren ir de visita al lugar de vivienda del homosexual. Ocasionalmente tienen relaciones en lugares oscuros, más frecuentemente lo hace en lugares de la playa que son poco concurridos. En algunos hoteles las mismas personas que allí laboran crean las condiciones y las conversaciones pertinentes para establecer el camino que posibilite recibir propuestas por parte de los homosexuales. No les atrae que la persona les invite a un lugar comercial como una cafetería o un restaurante, aun y cuando, si la relación se da en una habitación de hotel, piden que se “les regale” un refresco, un trago de licor o agua.

Los horarios, en el primer tipo de espacios, son muy diversos, se les puede ubicar durante cualquier momento del día o la noche, si el lugar lo permite. En el segundo tipo de espacios por ser bailaderos o lugares en los que los homosexuales llegan para amanecer, luego de permanecer en un bar que oferta servicios para ellos, el vínculo siempre ocurre después de las diez de la noche.

Generalmente, los cigarrones esperan cierta señal emitida por los homosexuales. La señal puede ser, por ejemplo, una mirada persistente y directa a los ojos que generalmente dura muy pocos segundos o el establecimiento de un diálogo por parte del homosexual que se inicia con una pregunta o comentario intrascendente, el cigarrón aprovecha la oportunidad de proveer la respuesta para acercarse al homosexual y establecer el primer contacto.

Habitualmente, luego de una charla corta e informal , los cigarrones, sin mucho rodeo y de manera bastante explícita, informan sobre el tipo de prácticas genitales que realizan. Por ejemplo dicen: “a mí me gusta meterlo”, “a mi degusta chupar culo”, “me gusta que me lo mamen”, “tengo una buena verga7”, “si quiere puede chupármela”. Acto seguido dan una excusa con la que informan que están dispuestos a tener una práctica genital y lo hacen a cambio de dinero, como por ejemplo afirmando: “no me han pagado en el trabajo y tengo una necesidad”, o preguntando si se les puede “ayudar con algo” (Velandia, 2006).

Si el homosexual, que puede ser un hombre barranquillero o un hombre del interior del país que se halla de visita en la ciudad, pregunta al cigarrón con respecto a si es homosexual, el cigarrón al responder, frecuentemente, hace explícito que no es homosexual, añade que tiene novia o esposa y en algunos casos informa que es cigarrón.

En las entrevistas y grupos focales realizados por Velandia en Barranquilla se preguntó a los cigarrones a cerca de su orientación sexual. No afirman que son heterosexuales sino que ilustran la respuesta con comentarios con relación a su estado de pareja o su estado civil: llama la atención que los más jóvenes son solteros, hablan de tener novia y los que son algo más entrados en años comentan que tienen una relación estable con una mujer con la que tienen convivencia y en algunos casos un vínculo legalmente constituido con dicha persona.

Al preguntárseles si se consideran a sí mismos como homosexuales, los cigarrones habitantes de Barranquilla afirman no serlo porque al estar con otro hombre “no sienten nada”, son “hombres de verdad”; tampoco se consideran bisexuales; es más, esta afirmación tan sólo fue hecha por uno de los hombres entrevistados. No “sentir nada” es una manera de decir que no se involucran afectivamente con sus parejas aun cuando no hacen explícito, como explicación, que el vínculo que se establece con los otros hombres es comercial.

Los tres hombres entrevistados en Bogotá aceptaron ser homosexuales. Informaron que fueron cigarrones, pero que se dieron cuenta que eran homosexuales y se “sentían mal” al sostener relaciones en las que “no podían expresarse libremente” y dejar de “tener otras prácticas aun cuando tenían ganas”; lo hacían por temor al rechazo o al estigma social que en su ciudad es muy grande. Los tres manifestaron comportamientos marcadamente femeninos, informaron preferir las practicas en las que son objeto de penetración y rechazar como parejas a hombres que sean agresivos, violentos, prefieren hombres que sean tiernos, cariñosos, pero masculinos en su actuar.

Los cigarrones consideran que otros hombres “gastan” (pagan) por estar con ellos porque “les gusta estar con un hombre de verdad”. No hacen referencia al estipendio recibido como un pago; al decir que es un gasto están tratando de afirmar que es una especie de “inversión” o de “lujo que la persona se da”.

