Hacia una nueva sensibilidad social en el reconocimiento del “otro”: las minorías sexuales

José Miguel Segura Gutiérrez
Email: jmsegura@urosario.edu.co
Facultad de Ciencia Política y Gobierno
Universidad Colegio Mayor de Nuestra Señora del Rosario
Colombia, Suramérica

 

Resumen

El propósito de este ensayo es ofrecer una perspectiva de gestión en cultura democrática que desde el espacio socio-cultural primario (familia, escuela, trabajo, etc); permita el aprovechamiento de valores cívicos tales como el de vivir juntos “entre distintos”, con el ánimo de subsanar los actos de discriminación social, jurídica y económica que han padecido quienes, a causa de su vinculación sexual y afectiva con personas de su mismo sexo, no han podido gozar del pleno uso de sus derechos, y que, como agravante, son objeto de violencia por parte de agentes del Estado, grupos de “limpieza” social y otras sectas que no toleran su diferencia. Para tal fin, este trabajo parte de tres premisas claves en la construcción de sujetos socio–políticos activos e incluyentes en Colombia, y que son: a) la de no represión de la sexualidad, entendida como potencialidad de la persona y como tal esencial para su desarrollo como individuo, b) la de transformación de lo culturalmente aceptado, lo legalmente establecido en aras de crear unidad y c) la que concierne a la corresponsabilidad que entre el Estado y la sociedad civil debe darse para acercar la imagen y la idea de proyectos de vida válidos social y políticamente para estos nuevos sujetos sociales no culpogeos.

Descriptores/palabras claves: Cultura política, democracia, derechos humanos, ética, identidad, justicia, participación política y transformación social.

      No son pocas las ocasiones en donde se escucha hablar de las Minorías Sexuales y en particular de los Gays, sin embargo, no podemos obviar el hecho de que su existencia y desarrollo, al menos para quienes han optado por salir del “closet”, se ha visto encasillada en dos tendencias, a saber: a) la de una “catarsis”, que se debate entre el sufrimiento por su orientación sexual y el sentido segregativo de la sociedad heterosexual que lo excluye; y b) la de su “legítima” presencia en el ámbito social. Sea, entonces, la ocasión para presentarles una relectura que sobre la problemática identidad e integración social pretende develar la riqueza de lo íntimo –la creación de acuerdos, el desarrollo de subjetividades, roles de dominación–, pero sobre todo que busca poner en consideración que para estos sujetos el ejercicio de su sexualidad –la manifestación de su “diferencia”– ha terminado por subordinar y no menos arrebatar sus vidas, a causa de la presencia de un paradigma moral que circunscribe al sujeto y sus acciones a la correspondencia fuerte con un discurso, que para Colombia se halla en contravía de los principios rectores de la Carta Política del 1991: pluralismo y tolerancia.

El Contexto

Las sociedades actuales, plurales y multiculturales, se alejan cada vez más del ideal modélico de un orden culturalmente homogéneo. Ellas presentan, como uno de sus rasgos fundamentales, la existencia de minorías étnicas, raciales y sexuales que demandan a la cultura mayoritaria políticas de reconocimiento orientadas a la protección de sus derechos diferenciados1. Tan es así que el auge de estas formas de vida ha ido develando la instauración de una identidad propia, en donde las subjetividades y grupos ejecutan alianzas parciales en pro del reconocimiento de su identidad y la activación de la vida a través de proyectos colectivos con perspectiva de transformación social.

La evidencia de lo plural, lo heterogéneo y la multinserción son hoy ingredientes fundamentales en los procesos de construcción de la identidad2, además, delinean las características fundamentales de los conflictos sociales modernos3.

      Deleuze nos dice que lo que distingue a una mayoría de una minoría no es el número, una minoría puede ser más numerosa que una mayoría, lo que distingue es el modelo, la mayoría responde y reproduce un modelo, por ejemplo:

Ser macho, blanco, heterosexual, urbano.
Las minorías carecen de modelos, cuando una minoría crea sus modelos es porque quiere convertirse en mayoría, lo que sin duda es necesario para su supervivencia o salvación (tener un Estado, ser reconocido, imponer los derechos), pero su potencia procede de aquello que ha sabido crear y que se integrará en mayor o en menor medida en el modelo, sin depender nunca de él4.

