Presentación

Ma. Lucero Jiménez Guzmán

“La falta de trabajo te hace perder la dignidad, como persona, como ser humano.
Hay personas que como yo se vuelven escépticas, amargas,
piensas que no hay mañana, que no hay presente, que no hubo pasado,
que nunca hiciste nada, que no tienes nada”
Testimonio de un desempleado, en Orellano (2005)

 

Por la importancia que tiene el trabajo asalariado en la identidad masculina hegemónica hemos dedicado un número completo de LA MANZANA a este tema. Ser buen proveedor y ejercer una profesión respetable aparece como uno de los pilares tradicionales de la hombría que sostiene el gran templo del patriarcado. En el Génesis, por haber probado el fruto prohibido, Dios condeno a Adán a trabajar sin descanso para ganarse el pan con el sudor de su frente y a Eva a parir con dolor. Pero, ahora que Eva sale a trabajar y que las crisis económicas dejan a muchos hombres sin empleo, los patrones tradicionales de la división sexual del trabajo se van derribando y la identidad masculina queda afectada.

      De una manera particular se evidencia, a través de los artículos presentados en este número, cómo los factores de orden macrosocial, como la globalización y el imperialismo, afectan a los hombres en lo más profundo de su intimidad y, desde luego, en sus relaciones de pareja. Un poco como sí el clima laboral afectaba directamente las relaciones maritales. En este sentido, varias teorías parecen justificar la violencia que los hombres ejercen sobre las mujeres:

  • Algunos hombres acostumbrados a mandar y a tener el poder en su ámbito laboral quieren continuar con el mismo papel cuando llegan a su hogar y, por lo tanto, suelen ser violentos en él.
  • Algunos hombres que sufren humillaciones en el trabajo llegan a casa y se desquitan con su mujer.
  • El hecho que las mujeres trabajen fuera del hogar y ganen dinero genera inseguridad en ciertos hombres, por lo tanto, estas mujeres “liberadas” son más propensas a padecer la violencia masculina.
  • Algunos hombres desempleados, que se sienten castrados por la falta de dinero y de prestigio, recuperan un poco de su honor humillando a su pareja.

      El punto común en estas hipótesis para explicar la violencia masculina dentro del hogar consiste en el hecho de que, pase lo que pase, en el medio laboral los hombres tienen que seguir demostrando que son ellos los que mandan en su casa y que es más aceptable socialmente, por el ego masculino, demostrar su agresividad y enojo que su vulnerabilidad y impotencia. Así, pueden seguir siendo “muy hombres”, tomar el control en lugar de perderlo a pesar de las crisis que los afectan. De allí la gran importancia de los estudios sobre masculinidades que permiten cuestionar las ideas preconcebidas y los mandatos sociales asociados al trabajo y la hombría.

      El tema del trabajo ha sido abordado desde distintas perspectivas explicando los cambios que se han generado en este ámbito tan fundamental de la vida social. Se ha pasado del Estado de Bienestar y su meta del “pleno empleo” a la globalización y el capitalismo neoliberal en el cual se ha hablado inclusive del fin del trabajo (Rifkin, 1994), la flexibilización laboral y otros fenómenos de los que hablaré más adelante.

      Por otra parte, se ha estado planteando la existencia de una “crisis de la masculinidad”, entendida ésta en términos de una serie de replanteamientos sociales y subjetivos acerca de las funciones públicas y privadas de los sujetos varones, que cuestionan los papeles tradicionalmente asignados que dieron lugar a estereotipos no cuestionados sobre la definición dominante del ser varón en nuestra sociedad.

      Se ha considerado que existe una serie de estereotipos sobre lo que significa ser varón, que los hombres viven, al igual que las mujeres, condicionados por normas y exigencias sociales para probar continuamente su masculinidad y que esto permea sus relaciones sociales en general, con las mujeres y entre varones. También se ha reiterado que una de las normas fundamentales que han regido la vida de los varones es, entre otras, la de ser proveedor.