Los dos cigarrones de estrato socioeconómico8 cinco que Velandia entrevistó en Barranquilla no necesitaban el dinero que recibían por su práctica, sin embargo, fue evidente que no aceptarían tener una “relación” en la que no recibieran dinero a cambio. En general, los cigarrones entrevistados tenían una economía solvente, exceptuando a uno de estrato tres, casado y con dos hijos, quien se encontraba en el momento de la entrevista sin trabajo permanente, pero quien, además, informó que desde hace cuatro años no tiene empleo y que es cigarrón porque los “manes me conocen y me buscan, y yo necesito la plata pa’ mis cosas”. En el momento de ser contactado se encontraba junto a la que manifestó era “su mujer” quien igualmente aceptó participar de la investigación.

Al interrogar a los cigarrones sobre si pueden entender su actividad como un ejercicio de prostitución o de trabajo sexual, es evidente que para ellos su intercambio no es una forma de prostitución; ni siquiera se les ocurre pensar que sea así. La prostitución es algo que hacen las mujeres y que no se concibe como una actividad de los hombres. Algunos señalaron haber tenido relaciones con hombres homosexuales que ejercen el trabajo sexual y no les llama la atención tener contactos con travestis ejerciendo la prostitución, porque estos “son como mujeres”.

Las actividades laborales que no son consideradas masculinas, como el trabajo sexual, trabajar en peluquería o en decoración, hacen que quienes las ejercen sean igualmente vistos como mujeres. Para ellos quienes tienen estas formas de producción “están en el mundo de las mujeres”, de lo femenino, es una forma de “no ser hombres”.

En los cigarrones la masculinidad se afianza en la contradicción que se produce con aquellos otros hombres que son sometidos sexual y emocionalmente; someterlos les da poder, un poder que se cobra, pero, además, un poder que determina, en la relación, cuál es el deber ser del hombre y su masculinidad. Las prácticas sexuales en las que “se hace un papel que no es de hombre” son, entonces, prácticas propias de las mujeres; además, para ellos es claro que “a la mujer le toca hacer lo que el hombre quiere”, como igualmente le toca hacerlo al homosexual que paga por sus servicios, dado que estos no se compran ni se venden, pagar es un reconocimiento del poder del otro, de un poder que a los homosexuales les gusta sentir porque “a ellos les gusta que los traten así, porque si no les gustara se buscarían a una marica9”.

En ningún momento, durante las entrevistas o grupos focales, los cigarrones usaron el concepto de masculinidad para hacer referencia a lo que el investigador entiende por ésta; prefieren hablar de “ser hombre”. Se es hombre cuando no se es mujer. Se es más hombre en cuanto otros hombres lo reconozcan de esta manera, en tal sentido, en sus relaciones el lenguaje, las prácticas que realizan y las que dejan de hacer son una demostración de la masculinidad, una hipermasculinidad que se afianza en la medida en que los homosexuales les cuentan a otros homosexuales que igualmente los buscan, con respecto a sus atributos.

 

La violencia sexual: una reafirmación del poder hegemónico

Algunos hombres homosexuales buscan explícitamente a mayates, cigarrones o bugarrones. A continuación se ejemplifica con clasificados publicados en páginas de contacto mexicanas. E l clasificado firmado por Jojutla dice:

gay busca mayate: busco un mayate guapo, de baja estatura, atletico, hacerlo modelo para mi....... su trabajo seria dejar que lo bañe y se puede ir... pago bien por esoo... (Jojutla, sin fecha).

En esa misma página alguien que firma como Veracruz se anuncia:

mayate para gay pasivo: mayate atractivo con 20 cm de dotacion, de 1.70 cm de estatura, y con 32 años. busca gay pasivo que este dispuesto a pagar $ 500 por sesion. Contáctenme.

Sinaloa refiere en su anuncio:

busco mayate para vivir en estados unidos –: hombre gay 100% pasivo busca mayate de entre 20 a 45 anos que este bien dotado. necesito a un hombre que actue como un marido, yo no soy muy afeminado pero en la cama me gustaria ser la esposa.......soy un hombre profesionista de 38 anos,,,,,,,,,,,vivo en estados unidos y me gustaria traerme a vivir a ese hombre conmigo................estoy dispuesto a correr con todos los gastos para que te vengas,,,,ya en casa,,,,,prometo tratarte como un rey” (Sinaloa, sin fecha).

Por su parte, Jorge, quien se apoda a sí mismo como “Tu piruja”10 , se anuncia así:

Yo soltero; profesionista, puñal mayate homosexual trabajo limpiando fierros y me encanta el camote11 , ando buscando macho que me meta la verga por el hocico aunque me quede chimuelo12, me encanta el arroz con popote y le voy al america le voy al america por que es un equipo de putangones perdedores por eso nos vamos a la 1ra a “viva la joteria” busco una hombre para mamarle el garrote. Besitos (“Tu piruja”, sin fecha).

