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Alejandra Salguero Velásquez
Palabras clave: paternidad,
identidad, aprendizaje, práctica, recursos culturales. Introducción Actualmente estamos viviendo en un mundo cambiante, complejo y diverso. En el caso de la paternidad, los varones se enfrentan a una búsqueda de identidad que implica un esfuerzo por encontrar puntos de referencia que les permitan comprender su actuación en un ámbito que en términos generales les resulta desconocido. Proponemos analizar este proceso con el apoyo de una metáfora: los padres son inmigrantes en un terreno desconocido, ya que las prácticas tradicionales vividas con sus propios padres, caracterizadas en muchas ocasiones por una escasa participación en las decisiones reproductivas y la crianza de los hijos y las hijas, hoy día son cuestionadas. Algunos varones se han preguntado por esas “nuevas” formas de actuación, particularmente cuando acceden a la paternidad. Algunos refieren que entran a un terreno desconocido que no saben como enfrentar, que no encuentran referentes concretos, que tienen que ir ensayando y construyendo formas de relación día con día, sin saber si lo que hacen como padres es lo correcto. Esto implica para los varones aprender a ser padres en ese territorio desconocido, construir una postura, buscar información y usarla en la práctica. Aunque reconocemos que en la construcción de la identidad es importante la adscripción a categorías sociales establecidas, nos parece fundamental resaltar la construcción de identidad en la práctica, como experiencia viva de participación en unas comunidades concretas que no equivale a una imagen de uno mismo sino que, en lo fundamental, es una experiencia y un despliegue de competencia: “En la práctica, sabemos quiénes somos por lo que nos es familiar, comprensible, utilizable, negociable; y sabemos quiénes no somos por lo que nos es ajeno, opaco, difícil de manejar, improductivo” (Wenger, 2001: 190) . Precisamente por esta razón es que “[c]uando entramos en contacto con nuevas prácticas, nos adentramos en territorio desconocido” (Ibíd., énfasis nuestro). Estamos proponiendo la metáfora de inmigrante para resaltar que hay una gran variedad de cuestiones que tienen que negociarse para saber cómo habitar ese terreno desconocido, donde nada está resuelto o definido de antemano, y que en tal negociación se está construyendo una identidad que se improvisa con lo que se tiene incorporado y los recursos disponibles en los escenarios socioculturales (cf. Holland et al., 1998). Los recursos que se usan pueden ser muy diversos; algunos muy obvios, como los libros, las revistas, las pláticas, la “escuela para padres”, mientras que otros no lo son tanto, como conceptos o procedimientos retomados del ámbito laboral (en particular, de la gerencia). Las diferentes formas de improvisación dan como resultado una manera de ubicarse y experimentar ese terreno novedoso y de construir una identidad como padre.
Podemos empezar nuestra exploración preguntándonos cómo es que los hombres llegan a ese “terreno desconocido”. La metáfora de inmigrantes nos sugiere que en parte es una cuestión que depende de circunstancias que están más allá de su control y en parte es una cuestión de asunción deliberada. La paternidad como proceso sociocultural diverso y complejo se ha incorporado como parte de la agenda en los estudios de género, de las “masculinidades” y de la “sociología de la familia”. La posición ideológica más relevante es el cuestionamiento respecto a la “naturalidad” (como “obviedad”) de las prácticas según las cuales “las madres son las responsables del cuidado y crianza de los/as hijos/as”, en tanto que los padres pueden asumirlo de manera parcial o incluso optativa, bajo el supuesto de que su papel corresponde al ámbito laboral en tanto proveedores. Sin embargo, cambios socioculturales como el movimiento feminista y los discursos en torno a la igualdad de derechos, la participación cada vez más creciente de las mujeres en los ámbitos educativos y laborales, han llevado a cuestionar las prácticas y formas de relación entre hombres y mujeres. En las prácticas de paternidad se han generado algunos cambios a partir de las formas de relación que algunas mujeres han asumido respecto de la maternidad y la crianza de los/as hijos/as. Es hasta los 80’s, como señala Fuchs (2004), que los historiadores, sociólogos y antropólogos se interesaron en la paternidad, tomando como foco a las mujeres como madres y a los hombres como padres, señalando que la historia de la paternidad es inseparable de la historia de la familia y que las familias no son entidades estáticas, son construidas socialmente por