      Últimamente, y dado que no se han tratado de vincular de forma sistemática elementos característicos de la construcción social del género –en este caso de la masculinidad tradicional o hegemónica (ser proveedor)– con otros de la realidad económica –como la falta de empleo, la precarización laboral, la pérdida de derechos laborales– han surgido esfuerzos de investigación que, desde una óptica multidisciplinaria, han intentado vincularlos (Ma. Lucero Jiménez, Mabel Burin, Laura Collin, Marco Gómez, Olivia Tena, Proyecto; 2005).

      El estudio de estas problemáticas, vinculadas, tiene muchos argumentos que lo justifican. Desde el gran objetivo de contribuir a un desarrollo humano integral, tratando de comprender y documentar la realidad actual para intentar transformarla, hasta cuestiones más específicas como los problemas derivados, por ejemplo, de la violencia doméstica generada por varones, que en el caso de México, en general, se han tratado como temas delincuenciales, dejando de lado las determinaciones profundas de nuestras relaciones sociales y los factores de carácter estructural, como la falta de empleo, y sin tomar en cuenta determinaciones realmente muy importantes como son las relativas a la condición de género.

      Desde nuestra mirada se ha partido del hecho de que, en una época en la que el ser proveedor no depende exclusivamente de las capacidades y formación profesional de los individuos afectados por las normas de género, sino de los movimientos del mercado laboral, consecuencia de un cambio de paradigma económico hacia el libre mercado y hacia la desestatización –situación que caracteriza a las economías latinoamericanas actuales–, surge como un tema relevante de explorar la relación que la crisis laboral tiene con la crisis de la masculinidad en los términos expuestos y las diversas formas como los varones la experimentan, se resisten o se adaptan al interior de sus familias y sus posibles reestructuraciones.

 

Un gran tema: trabajo y masculinidad

El trabajo masculino y femenino tiene aún distintos sentidos elaborados que, desde la sociedad dividida en géneros, siguen asignando diversos papeles, de acuerdo a la dimensión de desigualdad social. Se trata, desde la perspectiva de género, de diferencias construidas socialmente. Todavía, el modelo masculino se identifica con el de trabajador, mientras que el modelo femenino se identifica con el de madre y esposa.

      La inserción laboral de los hombres, como plantea Burin (2000), ha sido fruto de largos años en los cuales, a partir de la infancia, han formulado proyectos identificatorios que habrían configurado su identidad de género en tanto “hombre trabajador”. Los ejes alrededor de los cuales se habría formulado tal identidad genérica pueden agruparse en: a) el sentimiento de valía, b) la ilusión de unicidad, c) el reconocimiento por parte de los otros. Ésta fue, nos dice, la configuración genérica para el hombre de la modernidad, cuyos anclajes identificatorios han sido puestos en crisis dadas las condiciones actuales del trabajo. Ha encontrado en sus investigaciones, coincidiendo con mi anterior afirmación, que el déficit en la inserción laboral está produciendo incremento de violencia sobre los otros, dado el tradicional posicionamiento de género de los varones.

      Aunque la mujer se ha incorporado al mercado laboral de manera gradual y aunque en muchos casos es jefa de familia y es quien realmente provee a su hogar, aun existen diferencias que manifiestan desigualdades profundas, prevaleciendo una marcada división sexual y social del trabajo fuera y dentro de los hogares, que sigue determinando no solamente salarios –que siguen siendo diferenciados– sino posición en la jerarquía, acceso a los mejores puestos y salarios y, por supuesto, la división del trabajo al interior de los hogares, sobre todo en la etapa de crianza de l@s hij@s y del cuidado de los familiares enfermos una vez que son grandes. Los varones, cuando pueden hacerlo y para cumplir con mandatos sociales derivados de su condición de género, muestran una tendencia a laborar fuera del ámbito familiar, de tiempo completo y a cambio de un salario.