Las prácticas de los cigarrones, considera Velandia (2006), tienen una marcada tendencia a ser vejatorias para quien las acepta, generalmente los hombres homosexuales en la medida en que reconocen plenamente su identidad asumen que “pagar por ser penetrados en una manera muy agresiva de tener una relación”, es como “aceptar que si uno es homosexual es menos que los otros hombres”. Los cigarrones saben el poder que tienen sobre otros hombres y humillarlos, agredirlos verbal –incluso físicamente–, es una ganancia en el ejercicio de la masculinidad. “Meterlo es algo que sólo pueden hacer los hombres”, por eso la negación de la posibilidad de la penetración a la pareja sexual es una forma de acentuar la propia masculinidad, pero, además, es una manera de disminuir, en el momento de la relación, el poder que la masculinidad tiene.

Por el poder que se hace necesario demostrar cuando se está con “esos otros hombres que son como mujeres”, en la relación no se presentan manifestaciones afectivas verbales ni no verbales por parte del cigarrón hacia el homosexual, una demostración propia de la masculinidad hegemónica. Connell (1997) la define como: “la configuración de práctica genérica que encarna la respuesta corrientemente aceptada al problema de la legitimidad del patriarcado, la que garantiza (o se toma para garantizar) la posición dominante de los hombres y la subordinación de las mujeres” (: 39).

Los cigarrones generalmente no expresan el placer obtenido de una práctica oral genital o de la penetración, afirma Velandia (2006 ) que no permiten que la persona les bese en la boca, les toque o acari cie las nalgas. No se colocan en la cama de tal forma que su cuerpo quede de espaldas a la otra persona y menos aun permiten que la persona se coloque sobre su espalda. No realizan prácticas erótico-acrobáticas durante la penetración, prefieren posiciones tradicionales para penetrar como que el homosexual se coloque: boca abajo, tendido sobre el lecho; en cuatro puntos de apoyo; sentado sobre el pene del cigarrón; acostado boca arriba, las piernas apuntando hacia el techo o algo dobladas.

Los movimientos de penetración tienden a ser bruscos, incluso puede afirmarse que son agresivos, aun cuando los cigarrones no consideran que hay agresividad hacia el homosexual a no ser que “se quiera pasar”, es decir que insista en prácticas o manifestaciones que, como cigarrones, no están dispuestos a realizar.

La penetración, y permitir la felación, es un juego de dominación y violencia sexual, un acto egocéntrico de poder que reafirma la masculinidad. Les atrae que los homosexuales comenten con respecto a que les gusta lo que la persona hace en el acto genital, el tamaño del pene o lo “hombres que son”. Como lo afirmara Sabuco i Canto (2003: 145): “La potencialidad es ubicada en los órganos genitales […] donde el tamaño es símbolo de capacidad natural e instintiva que permite señalar a los ‘más hombres’. En este atributo dado, la longitud, la anchura, la forma anatómica, son elementos objetivos de competición”.

Este ritual de confirmación de la masculinidad igualmente se lleva a cabo con otros hombres de quienes desean y necesitan oír el reconocimiento que se hace del poder, ya sea expresado en el reconocimiento del tamaño del pene o en la retribución económica que da que igualmente es una reafirmación del reconocimiento de la diferencia que existe entre “un verdadero hombre y uno que deja de serlo”. Valcuende del Río (2003: 18) sostiene que “el honor ha formado parte de eso que definimos como masculinidad, de esa necesidad constante de los varones de reafirmarse públicamente ante las mujeres, pero sobre todo a los que dan sentido a la definición de la masculinidad… los hombres”.

La cama es el espacio y las prácticas genitales son las formas en las que un cigarrón expresa que es muy hombre. En las relaciones de poder atravesadas por la retribución económica que proviene de alguien quien se encuentra en un estrato socioeconómico mayor es otra forma de poder, poder que igualmente necesita reconocer el homosexual por ser, así, una forma de espiar la culpa que se genera por ser homosexual en un territorio machista en que el mundo se rige en los imaginarios falocráticos de la masculinidad. Los cigarrones prefieren relaciones de corto tiempo. Al respecto dicen: “uno va a lo que va”. Un acto casi nunca sobrepasa de los quince minutos.

La masculinidad hegemónica subordina, margina y devalúa a aquellos hombres que no cumplen con las exigencias que ella impone. En Puerto Rico, al igual que en otras sociedades del Caribe y la América Latina, los homosexuales, los afeminados y los hombres considerados delicados o débiles son tratados como subordinados. Independientemente de su riqueza, relieve o alta posición en la jerarquía social, estos hombres usualmente no reciben la deferencia y el respeto que reciben otros hombres (Ramírez y García Toro: 8-9).

