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Representaciones Sociales:
de la violencia y las relaciones de género en los y
las jóvenes de áreas marginales

Margarita Ortiz


Resumen


El trabajo de investigación-acción sobre las representaciones sociales de la violencia de los y las jóvenes de zonas de marginación y de alta inseguridad de Ciudad Guatemala, permite entrar en el universo de las maras, de jóvenes víctimas de todos los abusos (sexuales, físicos, económicos, políticos…) tanto en su hogar como en la calle, y que logran pasar de la delincuencia al activismo, hacia los derechos de las niñas y de los niños involucrándose en actividades comunitarias y políticas con ellos. Como sobrevivientes de la violencia, las y los jóvenes desarrollan una mirada lúcida de sus mecanismos y de los daños que provoca. Aprovechan las oportunidades de tener una vida mejor que se les ofrecen y, de victimarios que repiten las ofensas que recibieron, se vuelven actores sociales conscientes de la necesidad de revertir la situación y de ofrecer una mejor protección a las niñas y a los niños de su comunidad. Blancos de las políticas de limpieza social, de esa ideología de mano dura que piensa que eliminado a la “escoria” una sociedad logra acabar con la violencia, estos jóvenes peligran por la falta de visión de las autoridades que no logran mirar la violencia con una actitud responsable, entender sus mecanismos profundos, para elaborar herramientas que se apoyen en el potencial humano en la búsqueda de una mayor felicidad.

 

Abstract

On relation with the social representations of violence among youngsters of poor areas and the high level of insecurity in the city of Guatemala, the work of research-action allows us to enter in the word of the ‘maras’ of the young victims—of any kind of abuse, be it sexual, physical, economical, political and so on— both at home and at public places, who manage to surpass the level of delinquency and reach activism, and take action regarding the rights of children involving in communitarian and political activities among them. As survivors of violence, the young develop a clear vision of violence and its consequences. They take advantage of the opportunities of having a better life condition than they one they and their victimizers have, and thus, they became conscious social participants of the need to turn around the situation and offer a better protection to the children of the community. Those youngsters, victims of the social cleansing politics—iron fist ideologies who think the elimination of the social ‘scums’ will stop general violence—are endangered due to a lack of vision from the authorities, who are incapable of approaching the problem with a responsible attitude, much less understand its deep mechanisms, to produce efficient tools to support the human potential for the pursuit of greater happiness.

 

Introducción

Se realizó esta investigación con el objetivo de identificar las representaciones sociales de la violencia y las relaciones de género en los jóvenes y las jóvenes de áreas urbano marginales de la Ciudad de Guatemala que forman parte del Proyecto Educativo Laboral Puente Belice (P.E.L.P.B). Así como proponer alternativas de transformación social emancipadoras de acuerdo a los aportes de las y los jóvenes.
Al plantear la problemática, se parte de que el sistema económico-social imperante donde predominan las injusticias ha influido en lo íntimo de las familias y grupos sociales, propiciando relaciones interpersonales violentas, basadas en la competitividad, que obliga al fuerte a vencer al débil; asimismo, el sistema patriarcal fomenta creencias que justifican al agresor colocando a las mujeres en desventaja, con más posibilidades de ser agredidas.

Las jóvenes y los jóvenes de áreas urbano-marginales han sido estigmatizados por el Estado guatemalteco, ubicándolos como el centro del problema de violencia. Frecuentemente integrantes de aparatos represivos del Estado llegan a esos lugares para ametrallarlos, arguyendo “limpieza social”. Las muertes violentas de jóvenes ha tomado dimensiones alarmantes, hecho que ha sido demostrado por la Procuraduría de Derechos Humanos y aceptado por el Estado (Samayoa, 2007).

Algunos de estos jóvenes son utilizados por los narcotraficantes, quienes los obligan a realizar actividades que muchas veces no desean efectuar, como transportar, vender o comprar droga. Y, estando en medio de una guerra de fuego cruzado entre las maras y las pandillas (cuyas características son abordadas más adelante), son obligados a pertenecer a la mara local.

Los jóvenes y las jóvenes de áreas urbano-marginales en un sistema de violencia, incluso desde muy temprana edad, han sido maltratados por los vecinos o por sus propios familiares, con tendencia a repetir las agresiones de igual manera hacia otras personas, quienes por lo regular son menores que ellos o más vulnerables.
Algunos jóvenes se integran a la mara porque creen que de esta manera vengan la violencia ejercida en su contra; en otros casos son obligados a pertenecer a ella. De esta manera llegan a ser consecuencia y parte del problema.

No obstante, a otros jóvenes, como algunos de los sujetos de esta investigación, pese al ambiente hostil por las amenazas constantes de la mara, la familia o los aparatos represivos del Estado, pareciera no matárseles las esperanzas juveniles. Al brindarles algunas oportunidades, como formación académica, empleo y fortalecimiento humano, con acompañamiento psicológico, individual y grupal, muestran que pueden ser parte importante de la solución de la violencia que amenaza a la población, hasta llegar a influir en sus mismas comunidades y así contribuir a la transformación social.

Por eso, este trabajo se hizo necesario para descubrir cuáles son las representaciones sociales de la violencia en los jóvenes y las jóvenes sujetos de esta investigación-acción; es decir, conocer qué piensan, cómo la simbolizan, qué significa, cómo la han experimentado y cuál es su sentir, lo que permitirá revelar por qué unos jóvenes deciden no formar parte de una agrupación violenta (mara, pandilla u otros grupos violentos como sicarios, narcotraficantes, grupos paralelos, etc.) y otros sí. Esto contribuirá a mejorar el trabajo de prevención iniciado en el Proyecto Educativo Laboral Puente Belice y así saber si se está cerca o lejos de hacer realidad la reconstrucción del tejido social.

 

Contexto

Los jóvenes y las jóvenes participantes de esta investigación, como se ha mencionado, viven en áreas urbano-marginales: los barrancos de las zonas 6, 18 y 5 de la ciudad metropolitana de Guatemala. Entre sus pobladores hay inmigrantes del área rural, quienes tuvieron que desplazarse a la ciudad por falta de empleo; también hay personas que perdieron su casa en el terremoto de 1976 o por los constantes desalojos a raíz del problema de tierra que persiste a través de los años; en su mayoría estas colonias fueron conformadas por sobrevivientes del conflicto armado que duró 36 años (1960-1996) y desarticuló sobre todo a las comunidades indígenas.
Por la exclusión y la discriminación, al igual que en muchos otros países de América Latina y del mundo, los pobres se ven obligados a situarse en las laderas de la ciudad. Son los más vulnerables geográfica y socialmente. Sus pobladores están constantemente amenazados por las lluvias que pueden derrumbar sus viviendas o por la violencia cotidiana que incluso afecta en lo íntimo de las familias.

Como parte del mundo donde impera la violencia, Guatemala es, en la actualidad, uno de los países con altos índices de violencia, mencionada cotidianamente en los diferentes medios de comunicación, en donde se informa de secuestros de adultos que han aparecido torturados y asesinados o de niños, adolescentes o jóvenes, siendo estos últimos los que con más frecuencia han sido víctimas de las ejecuciones extrajudiciales; en el caso específico de las mujeres, los asesinatos han ido en aumento alarmante.

Muchos de éstos jóvenes han sido excluidos del sistema educativo por falta de recursos económicos o por tener que trabajar para ayudar en los ingresos familiares.
Según la Procuraduría de los Derechos Humanos más de 900,000 niños, niñas y adolescentes trabajan muchas veces en tareas de alto riesgo y, como resultado, un gran porcentaje abandona el sistema educativo (PDH, 2005). Así también lo afirma la Ministra de Educación, María del Carmen Aceña, quien manifestó que únicamente el 1% que inicia su escolaridad continúa sus estudios; esto implica que el 99% se queda sin estudios y al no encontrar un empleo digno es más vulnerable a la violencia y presa fácil para explotadores de toda índole.