Ámbitos e instituciones

La Constitución de 1991 plasma un nuevo discurso que le apuesta a construir un vínculo más democrático entre sus distintos actores, al redefinir la nación como pluriétnica y multicultural. A pesar de sus buenas intenciones, este discurso al viajar a las regiones produce efectos no intencionados, como expresiones del lenguaje (marica, cacorro) –que en cuanto creación y ordenación de la realidad– afectan la plausible inclusión y posterior aceptación de estos sujetos en la comunidad política concreta y por ende en la posibilidad de construir una ética y civilidad ciudadana que dé respuestas a las nuevas expresiones sociales.

Los conceptos de pluralismo, igualdad y libertad forman parte de la concepción moderna de democracia, fue la consolidación de las libertades ciudadanas lo que permitió la formación de una de las más altas expresiones del espíritu laico, el pensamiento crítico y la libre conciencia individual5.

      Tan es así que la idea de pueblo debe constituirse entonces como una tensión dialéctica permanente entre el individuo y el colectivo. Sin embargo, en nuestro país está tensión se desarrolla con proyección negativa y se traduce en el aumento de violencia por parte de agentes individuales (sujetos homofóbicos) o agentes organizados (instituciones y sectas) que al amparo de ser salvadores de la humanidad satanizan todo tipo de conducta sexual que no tenga por objeto la procreación… al punto de influenciar las decisiones que los parlamentarios ejecutan como representantes de lo que debe ser el sentir y el pensar de la mayoría del pueblo colombiano. De ahí que la forma como se ha ido construyendo el imaginario social gay en Colombia, obedezca a una cierta vinculación que, como prácticas de discriminación, temor, burla y rechazo social, han desarrollado un grupo de personas no “ilustradas” hacia estos sujetos; y que en la actualidad se halla cristalizada en una situación de malestar dentro del espacio social; dada la proximidad del discurso y el cuerpo homoerótico en los procesos de comunicación personal e interpersonal.

La construcción de la subjetividad de los individuos está […] estrechamente relacionada con el contexto social y cultural donde se vive y se actúa; la individualidad, el habitus, es una subjetividad socializada que para ser comprendida es necesario enmarcarla en las coordenadas histórico-sociales donde se constituye6.

Deseo y represión: el punto de partida

El punto de partida para entender la sexualidad homoerótica y las formas de adoctrinamiento del cuerpo que se aplican a sus protagonistas hoy, obedecen a representaciones colectivas que tanto sujetos individuales o sociales despliegan para con este tipo de conducta, y que se caracterizan por un encasillamiento-atentorio de lo social –transgresiones a la moral, contravención a los sistemas de relaciones, preceptos familiares y régimen patriarcal– propios de nuestro medio. Desde este diálogo binario, la perceptibilidad de sus manifestaciones, tanto simbólicas como afectivas, han ido fortaleciendo el argumento de exclusión social histórico y de prejuicio constante, al punto de “obligar” a la elite del país a pronunciarse desde una perspectiva moral, pero no democrática, sobre la conveniencia o no de la liberalización y visibilidad de la sexualidad y del cuerpo mismo.

Un grupo, encabezado por el ex-presidente Turbay Ayala, ha publicado un aviso pagado con el fin de obstaculizar un proyecto de ley que reconoce y protege las uniones de parejas del mismo sexo7.