      Cuando se analiza la importancia que los varones atribuyen al trabajo nos damos cuenta de la trascendencia que tiene para ellos –sobre todo en los casos en que anteriormente tuvieron trabajos con un cierto prestigio y bien remunerados y ellos pudieron ser proveedores de sus familias– perder su fuente de empleo, que constituye una verdadera “fuente de poder”. No hay que olvidar que ellos han sido socializados con base en un modelo en el cual el trabajo fuera del hogar, lo mejor remunerado posible, constituye un objetivo realmente vital. Es aquello que los hace aparecer ante mujeres, otros hombres de su familia, hijos, pares y sociedad en general como “hombres de verdad”. El estereotipo de ser varón incluye de manera importante que los varones trabajen y compitan entre ellos, si no lo hacen son mediocres o “mantenidos”, transgrediendo uno de los mandatos más significativos del género masculino.

      En la investigación realizada con jóvenes en Estados Unidos (Beutel y Mooney, 1995) se documenta que de las diferencias entre mujeres y varones jóvenes en cuanto a prioridades de realización, si bien éstas se han ido modificando, sigue prevaleciendo de manera muy enfática el involucramiento de las mujeres en actividades de corte social, altruista, mientras que para los varones es el hecho de tener un buen trabajo remunerado y que derive de triunfar en una competencia permanente lo que resulta realmente fundamental.

      Muchos varones buscan cumplir con lo que se espera de ellos y cuando no lo logran sufren en diversas formas y es interesante anotar que el hecho de no manifestarlo, no “quebrarse”, no “quejarse”, constituye otro importante mandato de la masculinidad dominante. Ellos no pueden demostrar sentimientos que impliquen vulnerabilidad, pero pueden manifestar violencia inclusive contra sí mismos. Muchas de las investigaciones recientes muestran esto (Jiménez, 2007; Burin, Jiménez y Meler 2007). La masculinidad dominante constituye, como ha planteado Benno de Keijzer (1992), un factor de riesgo contra los propios varones y también contra otros varones y, particularmente, contra las mujeres.

      Las familias se han transformando, al igual que otras instituciones sociales. Sin embargo, la identidad masculina parece no cambiar al mismo ritmo y en el mismo sentido. La estructura de diferentes campos sufre transformaciones, pero la expectativa que se tiene del varón continúa relacionándose, principalmente, con el sustento y lo que de éste se desprende. Sin embargo, esta expectativa, dadas las crisis económicas experimentadas en Latinoamérica durante las últimas décadas, ha llevado a que el varón con frecuencia se vea incapacitado para cumplirla cabalmente por sí mismo, lo cual ha llegado a afectar a individuos de diferentes clases sociales, con diferentes oportunidades de educación y con diferente capacitación para el trabajo.

      Consideramos esta situación en relación con el surgimiento de malestares masculinos en la actualidad, donde los valores económicos de la modernidad, de supuesta “meritocracia”, construidos principalmente por y para varones, reconocen el éxito en este campo como producto de méritos y esfuerzos personales del varón, cuestionando, por tanto, la masculinidad de quien no lo logra.

      Los mandatos culturales exigen a los varones el logro de autonomía económica, fortaleza, desarrollo personal y autoafirmación que les permitan concebirse como seres-para-sí-mismos (Cazés, 1998). Sin embargo, de no cumplirse estos mandatos, como antes apuntamos, los varones seguramente experimentan malestares y lo hacen en soledad, alejados de toda alianza social con otros varones y con otras mujeres.

 

Elementos de la crisis del trabajo

La crisis laboral que se experimenta en prácticamente todo el mundo, y sobre todo cuando analizamos América Latina, aunque con sus particularidades y grados de complejidad y deterioro económico, se relaciona con diversos aspectos, tales como la instauración de un modelo de desarrollo neoliberal caracterizado por una economía abierta, competitiva y regulada por el mercado con cada vez menos proteccionismo y participación del Estado en sus funciones económicas; transformaciones tecnológicas y organizacionales que buscan la disminución de costos no obstante la disminución de la planta laboral y las condiciones de empleo; quiebras de empresas incapaces de ajustarse a las nuevas condiciones de competencia desigual y del incremento de las importaciones por la globalización de la economía; privatización de industrias estatales y servicios públicos; y adelgazamiento de puestos de trabajo, antes ocupados por servidores públicos y ahora sustituidos por empresarios, con nula experiencia, por ejemplo, pero no únicamente, en el caso mexicano reciente.