La marginación juvenil se percibe, mayoritariamente, como parte integral de las estructuras, sistemas, prácticas, dinámicas y escenarios que conforman a la sociedad en general, y no como un problema promovido o ejercido por un grupo particular.

En estas zonas urbano marginales predominan las pandillas y las maras, que son grupos de jóvenes que luchan violentamente por el poder sectorial. Maquieira (2005) jesuita fundador del P.E.L.P.B., quien vivió en el barranco debajo del Puente Belice durante siete años, afirma que las maras son una forma de rebelión ante la situación de exclusión. Podría decirse que ellos mismos prefieren excluirse creando su propio grupo antisocial, antes de reconocerse y sentirse excluidos por otros. Viene a ser como una actitud de defensa preventiva.

Los asentamientos afectados por la violencia cotidiana son fundamentalmente barrios desarticulados, desorganizados, abandonados y empobrecidos.

La etapa de posguerra que vive el país ha dejado como secuela una “cultura” y una “estructura” de violencia que en los últimos meses ha llegado a incrementarse al extremo de registrarse, para finales del año 2005, más de 800 muertes violentas de adolescentes y jóvenes (PDH), dato que aumenta en el año 2006 (BBC Mundo, 2006); y continúa en el 2007, registrándose en el mes de febrero del presente año 310 ejecuciones extrajudiciales, varias de estas muertes con señales de tortura; muertes que están legitimadas por la mal llamada “limpieza social” (Samayoa). Las víctimas de la violencia son principalmente adolescentes y jóvenes entre 11 y 25 años de áreas urbano-marginales; no así los jóvenes de clase alta que también forman parte de las maras y pandillas que ejercen violencia.

Estas comunidades son lugares donde sus niños y niñas han tenido que crecer en situación de precariedad, de falta de oportunidades y de un entorno hostil y violento. Por ello, no es extraño que los pandilleros acepten vivir comprometidos con la muerte, si las pandillas les ofrecen cierto nivel de solidaridad y reciprocidad que no han conocido en sus entornos familiares ni comunitarios (Maquieira).

Las comunidades afectadas por la violencia son lugares en donde la actividad comunitaria gira alrededor de los expendios de aguardientes o de los lugares donde se distribuyen y consumen drogas. Son comunidades donde la incapacidad para resolver el problema de la violencia, la inseguridad y las pandillas provoca que la gente utilice aún más la violencia de manera privada o que, en su lugar, apele al uso de la fuerza por medio de la policía o las autoridades estatales, las cuales entran en la comunidad y, sin tomar en cuenta las dinámicas propias, reprimen, controlan y luego se retiran, dejando a la comunidad más desarticulada, más suspicaz y más desconfiada que antes (Maquieira).

El modelo económico actual mantiene políticas que generan y perpetúan exclusión, pobreza, terror y muerte. Siendo los estratos más afectados las poblaciones indígenas, las mujeres, la niñez y la juventud (PDH).

La pobreza y la exclusión por vía de procesos de segregación social impide que los ideales sobre los que se funda el Estado guatemalteco, según la Constitución Política de la República (artículos 118 y 119), se hagan efectivos y por tanto estemos muy lejos de dar viabilidad política al país (AVANSO, 2005).

Además se imponen políticas internacionales de “mano dura” o “super mano dura”, políticas sociales y comerciales excluyentes y violentas que atentan contra los países empobrecidos.

Es sabido, por varias investigaciones realizadas, que el fenómeno de las maras no nace en los barrancos, sino es un fenómeno que nace en Estados Unidos, constituyéndose en una gran red internacional muy relacionada con el narcotráfico, el tráfico de armas, la venta desmedida de armas legales e ilegales de todo tipo. En Guatemala este fenómeno se ha fortalecido al unirse a la situación de posguerra, donde las heridas aún no han sanado y las causas del conflicto armado no han sido resueltas; todo lo contrario, las desigualdades se marcan aún más aprovechándose de la vulnerabilidad de los empobrecidos, siendo sus principales víctimas los niños y jóvenes, destruyendo el tejido social.

 

Fundamentación teórica

La función de la teoría no pretende legitimar esta investigación, porque, como lo afirma Jodelet (2002), lo más importante es el cuestionamiento sobre los resultados que obtiene en términos de eficacia social o de producción de efectos de conocimiento. Es sumamente importante hacer de la psicología una disciplina social que contribuya a transformar patrones de opresión colonialistas y violentos.

Esta investigación etnográfica se centra en la teoría de las representaciones sociales, íntimamente relacionada con la teoría de género porque para esta investigación es fundamental partir de la realidad del joven desde su contexto, sus prácticas, sus pensamientos, su imaginario y sus experiencias.

Abordar el tema desde las representaciones sociales de los jóvenes de áreas marginales permite partir del sujeto para la aproximación de la realidad violenta que actualmente les toca vivir, y explorar sus significados, sus experiencias, su sentir y actuar, así como identificar sus valores y sus valoraciones.

La teoría de género enriquece el análisis y la interpretación porque permite conocer las desigualdades y la violencia que generan las luchas de poder y de falta de oportunidades. Desde esta perspectiva se analizan e interpretan las estructuras sociales, las dinámicas de los sistemas (principalmente el patriarcal y neoliberal), así como las relaciones interpersonales y el impacto en la persona.

Ante el fenómeno de la violencia juvenil se han realizado varias investigaciones, pero muy pocas se aproximan al fenómeno desde los jóvenes mismos. Para esta investigación es fundamental conocer las expresiones y las representaciones de los jóvenes estigmatizados negativamente por ser de zonas urbano-marginales, porque se considera que como seres humanos en una realidad concreta tienen mucho que aportar y contribuir a la solución de la problemática; ya que hasta el momento el Estado guatemalteco –al igual que el de El Salvador, Honduras y otros países– les ha reprimido, herido, torturado y asesinado mediante la aplicación de políticas de “limpieza social” y “mano dura”, sin solucionar ni atender a fondo la problemática.

La teoría de las representaciones sociales es utilizada en esta investigación en su corriente Latino Americana porque permite “entender mejor cómo la subjetividad se hace realidad” (Hartog, 2007), así como admitir una perspectiva utópica transformadora. Permite estudiar el fenómeno de violencia juvenil en su complejidad psicosocial. En este sentido la subjetividad, siguiendo a González Rey, no es una organización intrapsíquica que se agota en el individuo, sino un sistema abierto y en progreso que caracteriza también la constitución de los procesos sociales.

Denise Jodelet es una de las autoras que ha trabajado en esta corriente latinoamericana y son muy valiosos sus aportes. Afirma la afinidad intelectual con varios autores latinoamericanos como Martín Baró, Montero y Díaz-Guerrero, entre otros. La psicóloga social francesa ha estudiado fenómenos relacionados con las representaciones sociales, como la evaluación a barrios que realizó en 1976 en París, permitiéndose el acercamiento y entender las capas desfavorecidas de su propia sociedad, además de varias investigaciones significativas por los hallazgos cualitativos y otros estudios que le han permitido acercarse a la realidad latinoamericana (Jodelet, 2002).

Ella define las representaciones sociales como: “Una forma de conocimiento socialmente elaborado y compartido, orientado hacia la práctica y que concurre a la construcción de una realidad común a un conjunto social” (Jodelet, 1989). Mientras, Clemente y Doise (1994) afirman que las representaciones sociales son saberes sociales que intervienen en la elaboración, el mantenimiento y la transformación de las relaciones sociales, para entender mejor las teorías del sentido común, las creencias y la parte de subjetividad y de afectividad hacia un objeto social dado.