padres, madres, hijos e hijas, así como los otros integrantes que de alguna forma participan en dicho proceso de construcción. Las diferencias en las complejas formas de la paternidad a lo largo de los siglos integran aspectos relacionados con las relaciones de poder genérico y las negociaciones entre los participantes. Brannen y Nielsen (2004) señalan que los hombres de generaciones anteriores se mostraban menos dispuestos a negociar los cuidados infantiles, señalando que eso correspondía a las mujeres, en tanto que, actualmente, para algunos padres la crianza de los hijos es algo compartido con la pareja y se involucran de manera directa en el cuidado y atención de sus hijos/as. Algunos autores hablan de una “crisis del padre proveedor”, en tanto que otros prefieren hablar de una “paternidad en transición”; de cualquier manera, forma parte de los procesos de cambio cultural y su impacto en las relaciones de género al establecer relaciones igualitarias de cuidado infantil. De la misma manera, Nehring (2005) señala que en las últimas tres décadas se han llevado a cabo una serie de transformaciones culturales que han tenido implicaciones en las relaciones de género y es necesario indagar las maneras complejas, heterogéneas y variables en que los mexicanos utilizamos esas lógicas culturales para comprender el modo en que llevamos a cabo nuestra relaciones genéricas interpersonales en la vida diaria. Nos parece que un caso particularmente importante es indagar sobre las maneras en que los hombres asumen su participación en las diversas prácticas de la paternidad, ya que los cambios socioculturales en sí mismos no necesariamente hacen que cambien las prácticas. Son las personas las que, a través de los diferentes modos de participación, reproducen, mantienen o cambian las prácticas. De acuerdo con Wenger (: 71) “El concepto de ‘práctica’ connota hacer algo, pero no simplemente hacer algo en sí mismo y por sí mismo; es hacer algo en un contexto histórico y social que otorga estructura y significado a lo que hacemos”. En este sentido, consideramos que la paternidad es una práctica social que incluye tanto los aspectos explícitos como los implícitos de lo que un hombre realiza como padre. Las prácticas de paternidad son distintas en cada momento histórico, grupo sociocultural, incluso en cada familia y en cada hombre, aunque pueden tener en ocasiones elementos compartidos. Como práctica social, ser padre incluye el lenguaje, imágenes, símbolos, roles definidos, criterios especificados, procedimientos codificados y regulaciones en función de una variedad de propósitos del grupo social de pertenencia. Pero, también incluye las relaciones implícitas, las convenciones tácitas, las señales sutiles, las normas no escritas, las comprensiones encarnadas, los supuestos subyacentes y las nociones compartidas de realidad entre los participantes (Wenger). Abordar el estudio de la paternidad nos enfrenta con la diversidad y la complejidad del proceso al que se enfrenta un hombre cuando decide ser padre. De Keijzer (1998) considera que más que hablar de “paternidad” como un tipo de relación, universal y predeterminado de los hombres con sus hijos/as, habría que hablar de “paternidades” en plural, porque hay formas bastante diversas de ejercerla. La paternidad es una posición y función que va cambiando históricamente y tiene variaciones notables de una cultura a otra, así como entre las distintas clases sociales y etnias de un mismo país. Tiene, asimismo, especificidades de acuerdo a la historia particular, y significados distintos a lo largo de la trayectoria de vida de los varones. Para Hoghughi (2004) la paternidad integra las actividades y procesos que conllevan el “ser padre”; es una actividad constante que involucra a los hijos y las hijas, a la madre, el padre y otros miembros familiares en el proceso continuo de relación, donde los participantes tienen diferentes concepciones de sí mismos, diferentes perspectivas que en ocasiones generan conflictos y tensiones. El reconocer la amplia diversidad de las prácticas de paternidad requiere de un enfoque detallado de las diferencias individuales de las familias, de los integrantes y las actividades que realizan, los compromisos que asumen, los recursos disponibles. Es por estas razones que nos parece de fundamental importancia abordar la paternidad como una forma de identidad en la práctica. Así, nos interesa examinar lo que los hombres experimentan (es decir, hacen, piensan y sienten) como padres. Esto no sólo no es obvio, sino que resulta mucho más complicado y diverso de lo que uno podría imaginar. Revisando información documental encontramos que “ser padre” es un concepto con una gran