Supuestamente, el cigarrón en el acto sexual es el elemento activo, es decir, quien penetra y nunca es penetrado. El término activo, aplicado a una relación homosexual, hace referencia a la postura empleada por la persona que penetra anal u oralmente a otro sujeto. Quien adopta la postura opuesta es, por tanto, denominado pasivo. Por extensión, la palabra activo también se emplea para identificar a quien habitualmente prefiere esa postura sexual, o bien a quien desea desempeñar un papel más dominante durante el coito, según el concepto más tradicional de la identidad masculina (http://es.wikipedia.org).

A los homosexuales les atraen los cigarrones rudos, ordinarios, agresivos, “los que son bien hombres” porque, según ellos, “no tiene sentido estar con otra ‘mujer’ pudiendo estar con un hombre que la haga sentir a uno lo que es estar con un hombre de verdad”. Para estos homosexuales la analidad es una forma de expresión de la feminidad, y seguir al pie de la letra el repertorio sexual del cigarrón es una manera de “lograr lo que se desea y tener lo que se necesita”. En este juego de poder parecen no existir diferencias culturales; los homosexuales que llegan del interior del país conocen las normas de relacionamiento sexual, social y afectivo de los cigarrones y se ciñen a ellas, no pretenden transgredirlas porque “para que se va a exponer uno a que le hagan algo, si igualmente uno ya sabe a qué es que viene y cómo lo quiere”.

La diferencia marcada entre los homosexuales quienes provienen del interior colombiano y los barranquilleros es que los primeros asumen que el contacto es una forma de trabajo sexual por el que se paga como lo hacen en su ciudad de origen, pero con “la diferencia de que estos no se voltean, es decir nunca quieren que uno se los coma” y los barranquilleros lo asumen como un “deber ser” de cuando “se está con un hombre que no es homosexual”.

Sin embargo, en la medida que el homosexual es menos vergonzante con relación a su identidad desea ir transformando las relaciones de poder en relaciones más afectivas y menos económicas y en tal sentido prefiere abandonar esta posibilidad para “buscar a alguien que esté con uno porque realmente lo quiere y no porque lo quiere explotar”. En consecuencia, puede afirmarse que, en la medida en que se construye una identidad homosexual, se asume que toda relación por la que hay que pagar “es una forma de explotación de alguien que tiene, igual que uno, miedo de ser marica y reconocerlo”.

 

El temor a no ser imagen de la masculinidad hegemónica

A algunos de los homosexuales les afecta emocionalmente reconocer que han sostenido relaciones con cigarrones, sin embargo, según uno de los informantes entrevistados por Velandia (2006), es algo que “se acepta como parte de lo que sucede cuando se es homosexual en una ciudad como ésta (se refiere a Barranquilla), porque aquí o se es hombre o se le piensa a uno como mujer, pero no se puede ser homosexual, tan solo se es homosexual [cuando se está] con otros homosexuales”.

La cigarronería es “otra forma de ser hombres”, los cigarrones no tienen conciencia de que sus prácticas determinen de alguna manera su masculinidad, no es su preocupación ser o no ser masculinos pues tienen claro que son hombres, que son tan hombres que logran tener a otros hombres bajo su influjo, lo cual no consideran tampoco una forma de dominación. La manera como sostienen sus relaciones genitales es la forma como debe hacerse el acto sexual y no una manera de ostentar poder hacia los otros hombres, pues ellos no están interesados en el poder sino en el placer, “en gozar, en estar bien”.

Les preocupa saber que alguien piense que son homosexuales en crisis porque ni ellos son homosexuales y mucho menos están en crisis, ellos simplemente son hombres y como tales se comportan, porque ellos tan solo aprovechan las oportunidades y “es mejor metérselo a alguien, que además ayuda, que masturbarse”. Es más, “metérselo a un marica es como masturbarse” porque a diferencia de lo que es estar con una mujer, “cuando se está con un hombre no se siente nada”, es decir, no hay un proceso afectivo y emocional de por medio.

No saben si la cigarronería es algo que dure toda la vida o algo que pasa con la edad, pero en el fondo tienen la idea de que es algo que en algún momento van a dejar porque no es algo que hacen todos los hombres sino unos pocos; a pesar de esta condición particular no es algo malo, ni sucio o pecaminoso.