      En la opinión pública y en el sector académico cada vez más se reconoce que estamos sujetos a un nuevo paradigma económico conceptualizado en términos de neoliberalismo y de globalización (Beck, 2007; Calva, 2001 y 2002), al cual se adjudica el trastocamiento de las condiciones de empleo. En nuestras sociedades clasistas donde la repartición de la riqueza es de lo más injusta, no todos los hombres sufren de la misma manera de las crisis económicas. No se puede generalizar, hasta existe un sector de la población que no tiene la necesidad de trabajar para tener dinero y otro que aunque labora en las condiciones más extenuantes no goza de un sueldo suficiente para cubrir sus necesidades mínimas.

      La transformación del mercado laboral es motivo de análisis (Castells, 1996; Gómez Solórzano, 1992). Algunos autores señalan como responsables de la reducción en la demanda de empleo a los procesos de automatización y robotización (Freyssenet, 1997), a la utilización de la tecnología de punta (Colon Warren, 2000), al adelgazamiento del sector público consecuente con las políticas de ajuste, reducción del déficit y el retiro del gobierno en la conducción o intervención en la economía y las políticas de privatización de empresas del sector público (Mackinlay, 1999; Ramírez, 1999), que operaban con la lógica de la generación de empleo público.

      Se han generado transformaciones importantes en la estructura de las empresas (Lipietz, 1996) derivadas tanto de los procesos de fusión como los de concentración; también se ha dado la desaparición de empresas no competitivas, con la consecuente pérdida de los empleos (Frenkel y González, 2001; Coriat y Taddei 1995) y los llamados procesos de terciarización de funciones, antes parte constitutiva de las empresas integradas. Estos procesos están acompañados, en materia legislativa, de medidas de desregulación del mercado laboral (Fernández, 1996) y la pérdida de incidencia de las estructuras corporativas, en especial el sindicalismo (Neffa, 1994; Fernández, 1996) en la relación obrero patronal.

      Los cambios en la estructura laboral, el cierre de fuentes de empleo (ahora más que nunca grave dada la actual crisis económica mundial) y la desregulación llevan a algunos autores a calificar al modelo globalizador como excluyente (De Soto, 2001; Jacquard, 1995) que expulsa del mercado laboral y por tanto del consumo a grandes contingentes de población. Todos estos elementos inciden en otras dimensiones sociales, como son las relaciones entre los géneros y la posibilidad de “cumplir” con los mandatos de la masculinidad.

 

Algunos efectos

También en los ámbitos individual y familiar los cambios aparecen como aterradores. La percepción de los trabajadores (Arrospide, Barring y Bedoya, 1998) se nutre de una cultura productiva que valorizó el trabajo estable, regulado y en relación de dependencia, en el que privan los derechos laborales y existen prestaciones, y la aspiración a un retiro digno. Hoy, en cambio, el “nuevo mercado laboral” apela a la mentalidad emprendedora, el trabajo free lance, en un mercado libre, desregulado, con mínimas prestaciones y mínimas garantías de futuro y autonomía.

      En términos generales y eso lo han documentado diversas investigaciones (Burin, Meler, Jiménez, Collin, en Burin et ál., 2007) todo el proceso de desfase entre la percepción del empleo digno y las oportunidades del “mercado” genera en los sujetos sentimientos de frustración, depresión, impotencia sexual, tensiones y conflictos familiares, rupturas de lazos y redes sociales, incremento en alcoholismo y farmacodependencia y, en casos extremos, ha conducido a la muerte, aunque en general las estadísticas no lo registren así.