Por lo anterior se considera que el tema en cuestión es un objeto de estudio de representaciones sociales, porque la violencia es un problema actualmente polémico, está presente en las conversaciones cotidianas, donde existen varias reacciones y, particularmente, para el grupo participante de esta investigación el tema es un reto que les lleva a generar tomas de posición. Además, es un tema que está presente en los medios de comunicación social y hace referencia a los valores y valoraciones.
Se recurre a otros autores que contribuyen a este estudio complejo, como por ejemplo: Urie Brofenbrenner, que permitirá hacer un análisis e interpretación desde su modelo ecológico en cuanto al microsistema, mesosistema y macrosistema. Y en este mismo sentido Sotolongo, quien estudia la sociedad como sistema dinámico complejo, permitirá el análisis de los vínculos entre los sistemas como prácticas cotidianas.


Metodología

Se asume la metodología cualitativa porque partir de la realidad de los jóvenes es fundamental en esta investigación. Así como construir conocimiento basado en esa realidad compleja y subjetiva que está en constante cambio.

González Rey (2000), al realizar un análisis exhaustivo de la investigación cualitativa, hace énfasis en el proceso constante de producción de ideas que organiza el investigador o la investigadora en el escenario complejo de su diálogo con el momento empírico. Su aporte consiste en rescatar al sujeto de la investigación en una relación de iguales con el o la investigadora y la importancia de las ideas para la producción de conocimiento.

Esta investigación se presenta como un proceso abierto, no rígido, donde se presentan nuevos problemas de investigación y desafíos que permiten orientar las ideas, intuiciones y opciones, dentro de la compleja trama de la investigación.
Se pretendió captar la vida como cualidad específica y de allí derivar otras que se representen. A partir de la realidad mostrada en los hallazgos brindados por los participantes, se realizaron las interpretaciones, aplicando la teoría pertinente o construyéndola.

Fue interesante conocer, a manera de síntesis, el dato cuantitativo que indicó la frecuencia en que se mencionan los hallazgos. Este dato permitió graficar para visualizar los hallazgos. No determina la presente investigación, de ser así sería un dato muerto. La aproximación cualitativa permite identificar procesos, dinamismos y da paso a la producción del conocimiento.

Por el método empleado, ésta es una investigación etnográfica, porque “es la forma más antropológica para estudiar una representación social. Ya que permite estudiar a fondo un contexto social, las prácticas y las costumbres para entender mejor el sentido de un grupo de personas hacia las realidades a las cuales están confrontadas” (Hartog). La etnografía permite partir de la realidad para construir conocimiento. En este caso intenta aproximarse para entender la subjetividad puesta en práctica por los jóvenes con relación a la violencia en las áreas urbano-marginales.

Por ello se utilizaron varias técnicas con el objetivo de entender mejor el pensar, el imaginario social, el sentir, la significación y actuar, la praxis con relación al tema de la violencia en los jóvenes y las jóvenes de los barrancos de la ciudad de Guatemala.
Por su función es una investigación exploratoria, porque pretende conocer las representaciones sociales del grupo ya descrito para entender y reflexionar constructivamente sobre el problema de la violencia y crear alternativas junto a los sujetos de la investigación.

Se complementa con la investigación acción, iniciada por Kurt Lewin, porque ayuda a conocer e interpretar las representaciones sociales del grupo y analizar constructivamente sobre el problema de la violencia para mejorar la calidad de las acciones dentro de la situación investigada. Con esto se mejora el juicio práctico dentro de situaciones concretas que reconstruyan el tejido social.


Los participantes

Los jóvenes y las jóvenes que participaron de esta investigación han crecido en áreas urbano-marginales, son un grupo de bajos ingresos que muestra factores de exclusión familiar como el hacinamiento, la pobreza y la falta de esperanza en mejorar sus condiciones de vida.

El período de la infancia tiende a acortarse porque deben prepararse desde temprana edad para hacer frente a las responsabilidades y tareas que lleven un ingreso a su familia. La mayoría ha iniciado labores desde los siete u ocho años de edad, esto significa que se encuentran en edad escolar, muchos de ellos adquieren la responsabilidad familiar en vez de los estudios, quedando fuera del sistema escolar. Por ello, al llegar a los 15 años, el P.E.L.P.B. ofrece a 200 jóvenes educación alternativa y empleo. No todos son beneficiados con el empleo porque son muy pocos los empresarios que se han comprometido a apoyar esta iniciativa, principalmente porque trabajarían sólo medio tiempo y el otro medio tiempo es dedicado a sus estudios.

Según Maquieira, aproximadamente el 60% de las jóvenes ha sufrido violación sexual y todo tipo de maltrato. Varias de las jóvenes son madres desde los 14 ó 15 años. Alrededor del 70% viven sólo con la madre, el 30% viven con la madre y el padre o el padrastro. La mayoría de familias están afectadas por el alcoholismo, la drogadicción y la violencia. Las heridas psicológicas son múltiples, por ello se les ofrece atención psicológica personalizada y grupal.

Los jóvenes y las jóvenes participantes de esta investigación están integrados al programa que les ofrece el P.E.L.P.B desde hace 1 ó 2 años; concretamente vienen de los barrancos de la zona 18: el Limón y colonia Paraíso 2; el barranco La Limonada de la zona 5 y el Puente Belice de la zona 6.

Se consultó de manera individual la posibilidad de participar en la presente investigación, por lo que fueron incluidos los que desearon voluntariamente participar. Están entre las edades de 14 y 19 años.

Para la diferenciación de sexo se menciona la joven o las jóvenes para referirse al sexo femenino y el joven o los jóvenes para referirse a los de sexo masculino.

El proceso de investigación fue desarrollado dentro de las instalaciones del P.E.L.P.B., un edificio cedido temporalmente, con el riesgo de perderlo. Está situado en un área aledaña al barranco La Limonada. Es un espacio donde con libertad pudieron expresarse en los grupos de discusión, así como en su cotidianidad: en los pasillos, el patio, la cancha de football, los salones de clase y la sala de psicología.

Para la observación participante se trabajó con toda la población, jóvenes entre 14 y 19 años de edad, de ambos sexos, 70 por la mañana y 130 por la tarde, procedentes de las mismas comunidades mencionadas. De la población anterior fueron seleccionados grupos de 5 a 10 jóvenes del mismo sexo para llevar a cabo la discusión grupal. Tres grupos de hombres y tres de mujeres. Las entrevistas en profundad fueron realizadas a cuatro personas, dos hombres y dos mujeres.


Recolección de información

Las diferentes técnicas utilizadas para la recopilación de los hallazgos fueron la observación participante, la discusión grupal y la entrevista en profundidad.

La observación participante permitió analizar y entender mejor la realidad violenta que viven los jóvenes. Esta técnica fue muy importante para focalizar la problemática de la violencia, observar sus prácticas cotidianas y sus relaciones interpersonales. Así como relacionar lo expresado en la discusión grupal y las entrevistas, con la práctica y la comunicación cotidiana. En cuanto a la discusión grupal se elaboró una guía (ver anexo) que contenía algunas preguntas en torno al tema de la violencia para discutirlas en grupos según las edades y sexo, dando participación activa a cada uno/a. La guía fue generadora del tema en discusión, no pretendió ser un instrumento cerrado. Además la recolección de datos se enriqueció con las aportaciones, que las y los informantes querían agregar a la investigación, a través de conversaciones informales. Se utilizó grabadora y videograbadora para el registro de la información. La entrevista en profundidad permitió el diálogo abierto donde el joven o la joven compartieron sus ideas, sus experiencias, la descripción y su percepción de su entorno social en el barranco y los daños físicos y psicológicos que les ha producido la violencia.

En observación participante se permaneció aproximadamente 4 horas diarias de lunes a viernes durante 8 meses. La discusión grupal tuvo una duración aproximada de una hora, en la que todos y todas expresaron su experiencia con relación al tema. Los diálogos informales se desarrollaron cuando los jóvenes lo solicitaron, por la mañana o por la tarde. Incluso uno de los jóvenes escribió su comentario en un papel que me entregó, porque dijo habérsele olvidado decirlo el día de la discusión grupal. Las entrevistas en profundidad fueron realizadas después de la discusión grupal, cuando el joven o la joven participante lo decidió; fueron entre dos o tres sesiones.