No consideran que sea una moda, sino más bien un gusto, algo que siempre se ha hecho, de lo que han oído hablar desde cuando eran pequeños, pero de lo cual cada vez se habla menos. Probablemente hay cada vez menos cigarrones porque, según ellos, “las mujeres son cada vez más fáciles”. Esto conduce a la idea de que ser cigarrón es consecuencia de la falta de posibilidades sociales, económicas y culturales de encontrar una pareja sexual mujer; sin embargo, algunos de ellos lo hacen a pesar de tener una relación estable con una de ellas.

Los cigarrones, afirma Velandia ( 2006 ), en las relaciones sexuales son principalmente activos, practican la penetración oral o anal. Aunque pueden ocurrir transgresiones en las prácticas, las infracciones tienen que mantenerse secretas para poder ellos conservar el reclamo de ser hombres. Ellos no tienen reparos en recurrir a la violencia física para defender su imagen de macho. En los rituales de las relaciones sexuales y sociales de los activos, los parejos deben asumir posturas que parezcan femeninas y sometidas. En sus representaciones sociales los bugarrones reproducen sexismo, misoginia, homofobia, violencia, invulnerabilidad y falta de afectividad. Las relaciones con los bugarrones requieren pago, ya sea en dinero, favores, licor, drogas, regalos o una combinación de éstos. Algunos son trabajadores sexuales, otros se convierten en visitantes regulares de algunos homosexuales o viven con ellos. Algunos tienen empleos más o menos estables, otros participan de la economía informal o viven totalmente de sus cuerpos. “Ellos pertenecen a un sector de clase bien definido, provienen de las clases trabajadoras o de los sectores pobres y marginados” (Ramírez y García Toro: 9).

Todas estas formas de relacionamiento que son un ejercicio de la “hombría” salen de la cama y se trasladan a los demás espacios de relacionamiento social. Un hombre que ha estado con un cigarrón no puede buscarlo sino que tiene que crear las condiciones para dejarse encontrar, debe recibir una señal del cigarrón que le indica que puede acercarse, incluso si puede saludar o no. Es una relación similar a la que sostienen con las mujeres; en algunos casos los cigarrones tienen otras parejas sexuales mujeres y la suya, con aquella que tiene la relación formal; ella lo sabe y además lo acepta, es otra manera de probarse a sí misma que él “es tan hombre como uno necesita que sea”.

 

La cigarronería, la cultura y la relación con las mujeres

En Barranquilla, de la cigarronería se habla explícitamente entre los homosexuales en los ámbitos escolares y universitarios, en la vida cotidiana. Es algo de lo que se puede hablar, pero no hacer alarde. Es una forma de construcción de las relaciones entre los hombres, es una manera de obtener placer tan conocida como la zoofilia, que es una práctica frecuente de iniciación sexual en esta zona del país. La “cigarronería” es aceptada social, cultural y relacionalmente, hasta el punto que popularmente se considera que quienes son penetrados analmente por los cigarrones vivencian “otra forma de ser mujer”. Coloquialmente se les llama “la mierda” (materia fecal) a quienes aceptan sostener relaciones con los cigarrones. Cabe recordar que el insecto del que reciben el nombre se relaciona con ésta.

Bajo la idea de que quienes deben ser penetradas son ellas y no los hombres, las mujeres entrevistadas por Velandia (2006) en Barranquilla, que son novias o esposas de cigarrones, ven a los homosexuales como un tipo especial de “mujeres”. Al hacer referencia a las prácticas en que participan sus parejas se refieren a los homosexuales como a quienes “en la cama hacen de mujer”, a los homosexuales igualmente les llaman, despectivamente, “maricas”.

No es posible para todos ellos, especialmente para los que tienen relaciones tanto con hombres como con mujeres, manifestar abiertamente sus identidades y sus preferencias sexuales. Por ello, el encubrimiento de la identidad sexual, la discreción y el clandestinaje, se convierten en estrategias para resistir el poder de la masculinidad opresora y llevar vidas imbuidas en el homoerotismo. Tanto los anteriores como aquellos que públicamente manifiestan su identidad homoerótica y luchan abiertamente contra la discriminación y la opresión, contribuyen a minar el poder de la masculinidad hegemónica (Ramírez y García Toro: 20).

Los bugarrones tienen relaciones sexuales con mujeres, pueden estar casados y tener hijos. Aunque se presentan como primordialmente heterosexuales, están ubicados en los bordes entre la heterosexualidad y la homosexualidad (Ramírez, 1999).