      Ahora bien, los interrogantes que caben aquí plantearse son entonces: ¿Por qué la homosexualidad provoca tal rechazo en nuestra sociedad? y ¿por qué ha sido tan difícil para nuestra sociedad nombrar las relaciones amorosas entre mujeres y entre hombres como relaciones sociales y políticas?8. Es indudable que la modernidad amplió el ámbito de las conductas denotadas por la privacidad y las dotó de soporte jurídico ante la aptitud agresiva consubstancial a la historia colectiva y a la existencia humana. Sin embargo, y paradójicamente, esta modernidad ha ido desarrollando una idea que en la práctica social la contradice al excluir a “ciertos” colectivos sociales al interior de nación y, posteriormente, no garantizarles los recursos para su organización y consiguiente capacidad de demanda de principios de igualdad, ante la consigna de que lo privado, lo invisible, no coadyuva al desarrollo del país.

      ¿Qué mérito tiene entonces el reconocimiento de las diferencias en lo privado sino existen espacios para la pluralidad en lo público? Las lesbianas y homosexuales son sujetos de derecho en tanto no hagan manifiestas sus preferencias en lo público, una vez que salen del “closet” corren el riesgo de perder la membresía de ciudadan@s: perder el empleo, ser discriminados por la familia, el círculo social cercano, ser blanco de arrestos o violencia sexual9.

      ¿Qué hacer entonces? La única respuesta es el exilio como búsqueda de un nuevo espacio vital, lejos del núcleo hogareño y familiar, donde se persigue un estilo de vida considerado como alevoso. Sin embargo, este desplazamiento no impide que el fantasma de la persecución se detenga, por el contrario se concretiza aún más en la reglamentación urbana y en especial en la que concierne al Código de Policía colombiano que denota, con expresiones como “inmoralidad en la vía pública”, aquellas manifestaciones de afecto que por parte de personas de igual sexo se dan en espacios públicos –así sea la ventana exterior de mi habitación.

El recorrido

A lo largo de la historia de la modernidad se han venido desarrollando ciertos proyectos que son los que definen esa condición moderna, estos proyectos son del orden de la planificación y ordenamiento estatal, que buscan ante todo la defensa de los derechos individuales, así como la instauración de una democracia legítima dentro de ese gran proyecto que es el capitalismo. Un conjunto de proyectos que comienzan a efectuarse ya desde el siglo XVI y que involucran múltiples factores como por ejemplo: la aparición del dinero como equivalente general, la acumulación de riqueza y con esto el surgimiento de la idea del yo moderno. Este fenómeno es visto por Taylor10 como un proceso en que algo ha cambiado de lugar, ha ocurrido un deslizamiento; él le denomina un “deslizamiento hacia el subjetivismo”. Digo que algo ha cambiado de lugar refiriéndome al lugar en el cual se encontraba el mayor valor que rige las vidas de los hombres. Estamos hablando de una ruptura que consiste en la idea de lo que es el bien, en la erradicación de ese “algo” que trasciende al sujeto (Dios), para pasar a algo que depende del sujeto mismo (la autorrealización). Si en este momento histórico el ideal de bien es la autorrealización, que sólo se puede dar a partir del derecho que tiene cada individuo para elegir “su propia vida”, debemos saber que un antiguo o un medieval, por ejemplo, no se cuestionaba acerca de si debería o no tener identidad propia.

      Tenemos, pues, un fenómeno puramente moderno que es la identidad. Una versión del mundo que se da desde el siglo XVII con personajes como Descartes, y que hace que personas como Rousseau puedan hablar de moral desde el presupuesto de que ella misma “surge de nuestro interior”, desde el descubrimiento de la propia forma original.

Los conceptos: constructos sociales en el alcance del reconocimiento genuino del otro y su derecho a ser diferente

      Los países no están constituidos sólo por su territorio y por la sociedad o la gente que los habita, sino también por constantes actividades que conducen a la articulación de sentidos; capaces de generar lealtades y vínculos entre los habitantes.

El mundo de lo social se asume como conjunto de actividades que definen pautas de interacción, como juegos en donde los sujetos se hacen un lugar; de este modo las actividades se estructuran según ciertas reglas de obligatoriedad11.