Análisis de los hallazgos

A continuación se presentan los hallazgos, según la información que fue recopilada por medio de la observación participante, los grupos de discusión y la entrevista en profundidad realizada a los jóvenes de áreas urbano-marginales.

Por medio de la observación participante se focalizó que la violencia es un fenómeno que afecta a los jóvenes y las jóvenes. Ésta permitió el uso de otros instrumentos como la discusión grupal y la entrevista en profundidad para ahondar en el tema investigado.

La observación participante permitió identificar algunos aspectos que dan a conocer, en parte, a los jóvenes y las jóvenes sujetos de esta investigación.

  • Violencia – se observó que algunos tienen actitudes violentas hacia sus compañeros/as y en contra de ellos mismos hasta el punto de intentar suicidarse.
  • Juegos – sus juegos son violentos: golpes, peleas, juegos de fútbol “a la prenda”, hasta dejar casi sin ropa al equipo perdedor. Las instalaciones del colegio poseen una sola chancha de básquetbol, con porterías que se adaptan a una de fútbol, es utilizada solamente por los jóvenes. Las jóvenes se limitan a ver o a platicar con sus compañeras. Sólo en una ocasión hicieron una protesta para solicitar parte de la cancha y jugar, sin obtener ningún resultado; la cancha sigue siendo monopolizada por los jóvenes.
  • Chismes – crean constantemente chismes para desencadenar conflictos que regularmente desembocan en graves consecuencias.
  • Insultos – su insulto favorito dirigido a sus compañeros es decirles “basura”; otros insultos expresan homofobia “morros, huecos”.
  • Robos – piden dinero y a veces roban.
  • Vestuario y desnutrición – algunos visten a la moda, aunque otros por dificultad económica no lo logran, otros invierten su salario en su vestuario y tener celular, aunque no tengan para su alimentación. Algunos presentan manchas en la piel y desnutrición. A las jóvenes que “visten bien” les dicen que “son de la vida alegre” o que trabajan vendiendo su cuerpo. El grupo rechaza a los que visten con ropa floja con apariencia de mara, por lo que dispusieron utilizar uniforme. Algunos de estos, al regresar a su casa, vuelven a vestir con su ropa floja. Los jóvenes dicen rechazar la ropa floja o llevar tenis que simbolice la pertenencia a una mara porque pone en riesgo de muerte a su persona y a los demás.
  • Relaciones afectivas – las parejas de novios muchas veces son conflictivas. Constantemente cambian de pareja, esto les lleva a conflictos grupales cuando los amigos toman partido por una de las partes. Se escucharon las expresiones negativas en contra de su familia donde se practica la violencia. Se observa que algunos -no desean regresar a su casa; se escuchó decir: “tener que ir a la casa… mi mamá es el puro diablo”.
  • Amenazados – es frecuente que expresen que están siendo objeto de amenazas por parte de las maras y grupos de narcotráfico y violencia organizada a quienes denominan sicarios. En diversas ocasiones algunos mareros en moto esperan a los alumnos en la salida del colegio para tratar de convencerlos del ingreso a su agrupación, ofreciéndoles favores o ayuda económica.
  • Pertenencia de grupo – con gran facilidad forman grupos afines para ponerse en contra de un compañero que no es de su simpatía o para perseguir un objetivo común de su interés, como preparar una fiesta.
  • Relación con adultos – la relación con sus profesores es distante, aunque ellos traten de darles confianza; cuando existe más proximidad se logra un acercamiento, el diálogo profundo y la amistad, aunque a veces los jóvenes les maltratan verbalmente o los despojan de sus pertenencias sin que se den cuenta. No aceptan órdenes verticales, autoritarias; si se les impone una regla no consensuada algunos responden violentamente, gritando o reaccionando en contra de ella y de quien la represente (la figura de autoridad), principalmente si éste es adulto.
  • Solidaridad – también se observaron gestos de solidaridad, disposición a compartir, lealtad a su grupo de pares, regalos con total desprendimiento, colaboración; consuelan al enfermo o al familiar de un asesinado.
  • Estudio – gusto por estudiar aunque se repiten constantemente “no puedo”, “a mí me cuesta”, “no voy a pasar el grado”. Algunos responden a sus estudios si se les acompaña, logran captar las indicaciones y pueden desarrollar el aprendizaje con creatividad.
  • Emotividad – se les ve con alegría, con energía. Aunque en las clases dicen aburrirse en poco tiempo.
  • Perseverantes e impetuosos – la mayoría de los jóvenes han permanecido en el proyecto desde que se fundó, tuvieron que adaptarse al horario, salen muy de madrugada de su casa para abordar el bus y realizar la doble jornada de estudiar y trabajar.
  • Participación – se involucran en las actividades del proyecto; están integrados en comisiones: colegio, donde se encargan de organizar la limpieza y otros; deportes, están facultados para organizar encuentros deportivos; economía, a quienes se les confía administrar algunos recursos; disciplina, que son responsables de velar por el cumplimiento de las normas de convivencia que ellos se propusieron; y proyección social, encomendados de realizar actividades culturales y deportivas en sus comunidades, así como promover la solidaridad con sus compañeros del colegio que han tenido un accidente, personas de sus comunidades que tienen un enfermo o familias que han sido víctimas por un hijo asesinado.
  • Entusiasmo – se pudo observar que cuando se proponen algo lo logran si se les apoya o, incluso, si están bien convencidos lo pueden hacer solos. Son responsables con las tareas encomendadas, principalmente si son en grupo. A veces también son irresponsables y fácilmente se distraen.
  • Espiritualidad – los jóvenes que participan en los grupos de catequesis y pastoral juvenil en sus comunidades, tienen actitudes más solidarias, manejan discursos más reflexivos y tienden a liderazgos; sin embargo, este espacio les es restringido y condicionado por fuerzas externas de la mara. Algunos buscan en las iglesias evangélicas un refugio cuando las maras o algún grupo de criminalidad organizada los persigue. Algunos dicen vivir su religión de manera sincera.

Para descubrir las representaciones de la violencia, es decir, lo que ellos están experimentando, pensando, imaginando, simbolizando sobre la violencia, así como la valoración o no de sus prácticas violentas o en contra de la violencia, se formaron los grupos de discusión. Se preguntó sobre las palabras asociadas a la violencia y las respuestas se agruparon en las categorías que aparecen a continuación. La entrevista en profundidad permite ilustrar con algunos fragmentos las narraciones de los jóvenes.


Tabla 1
Palabras asociadas con violencia según el género

Varones

Mujeres

Violencia juvenil

- Maras y pandillas
- Golpes e insultos
- Extorsiones y amenazas
- Robos

Violaciones sexuales
Violaciones sexuales

Violencia intrafamiliar

- Maltrato a las mujeres
- Maltrato infantil
- Maltrato psicológico, verbal, sexual y físico

Violencia social y estructural

- Discriminación
- Chismes
- Injusticias
- Venganza
- Falta de oportunidades educativas y laborales
- Corrupción
- Drogadicción
- Narcotráfico

Violencia juvenil

- Muerte
- Golpes
– venganza
- Maras y pandillas
- Asaltos

Violencia en la familia

- Explotación a los niños
- Irresponsabilidad paterna
- Maltrato psicológico

Violencia social y estructural

- Discriminación
- Injusticias
- Venganza
- Falta de oportunidades Educativas y laborales
- Pobreza
- Drogadicción
- Chismes
- Irrespeto a los derechos

Violencia organizada criminal

- Asesinatos asalariados
- Guerras

Violencia organizada criminal

- Narcotráfico
- Desconfianza e inseguridad


Fuente: Elaboración propia con base en la discusión grupal realizada con jóvenes en el Proyecto Educativo Laboral Puente Belice, Ciudad de Guatemala. Octubre, 2006.