La bisexualidad es considerada transgresora. Se entiende por bisexualidad la capacidad de amar y desear sexualmente a personas del mismo género o de otros géneros (Firestein 1996). Para Izazola (1994) la bisexualidad es una expresión de un tipo de identidad sexual que no considera la preferencia sexual como algo dicotómico. Hay hombres que alternan relaciones afectivas y sexuales con ambos géneros o mantienen relaciones amorosas con hombres y mujeres al mismo tiempo. Sus identidades y la fluidez de sus sexualidades no están trabajadas por el poder y el control. En ellos se manifiestan, también , aunque sea solamente en la intimidad, las resistencias y las posiciones contestatarias a la masculinidad hegemónica.

El poder de la masculinidad se entronca en el contexto de las relaciones sociales en que éste se expresa (Lewis, 1994). De acuerdo con Kimmel (1997), la masculinidad es un conjunto de significados cambiantes que se construyen por medio de la relación consigo mismo, con los otros y con el mundo. La hegemonía es la supremacía social, el dominio en la organización del Estado y de la sociedad civil de un grupo que reclama e impone su predominio en las relaciones sociales y en la vida cultural. El grupo hegemónico se conserva en el poder manteniendo la dirección ideológica de la sociedad. La hegemonía requiere una articulación entre el ideal cultural y el poder institucional, es fenómeno colectivo que encarnan los individuos (Ramírez y García Toro: 7).

Uno de los hombres homosexuales entrevistados por Velandia (2006) convivió durante algún tiempo con un cigarrón y la pareja mujer de éste. El cigarrón penetraba tanto a una como al otro sin que ello fuera motivo de discordia. La relación se restringía a la esfera de la vida doméstica y, en ella, quien atendía a las labores del hogar relacionadas con la cocina y el arreglo de la casa era el homosexual. La mujer aceptaba la situación, pero no permitía que el homosexual expresara ninguna forma verbal o no verbal de afecto; la relación terminó cuando la mujer descubrió, “luego de una parranda con amanecida”, a su marido y al homosexual borrachos y desnudos, y al homosexual tras la espalda del cigarrón y abrazándolo. La mujer amenazó al homosexual con un cuchillo, lo hizo salir desnudo de la casa y le lanzó su ropa a la calle mientras le gritaba que se había aprovechado, emborrachando a su marido que no era homosexual, abrazándolo por detrás como si lo fuera. El cigarrón despertó e igualmente agredió al homosexual por “asumir un papel que no le tocaba”. El homosexual expresó que, en realidad, regularmente dormían así, pero que esto sucedía en momentos en que era evidente que la mujer no aparecería y los encontraría. La mujer nunca aceptó relaciones en que los tres estuvieran presentes y menos aún que el hombre tuviera ninguna manifestación de afecto, es más, promovía el ejercicio de la violencia física y emocional . Quien corría en mayor cuantía con los gastos del hogar era el homosexual.

Al hablar con algunas de las esposas o compañeras de cigarrones (Velandia, 2006), se encontró que ellas igualmente asumen que la cigarronería es una reafirmación de la masculinidad, hecho al que hacen referencia afirmando que sus maridos son “hombres probados”. A las mujeres les molesta y les afecta emocionalmente que se insinué que su pareja es bisexual, un homosexual en crisis o un trabajador sexual. Para una de ellas es evidente que esta es otra manera de, económicamente, “tener otra entrada pa’ la casa”.

 

De la cigarronería a la homosexualidad

Los tres cigarrones entrevistados en Bogotá por Velandia (2006), al trasladarse a esta ciudad para vivir en ella, pasaron por cambios identitarios en su orientación sexual y asumieron plenamente su identidad como homosexuales; aun cuando inicialmente se negaban a ser penetrados, al establecer vínculos afectivos fuertes accedieron a hacerlo como una “prueba de amor”. Generalmente, esto les produce fuertes conflictos emocionales que se incrementaron cuando regresaron a su lugar de origen. En el caso de uno de ellos, cuando las circunstancias lo obligaron a vivir nuevamente en Barranquilla y se encontró con personas “a las que les había cobrado”, lo que más le afectó fue reconocer que su actividad era una forma de maltrato ocasionada por sus propios problemas de identidad. Llama la atención, sin embargo, que estos ex-cigarrones afirman que los cigarrones no son homosexuales sino heterosexuales y que ellos son casos raros, aun cuando sucede que, por el miedo a ser homosexuales, algunos de ellos se ven obligados o presionados a asumir ese rol; sin embargo, que estos seudocigarrones terminan como ellos: “voltiándose en la cama y gozándose la cosa” y “este chisme se riega rapidísimo y es mejor salir de la ciudad porque todo el mundo les mama gallo13”.