      Desde esta perspectiva, la problemática identidad e integración social plantea una serie de cuestiones importantes y potencialmente complejas (derechos humanos, reconocimiento y ejercicio de la ciudadanía; etc.) que necesita de respuestas políticamente viables y jurídicamente sustentables en la pretensión de alcanzar para Colombia una socialidad democrática. En este contexto la palabra identidad, más que un proyecto común unificador de voluntades, toma ribetes de un estado de transformación y de mutación permanentes que, como concreción psicológica y relación discursiva de los valores y prácticas individuales, constituirá un acto de irrupción dentro de cierto orden social, de una cierta integración de individuos que comparten memoria y habitus comunes, pero quizás con una connotación particular; y es su visibilidad en todos los ámbitos de la realidad social.

En las sociedades modernas el individuo tiene la posibilidad de escoger su propio plan de vida, con sus propios intereses e ideales. Un elemento central de dichos planes de vida es la necesidad de ser reconocido como persona que no está sujeta a los caprichos y deseos de los demás12.

      De acuerdo con lo anterior, se presenta entonces una resistencia a calificar la identidad como categoría, que impone retos y desafíos al diseño y ejecución de programas de desarrollo social y democrático en Colombia; pero sobre todo a los procesos de unificación, estructuración y determinación de la autoformación individual y colectiva de los sujetos que participan en la organización social nacional y que caracterizan la integración social. En virtud de lo expuesto, vemos, pues, como estos dos aspectos, el de la identidad en primer lugar y el de la integración social en segundo término, juegan un rol importante a la hora de crear soluciones de igualdad para el país. En este orden de ideas, y desde las posiciones de Michael Foucault, puede interpretarse, entonces, que la identidad cuestiona lo perfecto del sistema creado, revela los problemas sociales existentes y, por tanto, enfrenta al orden establecido al contener un fuerte elemento de permanencia e impermeabilidad al cambio.

Nuestra supervivencia en este planeta está amenazada no sólo por las degradaciones ambientales, sino también por la degeneración del tejido de solidaridades sociales y de los modos de vida psíquicos que convienen literalmente reinventar […] No se puede concebir una recomposición colectiva de los socios sin una correlativa resignificación de la subjetividad, sin una nueva manera de concebir la democracia política y económica, en el respeto a las diferencias culturales y sus múltiples revoluciones moleculares13.

Deberes sociales y nueva ciudadanía

En la construcción de la democracia influyen muchos factores. Uno de estos factores es la sociedad civil, y dentro de ella la cooperación, la justicia y la solidaridad como categorías morales de una cultura política favorable al cambio de entorno de cada individuo. Desde esta perspectiva, el ordenamiento jurídico vigente consagra una serie de derechos para con el conjunto de habitantes del territorio nacional, los cuales afianzan su carácter Social y de Derecho. El ordenamiento establece, igualmente, un conjunto de deberes a cumplir por cada individuo, como presupuesto para la convivencia y para el cumplimiento de los fines que el mismo consagra. Son estos deberes los que enriquecen y dan sentido al nuevo tipo de ciudadanía presupuesto por la constitución. Ciudadanía que apenas comienza a identificarse y un tanto más lentamente a constituirse como eje de un nuevo tipo de relaciones en la sociedad- pluralidad.

      Sin embargo, esta noción de protección e inclusividad de colectivos sociales presenta problemas significativos para los gays:

Aún cuando puede ser cierto que hoy día segmentos significativos de la sociedad aceptan la posibilidad del deseo homoerótico y la modificación de arreglos sociales para acomodarlo, proposiciones acerca del desvanecimiento hétero-homo, y del repudio a la obligación por parte de las parejas de permanecer inmutables, continúan siendo vistas como más allá del límite de la legalidad y de la decadencia14.