En esta tabla se muestran las respuestas de la primera pregunta generadora en los grupos de discusión con relación a palabras asociadas a la violencia.


Los jóvenes

En la tabla de palabras asociadas a la violencia se puede evidenciar que los hombres la relacionaron con la violencia juvenil, en esta categoría los varones hacen referencia al problema de las maras y las pandillas.

La violencia sexual es la segunda más importante en el grupo de los hombres, aquí evidencian las agresiones sexuales que reciben tanto en la calle como en la casa. En la entrevista en profundidad uno de los jóvenes amplía:

A mí me violaron cuando era pequeño, tenía como 7 años. Como a mí me gustaba ir al campo, cuando terminó el partido unos tipos de la mara me violaron, yo no quería, yo gritaba y nadie me quiso ayudar, me lastimaron, me metieron esa cosa en la boca… Como ni papá tengo… Eso me cae mal de la mara, que viola… (P.N. Eh6).

Sobre la violencia social y estructural, los jóvenes manifestaron que les afectan la discriminación, los chismes, las injusticias sociales, la venganza, el alcoholismo, la falta de oportunidades en la educación y el empleo digno, así como la corrupción.

Nombran, en violencia en la familia, las distintas agresiones que reciben por parte de sus familiares: padres, tíos, hermanos. Expresaron que la violencia se da desde niño, al explotarlos y maltratarlos. Mencionan la irresponsabilidad paterna y el maltrato psicológico.

Y, respecto a violencia organizada criminal, en esta categoría son señalados los asesinatos asalariados referidos a los efectuados por integrantes de aparatos represivos o de grupos paralelos, así como las guerras a nivel mundial.


Las jóvenes

Para las mujeres la categorización tuvo un orden distinto. Se menciona primero la violación sexual; luego, la violencia intrafamiliar y en esta categoría se señala el maltrato a la mujer, el maltrato infantil, la explotación doméstica y la irresponsabilidad paterna.

La violencia juvenil está representada por la muerte, los golpes, la venganza, las maras y pandillas, y los asaltos.

Para la violencia social y estructural las jóvenes identificaron la discriminación, el alcoholismo, la pobreza, las injusticias, la venganza, la falta de oportunidades de educación y empleo digno, la drogadicción, los chismes, la explotación laboral, la discriminación educativa y el irrespeto a los derechos.

Y, al igual que los hombres, ellas identificaron la violencia organizada criminal, que también se manifiesta en el narcotráfico y la experimentan en la desconfianza e inseguridad cotidianas.


Significado de la violencia

Los jóvenes y las jóvenes, al discutir sobre el significado de la violencia, mencionan que la violencia significa:

[…] el abuso del derecho de cada persona, ya sea moral, verbal o abusando sexualmente de ella (Gh1).

Puede ser desde un grito hasta matar (Gh2).

Es quitarle sus pertenencias, su dignidad, su amor propio (Gm3).

 

La violencia es:

[…] cuando no se respetan los derechos humanos en un país (Gm3).
Es cualquier acción que sea contra la integridad de uno y de los demás (Gm2).
Significa que unos matan sin saber si son buenos o malos, sin importar la raza, ni el tamaño (Gm4).

 

Causas de la violencia

Los jóvenes y las jóvenes creen (por orden de frecuencias) que las causas de la violencia son primero de índole económica por la falta de dinero, el desempleo, la pobreza, la explotación.

Segundo, creen que las maras son causa de la violencia porque tienen ganas de vengarse violentamente o por la violencia intrafamiliar que los lleva a salir de su casa. Creen, también, que las maras tienen deseo de poder, quieren dominar en las colonias; poder que los obliga a pelear territorio.

Tercero, el narcotráfico, las drogas y las guerras entre narcos.

Cuarto, la violencia organizada criminal, que lo mencionan como personas que quieren implantar el miedo y el terror.

Como quinta causa los jóvenes creen que la violencia intrafamiliar y la irresponsabilidad paterna lleva al descuido de los hijos, al machismo y la cultura violenta.

Sexto, otro grupo considera que la causa de la violencia está en “uno mismo”, por falta de amor, desconfianza y falta de comunicación de los padres con los hijos.


Violencia de género

La tabla siguiente muestra las respuestas de los jóvenes y las jóvenes con relación a la violencia de género.


Tabla 2
¿Quiénes viven más violencia?

Las mujeres
Los hombres
Iguales

67%
28%
5%

 

Según los datos recopilados en la discusión grupal y las entrevistas en profundidad, los jóvenes y las jóvenes mencionan que las mujeres son las más violentadas (67%) en su familia, dentro de su casa y en cualquier otro lugar e institución. Mientras que un 28% dice que son los hombres los más violentados, y un 5% dice que es igual la violencia en contra de los hombres que contra las mujeres.


Etapa de la vida humana más vulnerable a la violencia

Según las jóvenes y los jóvenes la etapa de la vida con mayor vulnerabilidad a la violencia es la niñez: son explotados y se les niegan sus derechos desde temprana edad. Y se prolonga en la adolescencia porque tienen muchos riesgos, tales como: violaciones, drogas y maras. Además, hay quien dice que la persona “recuerda las agresiones que recibió en su infancia y eso repite” (Gh2). Sobre el tema es representativo un fragmento de una entrevista en profundidad:

Cuando uno está chavito abusan de uno, pero cuando uno llega a la adolescencia uno ya no se deja […] Pero como uno ya no se deja, entonces allí se da más violencia. Cuando uno es adolescente también abusa de los más chavitos.

 

Tabla 3
Manifestaciones de la violencia hacia los niños y las niñas

En los niños
%
En las niñas
%
Violación sexual 29% Violación sexual 43%
Maltrato infantil 28% Maltrato infantil 34%
Explotación 25% Falta de educación 11%
Muerte 9% Discriminación 7%
Drogadicción 6% Drogadicción 5%
Falta de educación 3%    
TOTAL
100%
TOTAL
100%

 

Visibilización de la violencia hacia los niños

En la tabla anterior se presentan los hallazgos con relación a las manifestaciones de la violencia en contra de los niños.

Al discutir sobre cómo se manifiesta la violencia en los niños, los jóvenes respondieron que a los niños los violan (29%), hay maltrato infantil, no les dan de comer (28%), los explotan en trabajos, los mandan a mendigar, los mandan a vender dulces (25%), están bajo amenazas y riesgo de muerte (9%), son obligados a transportar droga y a consumirla (6%), se les niega la educación (3%), si les dan estudios se los reprochan después, no les dan hogar, no les dan una vida digna, no los visten bien y muchos niños como no tienen la capacidad de liberarse se meten a las maras y a las drogas, porque no encuentran el cariño de sus padres.

F. H. manifiesta que lo violaron y lo golpearon físicamente porque era niño. Expresa que los agresores lo escogieron por ser niño porque no podía defenderse, además sabían que “como niño no me creerían nada”. Argumenta que “a los niños en su casa no les ponen atención, les dicen que son mentirosos”. Dice sentirse víctima de la discriminación contra los niños en aquella ocasión y actualmente por tener problemas psicológicos: “se burlan de mí, me dicen gay, hueco, morro, homosexual…”.


Visibilización de la violencia hacia las niñas

En la discusión grupal los jóvenes mencionaron las siguientes manifestaciones de violencia que se ejerce en contra de las niñas. Las más frecuentes se presentan con porcentajes en la tabla 3.

Según los jóvenes y las jóvenes “la niña tiene más problema con el abuso sexual” (63%). Mencionan que se les dice “a las niñas no se les valora, se les maltrata” (34%), “ellas nacieron para servir y crecer sirviendo”, “sólo son un objeto y las tratan como sirvientas, las mandan a lavar, ese es el oficio de ellas”. “Las niñas no sirven, para ellas no nació el estudio, son de la cocina” (11%). “A la niña la mandan hacer oficios en la casa y al niño no” (7%). “Las mandan a vender droga y licor, a veces las obligan también a consumir” (5%).