carga de valor, que está asociado, principalmente, con significados “positivos”: producir niños saludables y bien adaptados; asegurar apoyo para los padres cuando envejezcan; afirmar la importancia y valor de los padres al contribuir al mantenimiento y progreso de la sociedad; invertir y transferir “capital social” a sus hijos mediante la transmisión de valores y destrezas; conseguir un nuevo estímulo para y una extensión de la vida de los padres, quienes encuentran “sentido” a su existencia al tener y criar hijos (Hoghughi). Esta enorme carga de valor forma parte de las nociones dominantes y expectativas sociales de lo que es “adecuado” para los padres, la cual se refuerza en la literatura sobre consejos para la crianza, (Walzer, 2004). En la actualidad “ser padre” quiere decir ser “buen padre”: tener paciencia, disponibilidad y estar atento a las necesidades de los hijos. El problema es que no existe acuerdo acerca de qué debería hacerse para lograr las “metas” enunciadas en el párrafo previo, lo cual genera incertidumbre y preocupación en los padres. Además, no es fácil especificar cuándo empieza el aprendizaje relevante y cuáles son los diversos contextos en los que ocurre. Existe una multitud de sugerencias diferentes (e incluso divergentes) de los especialistas al respecto. Todo esto hace resaltar el carácter de búsqueda, ensayo e improvisación del proceso. En consecuencia, más que pensar la identidad como algo unitario y homogéneo, nos enfrentamos a dar cuenta de un proceso diverso y complejo, donde los hombres se enfrentan a un aprendizaje continuo a través de las diferentes prácticas en las que participan y donde van construyendo su identidad. Con Wenger, sostenemos que existe una profunda conexión entre identidad y práctica; ésta supone la negociación de maneras de llegar a ser una persona en ciertos contextos. La negociación puede ser silenciosa y los participantes pueden no hablar directamente de esa cuestión, pero con base en su participación asumen cierto tipo de compromisos para llegar a ser cierto tipo de padres. En suma, la identidad como padre se construye en la práctica, a través de las diferentes formas de participación; no está en la cabeza o la mente de los hombres. La identidad incorpora la temporalidad y el proceso de negociación constante con la pareja, los hijos y las hijas, así como con otras personas, a lo largo de la trayectoria de vida; incorpora un flujo continuo que conecta el pasado y el futuro en el proceso mismo de negociar el presente. Este trabajo es un intento de acercamiento a este complejo proceso desde la perspectiva bosquejada arriba.
Elegimos trabajar con varones de nivel socioeconómico medio porque es un grupo que pocas veces se elige para llevar a cabo estudios sobre el proceso de construcción genérica y, en particular, de la paternidad. Oliveira (1999) dice que es importante dirigir los estudios a segmentos de la sociedad considerados relevantes para abordar temas emergentes, desde el punto de vista de cambios en los valores, actitudes y comportamientos. Consideramos que las experiencias de estos hombres, en su propia voz, podrían contribuir a conformar una visión más comprensiva de sus vivencias, así como los conflictos o dificultades que enfrentan y las maneras como, en dado caso, las resuelven. La investigación integra entrevistas en profundidad realizadas durante 2005 y 2006, con 6 familias de nivel socioeconómico medio del Estado de México . El análisis integra los datos de los varones cuyas edades se encontraban entre 28 y 45 años, con escolaridad de licenciatura y quienes ocupaban puestos gerenciales o tenían su propia empresa, los ingresos por familia se encontraban entre 9 y 15 salarios mínimos. La manera como establecimos contacto con ellos fue a través de una escuela privada de educación preescolar y primaria donde asisten sus hijos e hijas, y ellos participaban en el programa de “Escuela para Padres”. El proceso de negociación y consentimiento informado para la conducción de entrevistas se llevó de manera personal con cada uno de los participantes. Al indagar lo que para ellos representaba ser padres, la expresión que aparecía en sus rostros era de sorpresa, incluso llegaron a cuestionar por qué hacíamos ese tipo de preguntas. A medida que se fueron involucrando en el proceso dialógico de las entrevistas, se fueron dando cuenta de una serie de experiencias sobre las que pocas veces habían reflexionado. Lo que sí señalaron en forma reiterada fue que ser padres era una gran responsabilidad, que implicaba una búsqueda constante. En la siguiente sección presentamos los aspectos más relevantes del proceso de convertirse en padres, como identidad en la práctica.