      No obstante, está ultima acepción cuenta con un mayor respaldo; a saber: primero, por la ausencia de una actitud de tolerancia frente a creencias y expresiones diferentes y hasta contradictorias para muchos, y que no permiten la coexistencia en un mismo espacio político; y en segundo lugar, por el temor que produce la manifestación de su discurso ante la dominación vertical que no considera las dimensiones de coherencia, profundidad y madurez que contempla para estos ciudadanos la manifestación de su diferencia y su posterior idea de igual respeto. Sin embargo, si asumimos que las identidades individuales y colectivas sólo pueden desarrollarse en la frágil, dinámica y confusa forma de una conciencia colectiva […]15 veremos, pues, que la solidaridad y la orientación hacia el bien común aparecerán como una tercera fuerza de integración social; ante la urgente necesidad de una comunión dentro del grupo, en donde cada uno encuentre el mayor desenvolvimiento de su personalidad y muy probablemente el impulso esencial de la vida colectiva.

Así como los conflictos privados pueden ser regulados únicamente por la acción de la sociedad en la que viven los individuos, así los conflictos intersociales sólo pueden ser regulados por una sociedad que comprenda a todos los demás16.

¿Cómo llegar a la unidad/diversidad?

La pluralidad de perspectivas coexistentes en la sociedad contemporánea propician el surgimiento cotidiano de cambios y tomas de decisión como producto de la integración social de intereses, de la negociación razonada y de la argumentación de las grandes estructuras. Tan es así que los ciudadanos asociados y los actores sociales agrupados definen una relación práctica con la legitimidad y sus valores; contrarrestando la acción individual como una relación teleológica hacia el bien común. Sin embargo, esta situación de alteridad nos ofrece la oportunidad para dar a conocer –a quienes no lo saben–, de reforzar –ante el olvido–, las herramientas y mecanismos que para la solución pacífica de conflictos posee la democracia como único procedimiento legal para formar voluntad colectiva. A continuación, me refiero al consenso/disenso entendido como la ampliación del campo de celebración de acuerdos, y en donde se fundamenta la coexistencia cooperativa entre los diversos grupos sociales; a la tolerancia como medio de expresión natural del diálogo en un orden democrático, pero también como precepto de la convivencia civil –de la diversidad en la conformación de las decisiones colectivas–, de la racionalidad del otro, del “diferente”.

La posibilidad de un consenso racional entre iguales no depende ya sólo de un concepto procedimental de racionalidad, sino que también necesita que los otros puedan, como nosotros, determinar sus propias vidas, asumir la responsabilidad de sus propias decisiones y ejercer la libertad de decir “no” y actuar en consecuencia17.

Sociedad abierta, activa y deliberativa

En el tejido social la sociedad civil tiene, y ha adquirido en las sociedades avanzadas, un vigor que no sólo le permite las participaciones del control a las acciones y prospecciones del Estado o el señalamiento de derroteros que presionan la acción política y de gobierno, sino autonomía propia con fuerza soberana para resolver múltiples problemas sociales, que solidifican la convivencia y la solidaridad colectiva. Es pues, esta nueva cultura ciudadana la que definirá en los próximos años la integración de múltiples actores y segmentos a un sistema más abierto e interconectado con el transcurrir individual y público, local y regional; en aras de ir plasmando una visión de conjunto ante la asimetría del mundo actual.

La aceptación de que las posiciones que distintos grupos o distintas tradiciones poseen puedan ser equivalentes y más modernamente aceptadas, de la posibilidad y utilidad de que coexistan en una misma sociedad diversos proyectos de sociedad18.

      ¿Pero como llegar a esto? La respuesta a este interrogante viene dada en términos de una regulación individual como instancia prima a la hora de crear regulaciones sociales con armonía a la ley y respeto a las diferencias. Esta tarea se logrará únicamente a través de una formación crítica-educativa previa en la sensibilidad, la tolerancia y la apertura hacia el otro –en una formación anterior al desbordamiento por los hechos–, que haga necesaria una educación plural y con disposición al diálogo entre aquellos que conviven en la cotidianidad, en la realidad diaria del otro. Sin embargo, el éxito de está empresa supone la idea de una actuación política democrática plural en la que efectivamente se respete la autonomía individual y, por lo tanto, el dominio sobre el otro desaparezca.