Vulnerables ante la violencia

Los jóvenes y las jóvenes dijeron estar expuestos a la violencia en la casa y en la calle, expresan:

 

Uno se expone a muchas cosas, está el asalto, la muerte. En diferentes lados y lugares, no se puede decir en la calle, también en la casa, porque tal vez un pleito entre los padres genera la violencia y hasta puede haber muertos.

También:

 

[…] en la calle, porque uno cuando sale no sabe si va a regresar o si no, uno sale siempre con miedo, lleva el miedo a lo que pase en las camionetas o en las calles hasta en las escuelas: el año pasado mataron a un compañero de la tarde, él sin saber salió al recreo, pasaron disparando y le dieron a él.

Uno no está protegido en ningún lado.

 

Creencias sobre lo que motiva la actitud violenta


Algunas de las creencias mencionadas fueron:

  • “Lo que le hicieron a él quieren que sientan otras personas”.
  • “Tengo que ser violento para que me respeten”.
  • “Como me agredieron a mí, así debo de maltratar”.
  • “El papá le dijo que él tenía que pelear como hombre porque dice que los hombres aprenden a ser hombres con golpes”.
  • “Pero también si me pegan, tengo que pegar; porque a mí no me gusta que me peguen”.


Alternativas de transformación social

Los jóvenes y las jóvenes participantes de esta investigación mencionaron que algunas de las alternativas de transformación social de la violencia son:

  • “Que el Estado no genere violencia y apoye a los jóvenes de áreas marginales con empleo y estudio, así como a la gente necesitada”.
  • “Mejores empresarios, que den empleo”.
  • “Apoyar a los jóvenes porque estudiando y trabajando ya no generan violencia”.
  • “Defender los derechos de las personas pobres”.
  • “Proteger a la niñez para no formar personas violentas, ayudarles a que le den sentido a la vida, que tengan metas”.


Disminuir la violencia a nivel personal

Mencionaron que podían disminuir la violencia partiendo de ellos mismos y haciendo actividades en sus colonias. Algunas de sus expresiones fueron:

  • “Para principiar creo que en parte la violencia yo la imito, yo voy a dejar de hacer esto o aquello malo que perjudica a la persona” (Gm5). “Estudiando aquí empiezo” (Gh2).
  • “Respetar, ser ejemplo, responsable, fidelidad, que a los hijos no les falte el amor, organización, defender nuestros derechos” (Gm4).
  • “Actividades en la colonia, como por ejemplo campeonatos” (Gh3).
  • “Más justicia, dar más oportunidades a las mujeres” (Gh1).

 

Interpretación de los hallazgos

La violencia es un tema del que los jóvenes y las jóvenes hablan a diario, porque la sociedad hostil a la que pertenecen les amenaza constantemente. Desde muy temprana edad se ven obligados a responsabilizarse en conseguir de cualquier manera los ingresos familiares, son enviados a vender dulces, a pedir dinero, a recolectar basura o a sacar de la basura artículos para venderlos o comérselos.

Para efectos de la interpretación, según lo mencionado por los jóvenes y las jóvenes, se sigue el Modelo Ecológico de Urie Bronfenbrenner quien ubica tres situaciones del entorno: el microsistema, el mesosistema y el macrosistema.

Se puede identificar el microsistema en las expresiones de los jóvenes y las jóvenes al mencionar sus representaciones, primeramente, desde lo que más lastima el cuerpo y la dignidad humana, y sus relaciones más próximas: sus pares y familiares. Como afirma Bronfenbrenner (1992) “es el nivel más cercano al sujeto, es el lugar en el que la persona puede interactuar cara a cara”.

Crecer en un barranco con extrema pobreza no es fácil para los jóvenes y las jóvenes; cuando son frecuentes las amenazas que reciben de su entorno y de sus familiares, como se mencionan en la primera tabla. Sus pares, amigos o compañeros de su misma edad o sus hermanos muchas veces pertenecen a una mara. Por lo que se sitúan muy próximos al fenómeno de las maras y de las persecuciones por parte del Estado y de la criminalidad organizada de la que éstos han sido víctimas. Por otro lado en su familia experimentan violencia por parte de las personas responsables de su cuidado, son golpeados, insultados, violados sexualmente y humillados.


Violación sexual

La representación social de la violencia en los jóvenes y las jóvenes sobre la violencia es, principalmente la violación sexual. En los hallazgos fue el más mencionado. Esto pone en evidencia que, si bien ya Maquieira (2005) había identificado un 60% de violaciones en las chicas, probablemente la población afectada sea más, con la visibilización de que los chicos también han sido víctimas de la violación sexual.


Violación sexual a los varones

En ocasiones, al salir a o al regresar de buscar los ingresos del día o ir a estudiar, en los callejones del barranco son violados sexualmente, pueden gritar y nadie los defiende, los vecinos temen a la mara porque son varios mareros e incluso están armados.

Desde que tenía 5 ó 6 años fui abusado sexualmente por unos tipos que se mantenían cerca de la casa. Cuando salía o cuando regresaba de estudiar me llevaban a otro lugar para violarme sexualmente… en una ocasión me hirieron, al llegar a la casa le dije a mis papás que en la escuela me habían pegado, me tuvieron que llevar al hospital y me suturaron, quise decir la verdad de lo que me sucedía pero sabía que no me escucharían y menos me creerían, porque en los años anteriores nunca me creyeron. Mi papá es alcohólico y me golpea frecuentemente (Ed6).

Se pone de relieve la violación sexual a los varones desde sus primeros años de vida inclusive, esto ocurre tanto en la calle como en la casa. En esta población la realidad violenta en este aspecto se ha convertido en una práctica cotidiana principalmente por parte de la mara. Los varones dicen experimentar soledad, rabia, odio y venganza, deseos de suicidio y miedo. Los hombres frecuentemente no comunican la violación sexual por los prejuicios machistas, creen que al comunicarlo los pone más vulnerables y que nadie les comprenderá. Es por ello que se hace urgente abrir espacios de diálogo donde los hombres se expresen en un clima de comprensión sin prejuicios machistas y homofóbicos.


Violación sexual a mujeres

Las jóvenes y los jóvenes manifestaron que la mujer desde niña sufre abuso sexual. En los hallazgos se evidenció con más frecuencia que las mujeres sufren violación sexual. Siendo ellas las que más permanecen en casa, son más accesibles a ser víctimas de estos abusos. Pareciera que el hogar no es un lugar de protección y que las personas responsables de su cuidado las utilizan como objetos para satisfacer su placer sexual.

Igual a las niñas las violan, les pegan, las mandan a vender, a trabajar, no las visten, les dicen que no sirven, sólo para los hombres, que si les van a dar estudio, a los 15 años ya se van con el marido (Gm5).

Los principales agresores son hombres con o sin vínculo consanguíneo. Este tipo de violencia se sustenta en el poder que la sociedad le ha asignado al varón, con la intención de apropiarse del cuerpo y la sexualidad de las mujeres, se utiliza lo sexual como arma y como objeto de poder.

Es algo que repudian, les da asco, coraje, enojo, ganas de matarse, odio. Algunas se refugian en el alcoholismo, la drogadicción o incorporándose a una mara. Las jóvenes dicen odiar a la madre por lo acontecido, la culpabilizan y muchas veces la madre se culpabiliza. Aquí se evidencia el rol que la sociedad patriarcal le asigna a la mujer, como cuidadora, cuando es el conjunto de la sociedad –hombres, mujeres y diversos sexuales– quienes deberían encargarse del cuidado, principalmente, de los más vulnerables.

La percepción de las jóvenes con relación a su cuerpo y su sexualidad se ve, asimismo, afectada; algunas dicen que la sexualidad significa “dar placer al hombre” (Em6), sin la posibilidad de que ellas lo experimenten. La violencia sexual y lo aprendido en una sociedad violentada deja secuelas profundas que, incluso, en algunas jóvenes reduce su significado de la sexualidad. Esto las deja vulnerables ante otros acontecimientos similares.