Los entrevistados señalan que “nadie les enseña como ser padres”, que no tuvieron información, que se enfrentan a una búsqueda por encontrar puntos de referencia que les permitan comprender su actuación en un ámbito en general desconocido, ya que las prácticas tradicionales transmitidas por sus padres ellos mismos las cuestionan y considera que no fueron un modelo a seguir, como comentan Esteban y Mauricio:
Si la relación vivida con su padre no fue un modelo adecuado de cómo ser padre, algunos incorporan experiencias de otras personas. El mismo Mauricio comenta la manera en la cual el esposo de su hermana se involucraba de diferente manera, llegando a señalar: “Yo veía como él trataba bien su esposa, a su niño lo cargaba y lo besaba, yo veía esa actitud y decía ‘yo quiero ser así’, cuando crezca ‘voy a ser así’, me voy a casar y voy a formar una familia y, vamos, ese fue el modelo a seguir […] “. Sin embargo, parte de nuestra reflexión nos lleva a pensar que los hombres cuando ingresan al ámbito de la paternidad, más que buscar un modelo se enfrentan a un proceso sumamente complejo de búsqueda de identidad como hombres y padres. Como señala Figueroa (2000), la paternidad es un proceso de relación donde se construye la identidad como persona de los partícipes, dicho proceso no puede imaginarse al margen de la construcción de género masculino y dentro de ella en particular. También Nauhuardt (1999) considera que una determinada manera de vivir el hecho de ser padre corresponde a una cierta forma de ser hombre. El marco genérico donde se construyen los hombres, cómo se valoran, actúan y piensan, cómo consideran las relaciones con los demás, es el marco donde se construyen los padres.
La identidad como padre se construye en la práctica, a través de las diferentes formas de participación, no está en la cabeza o la mente de los hombres; la identidad incorpora la temporalidad y el proceso de negociación constante con la pareja, los hijos y las hijas a lo largo de su trayectoria de vida; incorpora un flujo continuo que conecta el pasado y el futuro en el proceso mismo de negociar el presente. La búsqueda de identidad como padres incorpora el pasado de las experiencias vividas, el ejemplo de sus propios padres como modelos a no seguir, bajo la premisa de que quisieran ser diferentes, llevándolos a buscar referentes sobre esas formas distintas de ser, lo cual rompe con la idea de naturalidad e incorpora el proceso de cambio en el aprendizaje; van aprendiendo y construyendo una identidad, una manera particular de ser hombres y padres. Los entrevistados dan cuenta de un proceso complejo para llegar a ser padres, para construir una postura como padres, la cual van negociando de manera continua con la pareja, desde la decisión de formar una familia. Ésta no es una decisión en abstracto, implica un proceso de reflexión y negociación de significados, donde incorporan la experiencia vivida en sus familias de origen, pero también la posibilidad de estructurar una identidad, como pareja y padre, distinta. Dice Esteban:
La idea de formar una familia y los significados de papá proveedor y mamá dedicada a las labores de la casa forman parte del marco de referencia de la familia de origen. Sin embargo, es hasta que se vive en pareja cuando se replantean dichos significados y posturas, donde van negociando las formas en que desean vivir. No es una elaboración individual, se va negociando con la pareja, de acuerdo a sus recursos y posibilidades. Como señala Guest (2002), se incorporan las expectativas, los compromisos y obligaciones de los que integran el hogar. Esto puede incluir la asignación de deberes familiares y compromisos contraídos fuera. Es a través de la práctica misma de hacer familia que se establecen los objetivos y metas (no siempre explícitos) como familia, donde se incorpora la posibilidad de ser un tipo específico de padres. Implica el establecimiento de relaciones de responsabilidad como la planeación de los/as hijos/as una vez que se logra estabilidad económica y como matrimonio, así como la preparación durante el embarazo.