Los cigarrones más jóvenes se encuentran en una etapa del proceso de construcción del proceso de identidad de género y de orientación sexual que hace que, en el momento en el que las personas con las que están sexualmente les interrogan sobre su orientación sexual o si son trabajadores sexuales, se profundice en ellos el conflicto cultural, social y relacional que la cigarronería les genera. En especial, se han encontrado interrogándose a sí mismos con relación a su propia identidad de orientación sexual hasta el punto de pensarse, por momentos, homosexuales; en tal sentido, les molesta que las personas hablen durante el contacto sexual o después, y prefieren que si lo hacen sea para hacer referencia a la práctica en sí y a lo que en ella sucede con relación a “si logran placer o les duele la penetración”.

Los conflictos, para los jóvenes cigarrones, surgen a partir de los comentarios que hombres heterosexuales hacen en la universidad con respecto a la masculinidad de los cigarrones, en el sentido en que penetrar a otros hombres no es una actividad que debieran hacer los hombres realmente hombres porque, según ellos, “eso es únicamente de maricas”. En especial, la duda surge cuando reconocen que obtienen placer y, particularmente, cuando tienen la necesidad emocional de buscar a otros hombres, así no la expresen públicamente. Sin embargo, les crea aún más conflicto ser buscados por esos mismos hombres, quienes en la universidad no se identifican como homosexuales, para que tengan relaciones con ellos. Aun cuando esto, a la vez, les agrada porque es una forma de sometimiento a esos otros hombres y la consolidación de una “relación” que se basa en el chantaje económico y emocional.

Cabe recalcar que el cuerpo de quienes se asumen en las identidades homoeróticas, homoafectivas, homogenitales, homodeseantes y de quienes se asumen como homosexuales, locas, jotos, mayates, gay, cigarrones y demás denominaciones afines, ha construido, como afirma Palma Patricio:

Los discursos de la sexualidad del mismo sexo y la masculinidad dominante, y éstos a su vez elaboran a los actores sociales relacionados con ella. Las prácticas que se imponen al cuerpo de éstos son las del estigma, las de no hombre, es decir ahí hay un control o sujeción, que lo es también política, en tanto configura relaciones de poder interpersonales (: 131).

Pero, no siempre los hombres homosexuales aceptan la masculinidad hegemónica. En un anuncio que firma Guerrero, se lee:

Para el mayate hasta la verga: a todos los gays de guerrero, es hora que no se dejen pisar por jotas que dicen ser mayates y que quieren que los mantengan como si fueran los reyes de los gays, ponganle un alto a este tipo de personas abusiba que solo buscan satisfacerce a costillas de otras personas, tengamos digninad y respeto por nosotros mismos, manden a la chingada a este tipo de cabrones gays que siendo disque muy hombres solo buscas chingar a los demás […] (Guerrero, sin fecha).

 

La identidad sexual es móvil

El análisis sobre las identidades masculinas hegemónicas o no y su relación con las identidades de orientación sexual deben llevarnos a comprender que el concepto de identidad sexual ha cambiado y que en ello radica la dificultad para no aceptar las sexualidades masculinas no normativas.

La identidad, según Velandia (2005), es la idea y la sensación móviles que tiene el ser humano, en una sociedad y tiempo concretos, de ser lo que busca ser con relación a la cultura, a otros seres en su entorno y consigo mismo, y de seguir siéndolo en el transcurso del tiempo. La identidad no es algo construido y terminado, se está construyendo una identidad y siendo en ella de manera dinámica en relación consigo mismo, con los demás, la sociedad y la cultura. La identidad se construye a partir de cómo la persona vive la experiencia de sí misma, con relación a los otros y la sociedad y la cultura en las que se está inmerso.

Para Velandia, la identidad puede entenderse como la emergencia de una construcción, no siempre consciente, que afecta los procesos de socialización de la persona. La identidad emerge de la vida cotidiana, más específicamente de la educación (formal, no formal e informal) que provee a la personas los referentes del “deber ser” de la identidad. Dichos referentes están basados en la cultura, son propios de una sociedad y tiempo determinados y están afectados por los procesos de interrelación, interafectación e interdependencia del individuo con otros seres humanos, con el entorno y de éste con aquellos (Velandia, 2005).

El proceso de construcción del “querer ser ” implica una ruptura entendida como una toma de posición frente al “deber ser”. Cada persona se construye a sí misma, tomando elementos del “deber ser” y en especial, tomando como referente sus propias vivencias, explicaciones y sentimientos (Velandia, 1999).