Según sus experiencias, las jóvenes mencionan que:

[…] el problema es que los hombres lo agarran a uno como objeto sexual. Y si una mujer se niega a tener sexo con ellos, le dicen a uno que no sirve para nada. Pero, cuando uno los atiende bien allí están contentos… y ni aún así, porque se buscan a otra. No agradecen (Gm5).

El acoso sexual, también identificado por las jóvenes, es una realidad donde la niña, la adolescente o la joven, es violentada con palabras o gestos; lo representan como algo desagradable, deshonesto y sucio. Asimismo, la explotación sexual es un medio de sobrevivencia muy utilizado en estos sectores. En un grupo de discusión, las jóvenes dijeron:

[…] antes así pasaba, o las compraban, que el novio tenía que dar algún terreno o dinero por la novia. En algunos lugares todavía lo hacen, no las casan sino las prestan o las alquilan (Gm5).

Las jóvenes tratan de justificar históricamente esta práctica, la ven como parte de las costumbres de la población, sin tomar en cuenta a la víctima y de los efectos que esta práctica puede ocasionar en ellas. Otras expresaron que:

[…] la mamá la obligaba a que vendiera su cuerpo por 300 quetzales mensuales y de allí fueran comiendo ella y sus demás hijos (Gm4).

Prostituir a las hijas pone en evidencia la desvaloración de la integridad humana y la utilización del sexo como mero objeto comercial. Lo cual indica que, en algunos casos, la violencia sexual que se ejerce en contra de la niña y la joven no es un acontecimiento aislado sino una práctica que esclaviza y oprime a la joven hasta que ella por sus propios medios o con ayuda de alguien pueda salir de esa situación. Para las jóvenes y los jóvenes participantes de esta investigación, la violación sexual, el acoso o la explotación sexual no son una práctica válida, y sus secuelas en la subjetividad e integridad de las personas víctimas son fundamentales y determinantes en varios aspectos de su vida. Por todo lo anterior, se puede concluir que gran parte del saber común asociado a las representaciones sociales de la violencia en los jóvenes y las jóvenes está simbolizado por la violacion sexual. Expresan que “violencia significa abuso sexual, donde se daña lo más profundo de la persona, su dignidad, sus derechos como personas, su amor propio y su moral” (Gh1, Gh2, Gh3, Gm4, Gm5, Emh6).

Este significado de la violencia abarca el microsistema porque lastima su propia persona, es decir, su ambiente hostil les afecta de manera personal. Pero no se desvincula del mesosistema y el macrosistema cuando dicen que la violencia es “desde un grito hasta matar” (Gh2). “Es cualquier acción que sea contra la integridad de uno y de los demás” (Gm2). “Significa que unos matan sin saber si son buenos o malos, sin importar la raza, ni el tamaño” (Gm4). “cuando no se respetan los derechos humanos en un país” (Gm3).


Violencia intrafamiliar

El sistema patriarcal y autoritario influye directamente en la violencia de género que se ejerce contra las mujeres, quienes sufren discriminación, maltrato, explotación, se les niegan los estudios y otros derechos con más frecuencia que a los hombres. En los hallazgos para las jóvenes, la violencia está representada por la violencia intrafamiliar, las jóvenes discuten más la problemática que los varones. A diferencia de los varones para quienes la mara es lo que representa violencia.

Esto pone en evidencia, nuevamente, los roles y estereotipos del sistema patriarcal generador de violencia que asigna socialmente las mujeres a la casa y los hombres a la calle. Tanto los hombres como las mujeres reciben violencia y son vulnerables en estos espacios. Las mujeres por parte de personas próximas –familiares, novios, amigos– en la casa. Mientras que los hombres están expuestos a todo tipo de riesgos en la calle; la violencia juvenil, la violencia del Estado o de los grupos criminales organizados pueden causarle la muerte; según los estereotipos asignados socialmente, a los hombres les es permitido salir a la calle, donde debe sobrevivir a las situaciones violentas con las que se encuentran.

En la tabla 3 se aprecia que el 28% expresa estas ideas, como se ejemplifica en el siguiente argumento:

Pues yo digo que a los varones los maltratan más que a una mujer, porque como dicen que son varones, dicen… que ellos aguantan más que las mujeres. Y a veces de tanto que le pegan y le pegan, se van a la calle a refundirse no sé en dónde o se refunden en las maras, en las drogas o yo que sé… (Gm4).

Las jóvenes y los jóvenes expresan que la falta de responsabilidad paterna es una de las representaciones de la violencia, porque los padres les han fallado, los han abandonado o, si está presente, los ha maltratado y han visto maltratar a su madre. Dicen que esto les hace sentir odio, rabia y ganas de vengarse.


La Mara

Las representaciones sociales de la violencia en los jóvenes y las jóvenes es la mara, esta es una agrupación de jóvenes, en su mayoría, que se unen con la finalidad de tener el poder territorial, para ello se confronta con otras maras con armas de fuego. Algunos se dedican a robar y a pedir impuesto, principalmente a tiendas y negocios.
Las jóvenes mencionan que los hombres en la calle pueden ser víctimas de violencia.

[…] porque a un hombre lo confunden con pandilleros o con cualquier cosa, en cambio a una mujer no tan fácil como marera. A una mujer la confunden por el vestuario, ahorita hay mucho marero que los obligan a entrar a las maras y si no entras te matamos. En cambio las mujeres no se centran tanto porque no las pueden obligar a entrar a las maras. En cambio un hombre porque es hombre se tiene que realizar. A las mujeres las obligan, pero en el aspecto de que sean sus novias o algo así (Gm3).

Sin embargo en este caso las mujeres son víctimas de abuso sexual por parte de la mara.

La mara llega a ser para algunos jóvenes el refugio para desencadenar sus venganzas, sus odios, sus resentimientos por haber sido víctimas de violencia. Ya no les importa morir, su vida pierde sentido, al ingresar a una mara es como un suicidio, saben que van a morir en manos de otra mara, de su misma mara o de aparatos represivos del Estado o de la violencia organizada criminal. Por eso, esta violencia juvenil representa muerte. Sin embargo, desean cumplir con el rol que la sociedad les ha dado por ser hombres y deciden asumir todos los riesgos, competir en ser el mejor, en adquirir destrezas que ponen en peligro su vida.

Mencionan también elementos del mesosistema, que para Bronfrebenner son grupos secundarios fuera del grupo primario con los que la persona tiene contacto frecuente. Los jóvenes se refieren a la calle y la escuela, donde la violencia es expresada en forma de acto: “es quitarle sus pertenencias” (Gh3). En la escuela, sus actitudes agresivas y las de los otros repiten patrones de interacción social que reproducen, asimismo, la violencia ejercida en su contra y la aprendida socialmente por políticas gubernamentales e internacionales que provocan el terror.


La violencia es un acto que se aprende

Los jóvenes mencionan que la violencia es un acto aprendido:

[…] uno no es violento, pero uno de pequeño es agredido o mira a los padres que se pelean y se aprende (Gh2).

Efectivamente, el ser humano está en constante aprendizaje, pero también tiene el potencial de desaprender cuando toma conciencia de lo que ha aprendido y encuentra alternativas para vivir mejor. La violencia no es innata en la persona. Por lo tanto puede ser modificada y por eso se hace posible la transformación personal y social. La reconstrucción del tejido social es posible con voluntad política.

 

Las creencias

Las creencias, cuyas expresiones ya hemos anotado (Cf. supra, página 19) acentúan la representación social, legitiman y perpetúan la violencia porque reproducen o imitan el patrón de interacción social. La creencia en la necesidad de una masculinidad violenta para dar a conocer y reafirmar su poder, tanto como la de tener que ser respetado, legitimando toda agresión, principalmente contra el más vulnerable, fomentan la reproducción del sistema patriarcal, creando más desigualdad y opresión.