Ser padre se concibe mejor como un conjunto de improvisaciones (acciones que ocurren cuando nuestra experiencia incorporada encuentra una combinación de condiciones y circunstancias para las que no tenemos respuesta establecida), que se apoyan tanto en nuestra experiencia incorporada como en los recursos culturales disponibles y surgen en respuesta a las posiciones de sujeto que se nos ofrecen en el presente (cf. Holland, Lachicotte, Skinner y Cain, 1998). Desde esta perspectiva, el proceso se va conformando en el encuentro con las circunstancias para las que no se está preparado, las cuales conducen a que se eche mano de cualesquier recursos disponibles, pero que en primera instancia se vive con una sensación de extrañeza. Como comentan Rafael y Esteban:
El “y ahora qué, qué pasa después” los lleva a una búsqueda constante, implica asumir nuevas responsabilidades y compromisos, involucrarse en un proceso de aprendizaje continuo para conocer las necesidades de los/as hijos/as a través de las rutinas cotidianas que incluyen los horarios de comidas, los momentos de sueño, las formas de llanto, etc. Como señala Mauricio:
Ser padre incorpora el aprendizaje continuo en la práctica, donde van creando historias de compromiso mutuo, de responsabilidad tanto en la familia como en su ámbito laboral. Al nacer su hija, Mauricio comenta: “mi actitud fue diferente en mi trabajo […], a una forma más responsable cien por ciento y eso me ayudó mucho en mi trabajo, llegaba más temprano, nunca he faltado a mi trabajo desde entonces” (E2). Esto es un ejemplo de que la construcción de identidad implica una manera de sopesar y balancear la participación en diversos contextos de práctica a través de la construcción de una postura (Dreier, 2005) o de construir un nexo de multi-afiliación (Wenger). Ser responsable en el trabajo permite cubrir las necesidades económicas de la familia, pero, como ellos mismo mencionan, “ser proveedor no es suficiente, ahora tienes que hacer muchas cosas, estar al tanto de las necesidades de los/as hijos/hijas, darles tiempo, ser buen padre”. Esto va conformando una forma de ser y estar en esa nueva situación, una identidad como padre a través de la participación, involucrándose en nuevas actividades en ese terreno desconocido, algunas de las que generan miedo e incertidumbre:
Aprender a ser padre incorpora de manera continua la relación con la pareja, es ésta quien muchas veces los va acompañando y guiando en ese terreno, donde van negociando acuerdos o desacuerdos sobre las formas de participación a través de las diferentes perspectivas:
La pareja juega un papel importante en el proceso de aprendizaje como padres, sin embargo, como madres, también se enfrentan a una serie de dudas e incertidumbres en la práctica de la maternidad, de tal forma que inician una búsqueda constante a través de diversos recursos culturales para encontrar referentes que les permitan llevar a cabo su labor como madres y padres.
Habría que situar porqué los padres se involucran en la búsqueda constante por encontrar referentes que les permitan llevar a cabo su labor como padres. Por un lado, existe un discurso dentro del contexto político donde, una preocupación de los gobiernos, es colocar a la familia en el centro de la agenda política, bajo la idea de que “la paternidad inadecuada” es el origen de serios problemas sociales (conductas antisociales). Por lo tanto, se trata de “regular la crianza de los padres” con las habilidades para educar a hijos/as. La intervención en la esfera privada de la familia, bajo la idea de que los padres pueden fallar en la “educación” de sus hijos, se ha incorporado como parte de la política pública, donde la crianza puede ser re-posicionada como pública más que privada y el Estado puede tomar la responsabilidad para inculcar la práctica de ser “buenos padres” (Gilles, 2005). Esto ha sido un punto de análisis
y discusión para diferentes Organizaciones No Gubernamentales,
ya que en el contexto político el término de intervención
y apoyo sugiere la ayuda directa en la forma de beneficios materiales
(como apoyo a los padres para involucrarse en la atención de sus
hijos, horarios flexibles en los ámbitos laborales). Sin embargo,
la atención desde el Estado se dirige a crear los “centros
de expertos” que proveen información y consejos “autorizados”
sobre “buenas prácticas” de ser padre, cuya finalidad
es regular las prácticas de crianza, sobre todo a través
de los programas escolares de “Escuela para Padres” de la
Secretaría de Educación Pública. El énfasis en que los padres “adquieran y enriquezcan sus destrezas en la crianza de sus hijos para favorecer su sano desarrollo” puede ser una gran preocupación para los padres, involucrándolos en una búsqueda continua a través de diferentes recursos culturales como los libros, revistas, películas, conferencias y pláticas impartidas en la “Escuela para Padres”. La búsqueda se inicia desde que se incorpora la posibilidad de ser padres a través del embarazo y continúa permanentemente a lo largo de la trayectoria de vida como padres:
