Imaginarios Sociales de la Masculinidad

Carlos Lomas 1
Guitté Hartog 2

La necesidad de cambiar los imaginarios sociales parece un paso obvio para “desmasculinizar” o “desfeminizar” ciertas realidades. A nivel teórico, más que constructivistas, parece que enfocamos gran parte de nuestros trabajos en la demolición conceptual, buscando evidencias que nos permitan cuestionar el carácter natural de las inequidades de género. En este sentido, sacudir viejos mitos, acabar con el gran templo del patriarcado, parece una misión de la más noble, ¿pero, para construir qué? Es allí, precisamente, donde entra en juego el verdadero reto, el de innovar, el de construir nuevas realidades.

      Sembrar nuevas ideas, sin olvidarse de cuestionar, constituye la esencia filantrópica de una revista como “LA MANZANA”. Desde esta perspectiva, nos preocupó la cuestión de los imaginarios. Pero, como bien nos dimos cuenta, resulta que nadie en realidad es especialista en “Imaginarios Sociales”. A esta conclusión llegamos cuando buscábamos a alguien de confianza para dirigir este número. Cabría preguntarse si el imaginario social, como tal, no existe realmente. Es difícil encontrar algo más nebuloso que este concepto ya que se refiere a algo esencialmente subjetivo, intangible, que no está bien definido y sobre el cual parece que casi nadie se convierte en referente obligatorio.

      Entonces, ¿porque insistir en dedicar un número de “LA MANZANA” a este tema? Probablemente porque los humanos somos seres que no pueden existir o sobrevivir fuera de una realidad social, definida por una serie de construcciones subjetivas como, por ejemplo, las relaciones de género que son guiadas según el conjunto de referentes simbólicos disponibles en una sociedad. Tanto los elementos básicos más anticuados de la alienación de género como los sueños más emancipatorios parecen caber en esta misma reserva de significados llamada “imaginario social”.

      Para este número hemos seleccionados textos sobre imaginario social que expresan estas tensiones entre dorar el blasón de la virilidad de la hombría hegemónica, denunciar el cautiverio de una cultura patriarcal esclavizante y elaborar una incubadora de nuevas aspiraciones hacia un mundo más justo. Más que en otros números de LA MANZANA, en esta compilación se hacen evidentes los contrastes entre diferentes tipos de masculinidades. El hecho que los artículos provengan de diferentes contextos culturales como España, México y Quebec contribuye en matizar las diferentes aportaciones.

      El primer texto sobre la dictadura del patriarcado, de Carlos Lomas, expresa con claridad las diferentes vertientes del performance que significa para los hombres demostrar su hombría en este régimen de la dominación falocéntrica que les conduce a la deshumanización. Las consecuencias negativas de este sistema autoritario se traducen en un clima poco favorable para el desarrollo de relaciones armónicas entre los hombres mismos y, desde luego, hacia las mujeres. Desde la constatación de esta realidad poco deseable se propone un proyecto alternativo. Más que espectadores pasivos de las luchas de las mujeres para construir un mundo más equitativo y sin violencia, los hombres se vuelven aliados indispensables, llamados a reinventarse para descubrir nuevos senderos donde la ternura y el compromiso hagan de ellos seres más completos, más sanos, más cómplices con las mujeres, mejores ciudadanos y personas más felices. Aspirando a ser menos hombres y más humanos, los hombres que se involucran en este nuevo camino se dan la oportunidad de emanciparse de la dictadura del patriarcado y, por lo tanto, se encuentran sin el peso de una armadura opresiva y violenta para sentir y apreciar mejor las relaciones humanas.

La cuestión de la armadura masculina es retomada en el segundo artículo, “Un soldado en cada hijo te dio…”, de Mónica Murillo Herrerías y Guitté Hartog, quienes, a través de un estudio etnográfico, indagan sobre los aspectos militares que se insertan en la socialización del soldado 7FBH 306 y que son comunes a muchos hombres mexicanos, sean civiles o miembros del ejército. Se describe el horizonte de la servidumbre heroica a través de una semblanza entre relatos de su historia de vida y algunos elementos discursivos que lo acompañan en su entorno cotidiano como los himnos, las plegarias, las porras, las canciones y los buenos principios que rodean al soldado. Para que la dictadura del patriarcado funcione se necesitan tropas de hombres bien forjados, listos para no cuestionar ningún mandato y defender el honor y la frontera de su género hasta la muerte. Por fortuna, algunos hombres se atreven a desertar con honradez de esta dictadura, buscando vivir sin uniforme o armaduras para acercarse a un mundo que hasta ahora había sido considerado femenino.