      El proceso de deterioro laboral, de precarización y de desempleo también está teniendo inevitables consecuencias económicas, además impide el aprovechamiento de las capacidades productivas individuales y sociales, y genera, por tanto, la destrucción de fuerzas productivas, así como el descenso social, personal y familiar. Sabemos que se ha transformado, en la realidad, la tradicional división del trabajo entre hombres y mujeres y que cada día más mujeres e hijos trabajan fuera del hogar y reciben salario. Esto sucedía antes como mecanismo de sobrevivencia y ahora es parte sustancial de la vida laboral que impera en nuestros países; ya no sólo trabajan las mujeres cuando los jefes de familia han dejado de percibir ingresos o cuando éstos disminuyen (García y Pacheco, 2000; Cerruti y Centeno, 2000; Sautu, 2000; García y de Oliveira, 1998).

      Diversos autores y autoras en América Latina hemos asumido la enorme importancia de explorar el significado de la disminución o pérdida de ingresos en los varones que antes habían sido reconocidos como jefes económicos y de familia. También nos hemos planteado que es necesario conocer, desde distintas ópticas, el significado que esto tiene para su autopercepción desde el ser varón y abordar los cambios familiares ante esta nueva situación y el proceso vivido rumbo a una posible redefinición de papeles o funciones sociales reconocidas, así como las consecuentes transformaciones y posibles conflictos entre los valores normativos tradicionales y emergentes (Jiménez y Tena, 2007; Burin, Jiménez y Meler, 2007).

 

Acerca de los artículos

Este número de LA MANZANA que les presentamos tiene el objetivo de continuar difundiendo reflexiones y resultados de investigaciones recientes sobre estas temáticas, tan importantes para los sujetos, las familias y el desarrollo de los seres humanos. Y quiere, como cada número de nuestra revista, contribuir a ese desarrollo trayendo a discusión elementos que pueden estar invisibilizados e invitando al diálogo sobre ellos. En este número se incluyen artículos que nos plantean análisis que, desde diversas perspectivas teóricas y disciplinarias, aportan miradas interesantes y enriquecedoras, que ayudan a la comprensión de la compleja temática de la relación de los varones con trabajo.

      El artículo de Mabel Burin sobre “género, masculinidad, trabajo y subjetividad” inicia con un análisis del contexto, a partir de la modernidad en occidente y su impacto en los ideales femeninos y masculinos, para dar paso a un segundo apartado acerca de la significación subjetiva del trabajo en la construcción de la masculinidad. La autora introduce un tema crucial: la revolución tecnológica e informática y el impacto de la globalización para abordar el estudio de la salud mental y su relación con el trabajo masculino; a partir de esto plantea un importante cuestionamiento a las diferencias entre el modelo laboral paterno y el materno, para concluir que la terminología clásica sobre feminidad y masculinidad está resultando obsoleta para describir las múltiples modalidades de construcción de género y particularmente la construcción de la subjetividad masculina.

      Leonel Sicardi en su artículo acerca de “trabajo y subjetividad masculina” se refiere al significado del concepto “trabajo” a través del tiempo y al mundo del trabajo hoy, en el contexto del neoliberalismo, caracterizado por la desocupación y de la “dis-ocupación”, poniendo el énfasis en las consecuencias de estos procesos en la vida de los sujetos. Aporta testimonios de hombres viviendo problemáticas, muy graves, derivadas de su situación laboral. El Psicodrama, nos dice, le da la oportunidad de ponerse en el lugar de estos sujetos y de darles voz; cuestión fundamental dado el profundo daño que están viviendo en su identidad y el enorme dolor emocional que estas condiciones les provocan.

      Alejandra Salguero, en su artículo, plantea que en el mundo actual ser proveedor (factor fundamental en la identidad de los varones) y llevar dinero a sus hogares ya no basta, ahora ellos tienen que involucrarse en otros procesos fundamentales de la vida familiar. Se han registrado innegables cambios socioculturales que hemos vivido en los últimos tiempos y ahora resulta necesario involucrarse en diversas actividades que rebasan el trabajo remunerado fuera del hogar, incorporando la necesidad de ocuparse también del hogar, de la compañera y de los hijos e hijas. Pero, este cambio no es fácil. La autora se pregunta: ¿qué hacen los hombres para cubrir los nuevos requerimientos? Y, adecuadamente, plantea que las transformaciones en las relaciones entre los géneros involucran a todos y todas, en diversos procesos, dentro de los cuales las negociaciones resultan cruciales.