 

La violencia social y estructural

El esquema de modelo ecológico de Urie Bronfenbrenner, permite identificar el Macrosistema en el cual se incluyen aspectos como la economía, la sociedad, los valores, la ideología, el sistema político y la cultura. La violencia que actualmente afecta a la juventud está vinculada con este macrosistema que impacta directamente en la población investigada.

El sistema económico neoliberal empobrece cada vez más a las familias guatemaltecas, las zonas marginales y empobrecidas se multiplican aceleradamente; la globalización ha dejado desempleada a miles de personas teniendo que acoplarse a la economía informal, entre muchos otros problemas que este sistema imperialista está produciendo.

La sociedad ha adoptado un sistema consumista incluso en sus relaciones interpersonales, se han transmutado las prioridades. La sociedad genera relaciones de discriminación y desigualdad, principalmente contra los más vulnerables: las niñas, los niños, los jóvenes, las jóvenes, los ancianos, las ancianas, los diversos sexuales, entre otros.

La ideología dominante hace que varios jóvenes prefieran vestir a la moda, o tener un celular que alimentarse. Que se priorice el tener al ser, aunque se tenga que robar o matar porque no hay acceso legítimo para las grandes mayorías, porque el sistema económico neoliberal es sólo para unos cuantos poderosos. La política explotadora, represiva y asesina, en vez de crear alternativas que favorezcan el bien común y crecimiento de todos los guatemaltecos y guatemaltecas. La cultura patriarcal genera violencia de género como lo experimentan las jóvenes y los jóvenes de esta investigación.

En la actualidad las maras y pandillas con estructuras militares nacionales e internacionales y de narcotráfico que se han aprovechado de los jóvenes y las jóvenes para utilizarlos, haciéndolos víctimas de sus estrategias de enriquecimiento. También el tráfico de armas legales o ilegales es parte de la problemática de la violencia que está muy ligada a la fuerza militar y a la red internacional.


Causas

Las causas pueden ser múltiples, no es importante para esta investigación encontrar las causas exactas, quizás nunca se lograría, las situaciones que influyen en el problema de violencia son históricas, políticas, económicas, culturales, sociales e incluso globales, es decir, internacionales.

En tanto que las jóvenes y los jóvenes identificaron como principales causas de violencia las económicas, las maras, el narcotráfico, la existencia de organizaciones criminales, las relaciones intrafamiliares e irresponsabilidad paterna y las debidas a uno mismo, se puede interpretar que han situado las causas en todos los sistemas, desde el microsistema (lo más cercano), el mesosistema (instituciones a las que pertenecen), el exosistema (instituciones que les incluye, pero no pertenecen a ellas), hasta el macrosistema (situaciones generales que les influyen igualmente que todas las anteriores).


Violencia organizada

Los jóvenes y las jóvenes en el tema de la violencia la representan socialmente por la violencia organizada, que comete crímenes sin importar la edad, esto es por el alto índice de muertes que a diario se presentan en la ciudad de Guatemala. Sus amigos o familiares son asesinados, personas que aman y que quizá no pertenecían a ninguna mara ni otro grupo violento. Tal es el caso de los niños del colegio, de los cuales uno murió y otro fue herido cuando salieron a recreo y varios tipos pasaron disparando. Este clima de violencia les hace experimentar inseguridad, miedo, terror y mucha rabia. Sin embargo, ante las muertes de jóvenes inocentes se solidarizan con los familiares, reuniendo dinero para el entierro o lo necesario para la familia.


Alternativas de transformación social

Las alternativas de transformación social mencionadas por los jóvenes y las jóvenes participantes de esta investigación abarcan varios niveles. Como parte de su misma experiencia dicen que una de las alternativas es “proteger a la niñez para no formar personas violentas, ayudarles a que le den sentido a la vida, que tengan metas” (Gh2).


Asimismo, expresan la importancia de generar más alternativas para apoyar a los jóvenes y las jóvenes con la formación académica y el empleo, dos fuerzas que los empujan a salir adelante en su desarrollo personal y comunitario, agregan “eso para no generar violencia”.

Y en el macrosistema se ubican las alternativas dirigidas al Estado que “no genere violencia y apoye a los jóvenes de áreas marginales con empleo y estudio, así como a la gente necesitada” y que defienda los derechos de las personas empobrecidas.


Acciones de los jóvenes para disminuir la violencia

Para disminuir la violencia parten de ellos mismos y realizando actividades en sus colonias. Dicen haber empezado esta tarea al estar estudiando y trabajando en el P.E.L.P.B. Así mismo, se proponen respetar, ser ejemplo, ser responsable, actuar con fidelidad, como padres o madres –algunos ya lo son– expresan “que a los hijos no les falte el amor”. No piensan sólo en su tranquilidad individualista sino en sus comunidades, discutieron de organización y de defender los derechos de los empobrecidos, realizando “actividades en la colonia, como, por ejemplo, campeonatos” (Gh3). Están dispuestos a vivir con más justicia, a darle más oportunidades a las mujeres.


Conclusiones

Se afirma que los jóvenes y las jóvenes no constituyen la causa de la violencia sino que son víctimas, a quienes se les puede y debe ayudar. Se confirma en esta investigación que los jóvenes pueden ser parte de la solución de la problemática. Las representaciones sociales sobre el tema de la violencia para los jóvenes y las jóvenes de áreas urbano-marginales se relacionan en gran parte con la violación sexual como símbolo y experiencia sufrida. Y ésta daña lo más profundo de la persona, su dignidad, sus derechos como personas, su amor propio y su moral. Los jóvenes que deciden entrar a la mara han sufrido violencia y no han encontrado otra alternativa que les ayude a encontrar el sentido de su vida y plantearse un proyecto de vida realizable para su desarrollo personal y el de su comunidad.

Los testimonios de las y los participantes en la investigación evidencian cómo la violencia se aprende y contamina el tejido social. Pero también, muestran que cuando se les ofrece vivir de otra manera, aprovechan las oportunidades de abrir sus horizontes, de cambiar su propio destino y él de su comunidad. Para los jóvenes y las jóvenes de áreas marginales que no cuentan con el apoyo del Estado ni de sus familiares, el Proyecto Educativo Laboral Puente Belice aporta una alternativa de dignificación. El proyecto les brinda educación alternativa, empleo y fortalecimiento humano, con la posibilidad de ser ellos mismos sus principales protagonistas trabajando en sus comunidades para cambiar la realidad violenta.

Sin embargo, como es de imaginarse, este proyecto carece de recursos humanos, económicos y de infraestructura necesaria. Por lo que no cuenta con la capacidad suficiente para atender la creciente demanda de tantos jóvenes que por la exclusión social del sistema neoliberal se ven privados de sus derechos y son amenazados constantemente por la violencia criminal organizada, la violencia de la mara y la de su propia familia.

De allí la importancia de analizar y dar a conocer los resultados de las prácticas emancipadoras como las obtenidas en este proyecto, ya que rompen con el oscurantismo y la desesperación intelectual que condena a la humanidad a hundirse cada vez más en el marasmo de la violencia, sin ninguna posibilidad de salvación. Lo que destaca este trabajo es la importancia de crear otros escenarios, de ofrecer otras opciones a las y los jóvenes en vez de ir repitiendo los mismos esquemas aprendidos. También, por un lado, se evidencia la complejidad del fenómeno de la violencia, sus diversas causas y manifestaciones. Y, por el otro, marca un camino sobre lo que se tiene que hacer para ir abriendo otros senderos, diferentes a la ruta ya conocida. Y constatar la posibilidad de cambio en los seres humanos heridos y excluidos, cuando se les da la posibilidad de nombrar su realidad, de dignificarla, y se les ofrecen oportunidades de contribuir a un futuro mejor por ellos mismos y los miembros de su comunidad.


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Anexos

ANEXO I. Instrumento de discusión grupal

 

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