El universo doméstico que fue, y sigue siendo a veces, considerado por muchas feministas el cautiverio que impide a las mujeres realizarse plenamente como seres humanos se vuelve un ámbito de relaciones más equitativas en el artículo de Miguel Ángel Arconada Melero. Desde una perspectiva tradicional se olvida, a veces, que para que el feminismo funcione no solamente se necesita de nuevas mujeres sino también de nuevos hombres. Compañeros de vida, padres de familia u hombres solteros que asuman que el espacio privado y doméstico también es parte de su identidad, de su proyecto de vida y de una fuente de felicidad. Sea por justicia, por no robar tiempo a las mujeres o por la búsqueda de una vida más equilibrada, un mejor involucramiento de los hombres en el cuidado del hogar o de otros seres humanos, además de ellos mismos, abre la puerta a nuevas formas de vivir las masculinidades y las relaciones de género. Estos hombres que se atreven a existir como parte de un hogar, más allá del papel tradicional del proveedor, aprenden a vivir más libremente y a desarrollar nuevos estilos de vida y de relaciones interpersonales.

      En esta misma perspectiva, el artículo de Enrique Javier Díez Gutiérrez y de Hermógenes Domingo Tascón presenta una investigación sobre el activismo de los hombres pro-feministas que trabajan por la equidad de género en España. Las actitudes, las prácticas y los valores de estos hombres, en la vida cotidiana, apuntan a la creación de nuevos modelos de masculinidades y de convivencias. La toma de consciencia en estos hombres de las inequidades de género y de la facilidad con la cual se puede caer en la complacencia con los privilegios del machismo hace de ellos hombres por la igualdad y atentos a las diferentes formas de alienación que conlleva vivir bajo la dictadura del patriarcado.

      En contraste, el artículo de Diane Lamoureux sobre los “masculinistas” en Quebec, Canadá, muestra un movimiento creado para volver a otorgar valor el ego tradicional del “Hombre”, manchado por tantos años de feminismo. “Deculotando” y castrando a los hombres, según este movimiento el auge del feminismo ha dejado a los hombres actuales en un gran estado de vulnerabilidad. Argumentando que los hombres también sufren, en lugar de crearse espacios de apoyos mutuos, de pensar en modelos alternativos de masculinidades que les ayuden a afrontar mejor sus dificultades, prefieren reivindicar la superioridad de su sexo y declarar abiertamente la guerra a las feministas. Por un lado, se exhiben como las víctimas de la emancipación femenina y, por otro, reivindican su derecho a vivir su naturaleza profunda. En materia de sexualidad, los masculinistas afirman que el hecho de que las mujeres denuncien las violaciones hace que los hombres se avergüencen de su sexualidad y se sientan, todos, como violadores en potencia, pero defienden la eyaculación precoz de los hombres, ya que serían las mujeres las que no serían lo suficientemente eficaces en materia de orgasmos.

      La sexualidad y el cuerpo, como experiencias vividas, se expresan en un registro completamente opuesto en el artículo de Bethsabé Huamán. En efecto, lejos de alimentar la guerra de los sexos, las diferentes subjetividades sobre el hecho de ser mujer fecunda, hombre hetero u homosexual, sirven como maneras de manifestar diferentes formas de erotismos que se expresan a través de la poesía. El imaginario parece conectado a las diferentes experiencias de vivir el deseo y la poesía aparece como una manera de nombrar lo íntimo.

      Finalmente, el artículo de la historiadora Gloria Tirado Villegas nos recuerda cómo en los años sesenta del siglo pasado aparecieron nuevos modelos de masculinidades que rompían con los años cincuenta. “Hacer el amor y no la guerra” contrastaba de manera total con el lema del revolucionario Zapata: “Prefiero morir de pie que vivir arrodillado”. Resultaba que la juventud con hambre de libertad quería cambiar el mundo acostada, sin ninguna gana de morir por una bandera. Revolcándose en el amor libre, al ritmo del rock & roll e inspirados a menudo por sustancias ilegales, iban sacudiendo el oscurantismo de los modelos tradicionales de hombría, lo que favoreció un clima más propicio al feminismo y la aparición de nuevos modelos de relaciones de pareja.

      En conclusión, este número de LA MANZANA sobre imaginarios sociales presenta las diferentes tensiones entre las fuerzas represivas del poder patriarcal y las utopías de la equidad entre mujeres y hombres que trabajan para abrir nuevos senderos. Olas de cambios y resacas conviven en un mismo horizonte. Este dinamismo entre los impulsos hacia el cambio y las costumbres machistas bien arraigadas ilustra parte del paisaje de nuestra vida cotidiana donde tenemos que reinventar nuevas formas de ser hombres y mujeres más acordes con nuestras aspiraciones de libertad, justicia y felicidad.

 


1Coordinador del número. carlolom@educastur.princast.es

2 Editora de La Manzana. serashombrehijomio@yahoo.com.mx