Aquí quisiéramos incorporar un cuestionamiento a manera de reflexión sobre las revistas de “consejos para padres”. Sunderland (2006) reporta un estudio sobre la representación de la paternidad en las revistas comerciales dedicadas al cuidado de niños pequeños para padres heterosexuales. Las revistas, si bien presentan una versión mediada de la paternidad, también pueden construir la paternidad –textualmente, sobre la página. En este sentido, las revistas junto con “el contexto cultural, trabajo y relaciones familiares” contribuyen a la identidad de los padres en el proceso de construcción social. Hay un discurso social dominante sobre las prácticas donde se sigue considerando a la madre como “cuidadora principal” y al padre sólo de manera parcial. Es importante identificar los diferentes discursos de la paternidad, saber cuál es su posición y de dónde vienen, ya que se incluye a los padres en algunas revistas, pero no como los actores principales del cuidado de los hijos, la voz de la “experiencia” es la de las madres, no la de los padres. Los estereotipos de género “tradicionales” en el ámbito familiar se reciclan de manera constante. Las mamás son las personas responsables en la “socialización” de los niños, son las cuidadoras principales. Las relaciones de género sobre “ser padre” no se problematizan. De igual manera, LaRossa (2004) señala que los manuales Infant Care y Baby and Child Care, cuya distribución era gratuita y servía como guía para muchos padres en EUA, si bien hacían la invitación para que los padres se involucraran en las vidas de sus hijos y enfatizaban la importancia de que las madres y los padres “trabajaran juntos”, al discutir sobre qué hacer cuando el bebé enfermaba, se responsabilizaba por completo a la madre. De igual forma, empiezan a aparecer fotografías de papás cargando a sus bebés o dándoles el biberón, pero en cantidad significativamente menor que las imágenes de las madres dedicadas al cuidado de los hijos. A pesar de que se invitaba a los padres al cuidado de sus hijos, el rol atribuido a los hombres era periférico. Se promovía que los padres establecieran contacto con sus hijos desde el inicio, pero que lo hicieran “ocasionalmente”, que los hombres no deberían ser “forzados” a “ayudar”, que las esposas “debían comprender” esas “cuestiones” para que los padres llegaran a “aceptar, amigablemente, ser padres”. Estos señalamientos dejaban implícito que quienes debían llevar a cabo la crianza de sus hijos eran las madres, haciendo claras distinciones de género. Bajo las consideraciones anteriores, resulta aun más delicado analizar el proceso de búsqueda por encontrar referentes que les den indicios para llevar a cabo su práctica como padres, que no remite a un solo recurso, como las revistas, sino que incluye los libros:
También las pláticas y conferencias impartidas en la “Escuela para Padres”:
El proceso de construcción como padres se podría asumir de manera diferencial en función de las oportunidades de participación en las relaciones y prácticas con hijos e hijas, muchas veces sometida a una tensión específica: abanderar un proceso de institución de nuevas prácticas e ideas acerca del desarrollo de los niños y del vínculo de éste con las características de la vida familiar. Lave y Wenger (1991) colocan el énfasis en las oportunidades que las personas encuentran y construyen en la práctica para lograr el acceso a los recursos que les permiten aprender, más que a los momentos en que se despliegan acciones de enseñanza. Es a través del intercambio de experiencias entre el padre, la madre y los hijos y las hijas donde se construye la identidad, donde aprenden resolviendo problemas prioritarios y organizándose en el proceso.
En muchas ocasiones consultar libros y asistir a las conferencias y pláticas de la “Escuela para Padres” se pueden considerar como recursos que les permiten encontrar respuestas a las múltiples interrogantes que se presentan en su práctica como padres. Sin embargo, es en la práctica y la experiencia real con los hijos en donde se estructuran las formas como van a abordar las situaciones; no es sólo el recurso cultural del libro o las conferencias, sino el hecho de poner en práctica el conocimiento en las diversas formas de relación con el hijo o la hija, o cuando se enfrentan a conflictos en la vida en pareja. Los entrevistados comentaron que en varias ocasiones tuvieron que recurrir a otro recurso cultural: el apoyo de especialistas para resolver algunas situaciones conflictivas con la pareja o con los hijos y las hijas, pues no saben cómo actuar, cómo resolver, bajo el entendido que “la voz autorizada del especialista” podía influir en el proceso para llegar a tomar acuerdos.
No obstante, la idea es buscar elementos que les permitan enfrentar las situaciones difíciles, encontrar respuesta a las múltiples preguntas que se generan en la práctica para que su familia y el desarrollo de los/as hijos/as sean mejor. Existen otro tipo de recursos que no son tan obvios, como conceptos o procedimientos que provienen del ámbito laboral, particularmente del ámbito gerencial. En el caso de los entrevistados, dan cuenta de una estrecha relación entre los recursos que provienen del ámbito laborar y la manera como los incorporan en la familia. Particularmente en el caso de Esteban, durante los primeros seis años de matrimonio construye su identidad de padre sólo como “proveedor”, siendo Gerente de alto nivel, con buen sueldo, viajes al extranjero, etc., bajo la posibilidad de vivir como una familia tradicional, donde la esposa cumplía las labores de ama de casa y cuidado de los hijos, ya que él no tenía tiempo. Es en el proceso de re-estructuración del hacer familia, donde se enfrenta a una serie de conflictos con su esposa llegando a plantearle el divorcio, ya que su idea de familia y matrimonio es otra, aún y cuando acuden al apoyo psicológico para resolver las diferencias, se plantean como posibilidad el establecimiento de su propia “empresa”, a través de la construcción negociada de una forma alternativa de ser familia, que les permita pasar más tiempo como pareja y con sus hijos. Es donde se va elaborando un cambio de identidad como padre, de ser sólo proveedor a “Estar comprometido al cien por ciento con tu familia”, donde se incorporan ciertos artefactos de los discursos y prácticas gerenciales.