La educación y el proceso democrático están unidos porque ambos implican una visión del proceso de modernización, del desarrollo de la acción inteligente; esta acción puede tomar la forma de adaptación inteligente e intervención activa o reconstrucción del medio ambiente social y natural19.

      Otro factor a considerar dentro de está corresponsabilidad, es la relación acceso/agilidad en la justicia para proteger y sancionar las transgresiones a sus derechos que posee todo ser humano en cuanto integrante de una comunidad organizada. Pues si bien la justicia no es sólo el esquema normativo, sino también el esquema mediante el cual se facilita y se promueve el desarrollo de la cultura de resolución de conflictos, es en el caso de las nuevas identidades el instrumento clave para encontrar formas y condiciones de articulación con la institucionalidad. El país debe aspirar a la solución normativa y no policiva de sus conflictos20.

Conclusiones

La formación de individuos-sociales debe considerar la voluntad de encontrar y establecer lo mínimo común entre unos y otros, a la hora de planear programas de desarrollo. Tan es así que la urgencia de una actuación política líder en la presentación de programas con perspectiva de intersociabilidad se hace necesaria ante la carencia de armas de bienestar social (competencia, negociación y colaboración) en nuestro contexto; y que han ido consolidando la formación de un cuerpo social no tolerante e inequitativo para con sus conciudadanos en lo que respecta a participación y libre opinión desde su condición de sujetos sexuales diversos.

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1 López Lopera, Liliana María; “Derechos económicos y sociales, derechos diferenciados y ciudadanía”, p. 116.

2 Laclau, Ernesto; “Los nuevos movimientos sociales y la pluralidad de lo social”, p. 3-11.

3 Dahrendorf, Ralf; El conflicto social moderno, 1990.

4 Giorgio Agambe; Medios sin fin. Notas sobre política. Valencia: Pre-Textos; 2001. Citado por López, Martha; en “Ciudad, tejido social y nomadismo”, Revista Nova & Vetera, Bogotá: ESAP, Núm. 44, julio-septiembre de 2001, p. 14.

5 Baca Olamedi, Laura; Diálogo y democracia, p. 52.

6 Bourdieu, P y Wacquant, L; Por una antropología reflexiva. Ed. Grijallbo. 1995.

7 Ardila, Rubén. “Ignorancia de notables”, p. 2.

8 Plataforma Colombiana de derechos humanos, democracia y desarrollo. “Ponencia presentada al Coloquio sobre Política social y Derechos económicos, sociales y culturales”, Bogotá; 1999.

9 Plataforma Colombiana de derechos humanos, democracia y desarrollo. “Ponencia presentada al Coloquio sobre Política social y Derechos económicos, sociales y culturales”, Bogotá; 1999.

10 Taylor, Charles. Ética de la autenticidad. Barcelona. Paidós Editores, 1995.

11 Pearce, W. Barnett, “Nuevos modelos y metáforas comunicacionales: el pasaje de la teoría a la praxis, del objetivismo al construccionismo social y de la representación a la reflexividad”, en: Schnitman, Dora Fried, Nuevos paradigmas, cultura y subjetividad, Buenos Aires, Paidós, 1998, pp. 265-283

12 Taylor, Charles. Ética de la autenticidad. Barcelona. Paidós Editores, 1995.

13 Félix Guattari, Caosmosis, p. 14.

14 Foster, David; Diáspora homoerótica en América Latina. p. 10.

15 Habermas, Jurgen; “Derechos Humanos y soberanía popular”, p. 270.

16 Durkheim, E. Las reglas del método sociológico. Buenos Aires, Editorial Dédalo, 1964.

17 Wellmer, Albrecht; Finales de partida: La modernidad irreconciliable, p. 22.

18 Mockus, Antanas: Convivencia como armonización de ley, moral y cultura. “Trabajo presentado en el Seminario Internacional: Bogotá, sistema político y cultura democrática”, Bogotá, 2003.

19 Misgeld, D. Hacia un nuevo humanismo. Modernidad, Derechos Humanos y Educación. p. 30.

20  Garay, Luis Jorge; “Talleres del Milenio” p. 5.