      Regina Nava aporta, en su artículo “Se solicitan nuevas masculinidades”, un análisis de la fuerza de trabajo concebida como una mercancía a ser consumida en la etapa globalizadora del capitalismo. Se refiere a que hombres y mujeres somos afectados por esta realidad, pero de manera diferente. Así, los varones se enfrentan a un serio cuestionamiento de su masculinidad, al no poder cumplir con los principales mandatos sociales de su género, referidos a su posición económica, y a partir de ello analiza las diversas “opciones” que enfrentan, desde el convertirse en migrantes hasta realizar actividades delincuenciales e inclusive incorporarse a lo que la autora denomina “ideologías fundamentalistas”. Regina Nava afirma, atinadamente, que se requieren fuerzas que apoyen los derechos, sobre todo económicos; fuerzas que ayuden a que estos derechos puedan materializarse. Invita a recuperar la capacidad de reflexión e imaginación para enfrentar los desafíos de nuestros tiempos.

      Silvia Kamien presenta un artículo sobre “estereotipos femeninos y masculinos en el mundo de la política” en el que plantea un cuestionamiento a los conceptos tradicionales y la participación en el espacio público por parte de las mujeres. Se plantea analizar el entretejido relacional entre mujeres políticas y varones vinculados con ellas. Se hace preguntas interesantes tales como: ¿qué sucede en la subjetividad del varón? ¿Cómo reaccionan los varones ante los cambios en diversos ámbitos de sus vidas? La autora reflexiona acerca del género y la subjetividad para dar paso al análisis de entrevistas, partiendo de estereotipos y posicionamientos de género. Realiza una clasificación de género de varones y mujeres y nos sugiere utilizar la categoría de nuevas masculinidades a fin de explorar los nuevos lugares de los varones.

      Marta Lucioni, en su artículo acerca de la “violencia masculina en la condición global presente”, hace un análisis acerca de aspectos de la subjetividad de hombres y mujeres inmersos en vínculos en los que las mujeres padecen violencia por parte de los hombres, complejizando este proceso social y ubicándolo de forma pertinente desde la perspectiva de género dentro de un contexto social más amplio, que rebasa fronteras y que está afectando a todos los seres humanos y a sus relaciones: la globalización. La autora nos aporta testimonios que evidencian estas situaciones, interpretándolos adecuadamente y concluye que aun hoy se encuentran diferencias claras dependiendo de si se es hombre o mujer, continuando la existencia de un poder masculino privilegiado. Los cambios que ha provocado la incursión masiva de mujeres al mercado laboral más que propiciar mejores relaciones está, en mucho casos, provocando desequilibrios emocionales en los varones, ancestralmente únicos proveedores de los hogares.

      La violencia que padecen las mujeres, como dice la autora de este artículo, no es sólo importante por su magnitud sino porque, en sus propias palabras, “constituye una violación a los derechos humanos”. Las investigaciones y propuestas que nos permitan visibilizar estos procesos sociales y abordarlos de forma pertinente en toda su complejidad sin duda constituyen un importante aporte en diversos ámbitos.

      Por su parte Irene Meler nos aporta resultados de un estudio realizado desde la perspectiva del psicoanálisis contemporáneo y los estudios interdisciplinarios de género que nos permite avanzar en el conocimiento de los varones y sus relaciones de pareja. En este artículo la autora retoma hallazgos derivados de una investigación realizada en Argentina, desde la perspectiva de la subjetividad que, como atinadamente afirma la autora, enriquece los estudios sociales; concluyendo, entre otras cosas, que mientras las mujeres dan prioridad a sus relaciones afectivas los hombres priorizan los logros laborales, pues éstos constituyen el fundamento de su identidad masculina y son fuente central de autoestima.