Estos recursos derivados de la práctica gerencial jugaron un papel crucial en la improvisación de una manera alternativa de hacer familia, por ejemplo, elaboran sus hojas de “Planeación Mensual” (una lista de pequeñas cosas que hacer en casa, como reparaciones, etc.), de las actividades que cada uno de los integrantes debe realizar independientemente del género (entre las cuales incluyen lavar, planchar, recoger la mesa, las recámaras, etc.). La “Planeación Anual” donde establecen los objetivos, metas y actividades a realizar por cada uno de los integrantes de la familia. Y su libro con la “Misión y Visión Familiar”:
Durante la entrevista estaban presentes los dos, él y su esposa. Dando cuenta de un proceso de elaboración conjunta, ella comenta:
Si bien, los recursos derivados de la práctica gerencial jugaron un papel crucial en la improvisación de una manera alternativa de hacer familia, también se incorporan en el proceso de construcción de la identidad como padre, bajo la idea de ser un padre que pudiera estar más tiempo con la pareja, su hijo e hija, participar de las actividades de manera conjunta, pues, desde su perspectiva:
En el caso de Esteban, aparece “un rechazo del tiempo de calidad”, lo que cuenta es la presencia y participación constante, posibilitado a partir de los recursos y condiciones de vida, lo que no siempre es posible en la vida de los varones. Por ejemplo, en el caso de los demás entrevistados, quienes tienen que permanecer prácticamente todo el día en sus ámbitos laborales, la posibilidad es la incorporación y “aceptación del tiempo de calidad”.
Para ellos el tiempo de calidad, como menciona Mauricio, es “estar juntos, pero estar aprovechando y estar aprendiendo de tus hijos y estar enseñándoles cosas” (E3), ocupan los sábados y domingos para involucrarse y participar en actividades como preparar el almuerzo, hacer la comida, ver la situaciones en las que están fallando los/as hijos/as, salir de paseo, jugar, ver cosas pendientes de la casa como reparaciones, compras de despensa, arreglo de ropa, etc. Y durante la semana, hacen uso del teléfono para comunicarse con los hijos y las hijas, dejan abierta la posibilidad de que les llamen en cualquier momento, cuando se les presente alguna dificultad en casa o al resolver tareas escolares, estableciendo una modalidad distinta de relación entre padres e hijos/as. La falta de tiempo para ellos llega a representar un conflicto, el cual es mediado a través de la pareja, aún así, llegan a comentar que el tiempo dedicado a sus hijos/as…
Los entrevistados señalan que se sienten mal por el poco tiempo que tienen para estar en casa, pero que “no hay de otra”, que su trabajo también es importante, ya que deben cubrir las necesidades económicas, para sobresalir y darles una vida mejor. El modo como refieren su participación en las maneras de hacer familia, incorpora una diversidad de recursos culturales, de búsqueda continua, de ir ensayando formas distintas de ser hombre y de ser padre, de construir una postura, una identidad en constante cambio que incorpora un proceso reflexivo, ser un padre diferente implica un nivel de competencia que en muchas ocasiones va acompañado de conflicto.
El camino recorrido por éstos varones para construir una identidad como padre, se realiza bajo la preocupación constante de ser un “buen padre”, como comenta Mauricio: “para mí ser un buen padre es el que está al pendiente de sus hijos y es responsable, que les enseña con el ejemplo, ese es ser un buen padre” (E1). Esto los lleva a un proceso de búsqueda continua por encontrar referentes, implica un proceso de negociación continua con la pareja, con los hijos y las hijas, pues son ellos quienes les han cuestionado su actuación en muchas ocasiones, llegándoles a decir: “no seas tan enojón”, “me prometiste llegar temprano y no cumpliste”; esto los coloca en posición de padres bajo la mirada de los otros, llevándolos, en ocasiones, a inventar nuevas prácticas, más comprometidas. Southerton (2006) considera que un componente que afecta las prácticas familiares es el grado de involucramiento, sincronización y coordinación entre los participantes, lo cual conlleva un grado de tensión, ya que las perspectivas de cada uno de los integrantes de la familia son distintas, de ahí que la negociación de las diferentes perspectivas como mamá, papá e hijos/as sea un elemento importante. Los entrevistados refieren que para llegar a ser un “buen padre” les hace falta establecer más comunicación, aprender a comunicarse con sus hijos/as pues todo el tiempo están cambiando, atravesando por diferentes momentos en su desarrollo, que en ocasiones es difícil llegar a establecer acuerdos con sus hijos/as por tener diferentes puntos de vista, diferentes perspectivas. Ser padre implica un grado de competencia, el cual se van adquiriendo en la medida en que se involucran y se comprometen en la práctica como padres. Esteban comenta al respecto:
Es interesante notar como refiere su incompetencia al período en el que no se comprometía, cuando asumía sólo su papel de padre proveedor, pero cuando se da el cambio en su identidad como padre involucrado con la familia y los hijos, va incorporando habilidades para relacionarse de manera diferente, preparándose constantemente para ser papá, para establecer relaciones de respeto con sus hijos/as.