 

Conclusiones

Esta movilidad en la identidad debiera conducirnos a nuevas definiciones sobre la homosexualidad y las sexualidades en general. Por ejemplo, podría denominarse orientación sexual homosexual a la de un hombre (biológico, optado o transformado) que orienta sus deseos, afectos, genitalidad y eroticidad hacia otro hombre biológico, optado o transformado y quien además ha asumido para sí dicha orientación sexual.

La identidad de orientación sexual es múltiple . Cada persona tiene una identidad social, aquella con la que se le reconoce por quienes no le son cercanos; una identidad particular, que es la que la persona tiene para sí; y una identidad de socialización que es aquella con que le reconocen las personas con quienes se ha establecido un vínculo directo. Esta identidad de socialización es la más móvil de todas, varía de acuerdo a lo que el individuo ha informado o dejado conocer de sí.

La identidad de orientación sexual se basa en el deber ser, es decir en una masculinidad hegemónica, pero cada individuo construye para sí un “querer ser identitario”, su experiencia vital se orienta a alcanzar dicho “querer ser”, pero al ser éste móvil, la persona nunca logra alcanzarlo, tan solo vive un “estar siendo”, una fluctuación que recoge tanto elementos del “deber ser” como del “querer ser”.

Un cigarrón, mayate, bugarrón, mayatón o bufarrón no es un hombre homosexual porque no ha asumido dicha orientación para sí, así sea homoerótico, homoafectivo, homogenital y homodeseante. Cuando mucho puede definirse como heterosexual, si es que se define a sí mismo como tal, así desde afuera se le identifique como un homosexual en crisis. En la práctica, algunos de estos heterosexuales, en su experiencia sexual cotidiana, pueden ser bigenitales, bieróticos, bideseantes y heteroafectivos o presentar otras diversas posibilidades relacionales en el deseo, el erotismo, la afectividad y la genitalidad, opciones que son tan diversas y únicas como lo son los seres humanos.

 

Bibliografía

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1 - Artículo publicado en: http://www.redmasculinidades.com/resource/images/BookCatalog/Doc/00177.pdf.

2 - Doctor por la Universidad de Alicante, Diploma de Estudios avanzados en Enfermería y Cultura de los cuidados, Universidad de Alicante; Diploma de Estudios avanzados y doctorando en Psicopedagogía, Universidad del país Vasco; Master en Gestión de las Políticas Migratorias e Interculturalidad, Universidad de Alicante; Master en Educación, Pontificia Universidad Javeriana; Sexólogo y Miembro Titular de la Sociedad Colombiana de Sexología; Especialista en Gerencia de Proyectos Educativos; Sociólogo; Filósofo; Docente investigador del Centro de Investigación de la Docencia Universitaria (CIDU), Maestría en Docencia Universitaria, Escuela de Postgrados de la Universidad Cooperativa de Colombia, Bogotá. Asilado político y por orientación sexual en España, investigadormanuelvelandia@gmail.com .

3 - Coleóptero de cuerpo ovalado , patas cortas, distintos colores y vuelo regular, que por lo general es coprófago; busca el estiércol para alimentarse y hacer bolas, dentro de las cuales deposita los huevos.

4 - Mayate: en Honduras y México nombre coloquial que se le da a un hombre homosexual.

5 - Idem.

6 - Nombre popular que se da en España al escarabajo.

7 - Nombre popular que se le da al pene en la costa Caribe colombiana. Es un símil con una de sus definiciones que la comprende como vara de palo largo y delgado, según la Real Academia Española de la Lengua.

8 - En Colombia los estratos socioeconómicos son seis. Al estrato uno pertenecen las personas con ningún o muy poco nivel adquisitivo, al estrato seis las personas con el más alto poder adquisitivo y social. El estrato al que pertenecían los cigarrones y los hombres homosexuales se determinó por el barrio en el que estaba ubicado su lugar de vivienda, cuando eran residentes en Barranquilla. A los visitantes a la ciudad se les pidió identificarse en un estrato socioeconómico.

9 - Según el Diccionario virtual de la Real Academia de la Lengua, marica es un “insulto con los significados de hombre afeminado u homosexual o sin ellos”.

10 - Piruja : nombre femenino. Coloquial, en México: mujer que ejerce la prostitución.

11 - Camote : coloquial, en América: mujer con la que se mantiene una relación extramatrimonial.

12 - Chimuelo: adjetivo/nombre masculino y femenino, en México: [persona] que no tiene uno o más dientes.

13 - Les hacen bromas al respecto.