      Finalmente, en este número de la revista incorporamos el artículo de Juan Guillermo Figueroa, “Algunas notas sobre masculinidad, empleo e identidades de género de los hombres” en el cual, tomando como base los comentarios que hizo a dos libros relativos a la temática planteada, nos propone análisis y reflexiones que, como el mismo dice, “tienen como objetivo establecer un diálogo con dos libros publicados recientemente sobre la relación entre empleo e identidades de género en población masculina”. La dinámica detrás de los comentarios consiste en sugerir constantemente preguntas y vertientes de diálogo y de investigación alrededor de las identidades de género, en especial las referidas a la población masculina, pero sin olvidar su carácter relacional.

      El autor, con su espíritu siempre innovador y transgresor, destaca en los textos analizados la temática relativa al costo de ser proveedor, como atributo básico asignado al “ser masculino”, proponiendo, como alternativa, su cuestionamiento y, asimismo, la utilización de la categoría de mortalidad paterna; además, cuestiona si valdría la pena hablar de casos, ya que existen indicadores que dan cuenta de los efectos que sobre los varones está teniendo el hecho de no poder cumplir con el mandato social de “ser proveedor”. Finalmente, el autor retoma la idea del trabajo como gran paradoja humana, ya que, por un lado, nos hace libres, pero por otro restringe la libertad, y para salir de tal paradoja nos plantea la posibilidad de resignificar el trabajo tanto para los varones como para las mujeres.

 

Bibliografía

Arróspide, M., M. Barring y S. Bedoya (1998). Empleo, programas para mujeres y jóvenes. Lima: Desco.

Beck, Ulrich (2007). Un nuevo mundo feliz. La precariedad del trabajo en la era de la globalización. Barcelona: Paidós.

Beutel, Ann M. y Margaret Mooney Marini (1995). “Gender and Values”. American Sociological Review, 60 (3) (: 436-448).

Burin, Mabel (2000). “Atendiendo el malestar de los varones”. En: Mabel Burin e Irene Meler, Varones. Género y Subjetividad masculina. Buenos Aires, Argentina: Paidós.

Burin, Mabel e Irene Meler (2000). Varones. Género y Subjetividad masculina. Buenos Aires, Argentina: Paidós.

Burin, Mabel, Ma. Lucero Jiménez Guzmán e Irene Meler (comps.) (2007). Precariedad Laboral y crisis de la masculinidad. Impacto sobre las relaciones de Género. Buenos Aires, Argentina: Universidad de Ciencias Empresariales y Sociales.

Calva, José Luis (2001). México, más allá del neoliberalismo. Opciones dentro del cambio global. México: Plaza y Janés.

Calva, José Luis (coord.) (2002). Modelos de crecimiento económico, en tiempos de globalización. Tlaxcala, México: El Colegio de Tlaxcala/Juan Pablos editor.

Castells, Manuel (1996). La Sociedad Red, 1. México: Siglo XXI.

Cazés, Daniel (1998). “Metodología de Genero en los estudios de los hombres”. La ventana. Revista de Estudios de Género, Jalisco, Guadalajara, Universidad de Guadalajara, 8.

Cerutti Marcela y René Centeno (2000). “Cambios en el papel económico de las mujeres entre las parejas mexicanas. Estudios Demográficos y Urbanos, 15 (1) (: 65-9).

Colon Warren, Alice, (2000). Reestructuración Industrial, empleo y pobreza en Puerto Rico y el Atlántico medio de los Estados Unidos. San Juan de Puerto Rico: Cep.

Coriat, Benjamin y Dominique Taddei (1995). Made in France: Como enfrentar los desafíos de la competitividad industrial. Buenos Aires: Alianza.

Charmes, Jackes (1992). El empleo en el sector informal: su integración a las estructuras económicas. Buenos Aires: Humanitas.

De Keijzer, Benno (1992). “Morir como hombres. La enfermedad y la muerte masculina desde una perspectiva de género”. Seminario de Masculinidad, Programa Universitario de Estudios de Género-Unam. México: Inédito.

De Soto, Hernando (2001). El misterio del capital. ¿Por qué el capitalismo triunfa en occidente y fracasa en el resto del mundo? México: Diana.