La influencia de los/as hijos/as se incorpora dentro del proceso de aprendizaje del ser padre, comentan que “un niño te enseña muchísimo, te va diciendo cómo actuar”, que de ellos y ellas también han aprendido a ser papás. Ser padre es un proceso continuo, implica una búsqueda constante, como señalan los entrevistados: “tenemos que buscar información, leer mucho, y por otro lado, ‘que es la parte más difícil’ sentarte y reflexionar constantemente sobre lo que estás haciendo, eso sería la mejor escuela, o sea, a ver, qué pasó con mi hijo, qué hice, cómo lo estoy haciendo y compartir la información ¿no?” (Esteban E2).
Existen diversos indicios de que su forma de vida de alguna manera entra en conflicto con la de otros, sean estos familiares o conocidos. En el caso de los padres que intentan ser diferentes, reciben una serie de críticas por transgredir el “deber ser” socialmente instaurado, donde los hombres son poco comprometidos con la familia, no pasan tanto tiempo con los/as hijos/as y la esposa es la que debe hacerse cargo de las labores de la casa. Atreverse a ser “diferente” atenta contra lo establecido, genera incertidumbre, pone en cuestionamiento las maneras en que se supone que deben ser los hombres. Nos parece importante dar voz a uno de los entrevistados, Esteban, quien comenta a través de las diferentes entrevistas lo siguiente:
La manera como él ha asumido el compromiso con su familia, y debido a que es muy apapachador con su hijo e hija, sus primos dicen: “yo lo he escuchado: ‘¿te besa tu papá y te hace esto y…?’ o sea, como que es algo fuera de lo normal” (E1). Comenta que “mucha gente nos ha dicho ‘oye por qué contratas a alguien que te haga el quehacer, qué no lo puede hacer tu esposa?” (E1). Esta manera de ser hombre, ser padre y hacer familia de manera distinta a como convencionalmente se supone que debe ser un hombre, un padre, es muy criticada, a tal grado que le han planteado:
Enfrentar su postura diferente en este mundo social, donde intentan romper con los estereotipos establecidos, es conflictivo, resulta difícil, pues atenta contra el “deber ser”. En el caso de los entrevistados, implica una lucha constante por construirse como una persona distinta, un esposo y/o un padre diferente, donde van ensayando, buscando, improvisando y confrontando. Como comenta el mismo Esteban:
Quisimos dar espacio a las voces de los entrevistados, porque de alguna manera reflejan las experiencia de lo que viven, en su búsqueda, en sus improvisaciones por ser padres diferentes y los conflictos que eso representa.
Ser padre puede verse como un proceso situado dentro de una práctica local controvertida que va más allá de la crianza infantil y la relación de pareja (aunque ambas puedan hallarse en su centro): hacer familia. Dentro de esta práctica local se realizan concretamente y se apropian específicamente luchas duraderas más amplias (por ejemplo, igualdad de género, relación trabajo-familia), donde se incorpora un proceso de aprendizaje continuo, donde se van ensayando formas de relación con la pareja, con los hijos y las hijas, donde van estableciendo procesos de negociación, ajustando sus tiempos y actividades laborales, recurriendo a recursos culturales como libros, revistas, películas, conferencias y pláticas en la “Escuela para Padres”, o incluso recursos culturales no tan obvios como los derivados de su ámbito laboral, específicamente del ámbito gerencial como la planeación específica de metas familiares, con el objeto de encontrar y extraer sugerencias o indicios en su práctica como padres lo cual va conformando una identidad siempre cambiante, ajustándose de manera temporal en los diferentes momentos y requerimientos de su trayectoria de vida.
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