Fernández, Arturo (1996). Empresas y sindicatos, frente a la flexibilización laboral. Buenos Aires: Centro de Estudios e Investigaciones Laborales-Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas.

Frenkel, Roberto y Martín Gonzáles Rosado (1998). Apertura, productividad y empleo en Argentina de los 90. Buenos Aires: Centro de Estudios de Estado y Sociedad.

Freyssenet, Michel (1997). Máquinas autoanalizantes. Buenos Aires: Programa de Investigaciones Económicas sobre Tecnología, Trabajo y Empleo.

García Brígida y Orlandina de Oliveira (1998). Trabajo femenino y vida familiar en México. México: El Colegio de México.

García Brígida y Edith Pacheco (2000). “Esposas, hijas e hijos en el mercado de trabajo”. Estudios demográficos y urbanos, 15 (1) (: 35-64).

Gómez Solórzano, Marco A. (1992). “Las transformaciones del proceso de trabajo en gran escala internacional”. En: Josefina Morales (coord.), La reestructuración industrial en México. Cinco aspectos fundamentales. México: Iie-Unam.

Jacquard, Albert (1995). Accuse l’économie triomphante, 1. París: Calmann-Levy.

Jiménez Guzmán, María Lucero (2003). Dando voz a los varones. Sexualidad, reproducción y paternidad de algunos mexicanos. México: Centro Regional de Investigaciones Multidisciplinarias-Unam.

Jiménez Guzmán, María Lucero y Olivia Tena (coords.) (2007). Reflexiones sobre masculinidades y empleo. México: Centro Regional de Investigaciones Multidisciplinarias-Unam.

Jiménez Guzmán, Ma. Lucero, Mabel Burín, Marco Gómez, Laura Collin, Olivia Tena (2005). Crisis laboral y crisis de la masculinidad. Los casos de México y Argentina. Proyecto de Investigación internacional y multidisciplinario, coordinado desde la Unam. México, Buenos Aires.

Lipietz, Alain (1996). El planeta del postfordismo: una alternativa para el siglo XXI. Buenos Aires: Programa de Investigaciones Económicas sobre Tecnología, Trabajo y Empleo-Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas.

Mackinlay, Horacio (1999). “Nuevas tendencias en la agricultura de contrato. Los productores de tabaco después de la privatización”. En: Hubert C. de Gramont (coord.), Empresas, reestructuración productiva y empleo en la agricultura Mexicana. México: Unam/Plaza y Valdez.

Neffa, Julio César (comp.) (1994). “Nuevo paradigma productivo, flexibilidad y respuestas sindicales en América Latina”. II Reunión de la Red Franco-Latinoamericana. Buenos Aires: Programa de Investigaciones Económicas sobre Tecnología, Trabajo y Empleo-Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas.

Orellano, Miguel H. (2005). Trabajo, desocupación y suicidio. Efectos Psicosociales del desempleo. Buenos Aires: Lumen Humanitas.

Ramírez Vera, Eduardo Patricio (1999). Modelo de oferta de mano de obra en la agricultura campesina de Chile. Tesis de Magíster en Economía Agraria de la Universidad Católica de Chile, Santiago.

Rifkin, Jeremy (1994). El fin del trabajo. Nuevas Tecnologías contra puestos de trabajo: el nacimiento de una nueva era. México: Paidós.

Sautu, María Antonia Ruth (2000). La gente sabe: interpretaciones de la clase media acerca de la libertad, la igualdad, el éxito y la justicia. Buenos Aires: Lumiére.

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

a

a

a

a

a

a

a

a

 

a

a

a

a

a

a

a

a

a

a

a

a

a

a

a

a

a

a

a

a

a

a

a

a

a

a

a

a

a

a

a

a

a

a

a

a

a

a

a

a

a

a

a

a

a

a

a

a

a

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

a

a

a

a

a

a

a

a

a

a

a

a

a

a

a

a

a

a

a

a

a

a

a

a

a

a

a

a

a

a

a

a

a

a